martes, 4 de julio de 2017

El pincho

  • Cuando el genio del idioma vence los anglicismos


Álex Grijelmo
El genio del idioma español es lento. Él va acomodando a sus criterios a cuanto le cae cerca, pero nunca tiene prisa por mucho que le apuremos. La historia de la lengua dispone de muchos ejemplos que refuerzan esa idea.

Al árbitro de fútbol se le había llamado en España referee, y al fuera de juego, offside. Pero esos y otros términos ingleses se tradujeron con el tiempo (a veces con mucho tiempo) y se generalizaron. En el tenis ya no decimos out! sino “¡fuera!”, ni smash sino “mate”… Wagons-lit ha ido dejando paso a “coches cama”, link a “enlace” y self-service a “autoservicio”. La persona que cuida un niño por horas se llama ahora “canguro”, pero antes se decía babysitter (literalmente, sentadora de niños); y frente a “tomar el sol en top-less” va progresando la castiza expresión “tomar el sol en tetas”.

Todo esto viene a cuento de que ese mismo genio popular ha dado en la flor de denominar “un pincho” aquello que se había venido llamando pendrive o pen drive, o “memoria USB” (Universal Serial Bus).

Frente a la idea del lápiz (¿?) portátil (eso quiere decir pendrive), frente a la denominación técnica de unas siglas en inglés, alguien imaginó lo más básico; un instrumento ligero que se inserta en el ordenador como la aguja moruna en la carne troceada.

Las metáforas crean palabras desde los orígenes del español (y antes en latín); así, la sierra montañosa nació de la sierra del carpintero, y del riego de los campos salió el riego sanguíneo. Y la memoria mental dio nombre a la memoria electrónica.

He comprado algunas memorias USB estas semanas, para lo que he pedido deliberadamente “un pincho” en las tiendas de productos informáticos. Y me entregaron de inmediato lo que yo solicitaba. Si hubiera entrado en un bar, habría obtenido sin duda algo muy diferente; pero estas ambigüedades se suelen resolver gracias al contexto y al ambiente (como sucede cuando decimos “voy a llamar a un canguro para que venga esta noche” o “me he comprado una sierra para el taller”).


A veces sólo hace falta traducir el término del inglés. Así sucedió por ejemplo con link y su derivado “linkar” (que ya van quedando en desuso ante los evidentes “enlace” y “enlazar”). Pero en otras ocasiones se requiere algo más: ver el objeto desde una nueva perspectiva. Eso sucedió en el fútbol, por ejemplo, con “portero” (el que está en la portería) frente a goalkeeper (literalmente, “el guardadador de la meta”, que dio “guardameta”). Y así parece estar ocurriendo con “pincho”, que poco a poco almacenamos como hablantes en nuestra primitiva memoria.

El texto íntegro en El País

No hay comentarios:

Publicar un comentario