martes, 25 de julio de 2017

Grandes clásicos de la poesía romántica para leer en verano

  • Un aluvión de traducciones da cuenta de la huella que dejó el terremoto del romanticismo en la poesía de los dos últimos siglos
Walt Whitman
La noticia no es nueva pero sigue siendo cierta: venimos del romanticismo. No será una casualidad, pero últimamente han aparecido varios libros que plantean la cuestión central de la poesía y aun el arte contemporáneos: los comienzos románticos, a principios del XIX, y las secuelas a favor o en contra de semejante terremoto en los distintos devenires de las artes durante el siglo XX y aun durante este siglo en curso. Y este dilema no se plantea solo en inglés -el idioma mayoritario de estas traducciones que comento-, sino también en otras lenguas -en este caso, el francés-, como veremos. Relación de títulos traducidos recientemente. Comentarios de Ángel Rupérez. Publicado en Babelia

lunes, 24 de julio de 2017

‘Cocreta’ no está en el ‘Diccionario’


'Cocreta' nunca se incluyó en el Diccionario. Aunque podía haber ocurrido. En esa forma popular y vulgar se aplica el mismo tipo de metátesis (o transposición de una letra) que ya se produjo en cocodrilo (etimológicamente crocodilo). Y eso se parece a lo que sucedió con murciélago (etimológicamente, 'murciégalo': ratón ciego; del latín mus, muris, ratón, y caecŭlus,ciego).

Pero lo de 'cocreta' da mucho juego. Un eminente académico suele pedir 'cocretas' en los restaurantes por pura broma, ante el desconcierto general.

Ahora bien, tanto 'murciégalo' como 'almóndiga' aparecen en el léxico de la Academia con sendas marcas que desaconsejan esos vocablos; se califican ambos términos como “en desuso” y se les añade la tacha de vulgaridad.

Y ahí está la clave del actual criterio académico. Una abogada puede espetarle a su hermano “no tienes ni puta idea de derecho fiscal”, pero en una vista oral preferirá decir al ministerio público: “Creo que la fiscalía no ha considerado en su exposición la última reforma aprobada sobre el IVA”. Las dos frases son lingüística y gramaticalmente correctas, sin embargo “ni puta idea” no se considera elegante. Igual que 'almóndigas'.

El problema de fondo, coinciden algunos lingüistas, se da cuando un hablante sólo puede usar el registro vulgar porque no ha recibido la formación necesaria para expresarse con un español más culto. El artículo completo de Álex Grijelmo en El País

miércoles, 19 de julio de 2017

“Iros” será correcto, pero con matices

  • La decisión de la Academia no ha cumplido aún el trámite de América, y además se prefiere "idos"


Ilustración de Eva Vázquez
El País, 22 de julio de 2017
La Real Academia ha aceptado como bueno el imperativo “iros” (si bien no se ha completado aún el proceso en las Academias de América). Hasta ahora se consideraba correcta solamente la formación creada con el imperativo del verbo ir y el enclítico os: “idos”.

La Real Academia Española suele dar por válido lo que los hablantes expresan con insistencia; y el Diccionario ha dejado de ejercer aquella función normativa que aún se le otorga por el recuerdo de los viejos tiempos. Antes de incorporar una palabra (o una alteración gramatical como sucede en este caso), los académicos examinan sus bancos de datos (compuestos por más de 400 de millones de registros) y deciden si ha adquirido un uso general. Por tanto, todo vale si la gente lo decide con su práctica cotidiana. Y de ahí salen los todovalistas. Pero no todo lo que vale se sitúa en el lado de la tradición, la belleza, el ritmo, la gracia y el donaire. Y desde esos púlpitos hablan los puristas.

Una cosa es que un término sea correcto, y otra que uno elija usarlo. Por ejemplo, un todovalista admitirá como buena la palabra "mierda", por supuesto, pero eso no significa que la vaya a pronunciar en un ambiente de cortesía y cierta formalidad. Y un purista preferiría rechazar la opción "iros", pero será consciente de que el lenguaje coloquial toma a veces decisiones que contradicen la norma culta y la etimología.

La propia Academia difundió un comunicado, en el que viene a situarse precisamente en ese terreno compartible: la norma culta, aclara, sigue prefiriendo "idos", pero puede darse como válida la opción "iros", "extendida incluso entre hablantes cultos".

Y atención: no hay que confundir el imperativo "iros" con el infinitivo "iros" que siempre ha sido correcto y no se puede sustituir por "idos". Por ejemplo en "podéis iros todos a la porra", pongamos por caso.

Ahora bien, el imperativo "iros" funcionaría como excepción, dice el comunicado de la RAE, puesto que "no se debe extender esa fórmula a otros verbos". Por tanto, lo aceptable sigue siendo "marchaos", "callaos", "sentaos"…

Así que no se podrá censurar ni corregir el uso de "iros". Pero siguen teniendo motivos para su purismo quienes crean que "idos" es más elegante. El texto completo de Álex Grijelmo en El País

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lunes, 17 de julio de 2017

¿Una Academia Andaluza de la Lengua?

  • Expertos y defensores del andaluz claman contra «el disparate» de una Academia Andaluza de la Lengua



La propuesta planteada desde círculos próximos al Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) con la intención de crear una Academia Andaluza de la Lengua que estaría impulsada y sostenida por las administraciones públicas ha generado un rechazo generalizado entre filólogos, lingüistas, catedráticos y todo tipo de perfiles de expertos acerca de las hablas andaluzas. Abc ha contactado con algunas de estas voces autorizadas, en algunos casos representantes de Andalucía dentro de la RAE. 

Antonio Rodríguez Almodóvar
El escritor sevillano Antonio Rodríguez Almodóvar es quizá el principal responsable de que términos flamencos tan vinculados a Andalucía como «seguiriya», «granaína», «toná» o «taranto» estén incluidos en el diccionario de la Real Academia Española. Como miembro correspondiente de la RAE considera que «todo impulso para dignificar el habla andaluza es positivo», pero «no considera necesario» el surgimiento de este tipo de herramientas teniendo en cuenta que «la Academia ha creado hace pocos meses la figura de 24 nuevos correspondientes que en diferentes comunidades autónomas estamos trabajando en la defensa de diferentes modalidades del castellano». En estos momentos «no parece haber consenso entre la comunidad de académicos, lingüistas y escritores por apoyar este tipo de iniciativas, aunque habría que ver qué recorrido», comenta el escritor alcalareño. Además, remarca que en estos momentos hay «una gran apertura» por parte de la RAE en incorporar nuevos términos en la próximo edición del diccionario que se publicará en versión digital.


De su lado, el catedrático de sociolingüística andaluza Pedro Carbonero, pese a su histórica reivindicación de un mayor apoyo institucional al estudio y la defensa del andaluz, también discute que «la creación de una Academia sea el procedimiento más adecuado», debido a que «el concepto de Academia está vinculado con la existencia de una lengua y está claro que el andaluz no es una lengua, sino una modalidad lingüística del español». Así, considera que la propuesta nacida desde sectores del separatismo andaluz sería «un tanto absurda» ya que la Real Academia tendría que gestionar instituciones similares en todas las regiones del país, algo inviable. Continúa en Abc

jueves, 6 de julio de 2017

El agua, el águila: la y el ante nombres femeninos

Ante las dudas que surgen a menudo en el uso de artículos y adjetivos con los sustantivos femeninos que empiezan por a tónica, se ofrecen a continuación una serie de claves.

Imagen de Nick Veasey
1. Cuando el artículo determinado va inmediatamente antepuesto a un nombre común, este adopta casi siempre la forma el en lugar de la: el águila, el hacha. Esa regla no se aplica si se intercala otro elemento entre el artículo y el nombre, por lo que es la atroz hambre y no el atroz hambre, la misma arma y no el mismo arma

2. La hache muda, como se comprueba en los ejemplos anteriores, no impide que se adopte la forma el.

3. Eso no convierte la palabra en masculina, por lo que los adjetivos y otros elementos siguen concordando en femenino: el aula magna, el arma blanca, con toda el alma, el agua de la que depende el pueblo está contaminada.

4. Los plurales conservan la forma las: las águilas, las hachas, las anclas, las armas, las aulas.

5. Mantienen el artículo la los nombres de letras (la hache), los de persona (la Ana de la que hablé) y cierto número de voces de reciente incorporación que se refieren a personas (la árbitra, la árabe).

6. En los diminutivos de estas voces la a inicial no es tónica, por lo que van precedidas de la (la agüita, la hachita), al igual que en composiciones como la aguanieve.

Imagen de Nick Veasey
7. Con un, algún y ningún se admiten ambas posibilidades: un acta o una acta, algún acta o alguna acta, ningún hambre o ninguna hambre.

8. No alternan en cambio otro, todo, mucho, poco, demasiado…, ni los demostrativos, por lo que lo adecuado es esta ave, toda área, poca agua, otra habla.

9. En las siglas, es preferible emplear el artículo que corresponde al desarrollo: la APA, pues es la asociación de padres de alumnos, pero el ALCA, ya que es el Área de Libre Comercio de las Américas.

10. Esta regla solo se aplica al artículo que va ante sustantivos, no ante adjetivos, adverbios ni preposiciones: la árida llanura, la agria polémica, la antes ama de casa, la hasta ayer diputada, la misma arma, el alma mater.


11. Si la a inicial no es tónica, se siguen las normas generales: aceite es una voz masculina y será el aceite y los aceites, mientras que harina es una voz femenina y será la harina y las harinas. Las palabras azúcar y arte son casos excepcionales de concordancia que presentan diversas peculiaridades.

Más en Fundéu (Fundación del Español Urgente)

martes, 4 de julio de 2017

¡Salvad el ladino!

  • La RAE promueve la creación de la primera academia del judeoespañol y busca el acuerdo entre diversos estudiosos e instituciones para saldar una deuda histórica con los sefardí


A partir de 1492, no solo salieron por la puerta de España judíos y moriscos. Llevaban también en las entrañas sus lenguas. Entre ellas, el ladino. Como un milagro (y como parte consustancial al destino de un pueblo nómada), dicha lengua se ha mantenido hasta hoy. El último embate aniquilador que sufrió fue la shoa, donde fue agonizando, junto a miles de sus últimos hablantes, en los campos de concentración. Aun así, pervivió. Y décadas después, antes de que muera definitivamente desangrada en la saliva de la Historia, la Real Academia Española (RAE) anda promoviendo la creación de una academia propia correspondiente a la que tiene sede en Madrid y al resto de las que existen en el mundo hispanohablante.

Darío Villanueva, director de la RAE, lo considera fundamental: “Debemos solventar esta deuda histórica”, asegura. Por eso ha puesto en marcha los mecanismos entre expertos e instituciones para su consolidación en los próximos años. “Cuenta con el apoyo de la Autoridad Nacional del ladino, del Centro Sefarad-Israel y del Gobierno de Tel Aviv, donde tendría su sede”, comenta.

Al-Andaluz Project interpreta ´Morena´, canción tradicional sefardi

Shmuel Refael Vivante, miembro del comité ejecutivo de la autoridad nacional y director del Centro Naime y Yehoshua Salti para los estudios del ladino en la Universidad de Bar-Ilán, es uno de los impulsores de la iniciativa. Ha dedicado su vida a recomponer los ecos medio fantasmales que escuchaba en su seno familiar. “Esta lengua juega un papel importante en mi vida. En mi casa se vertían palabras, expresiones, refranes, costumbres y modales sefardíes. Incluso, canciones. Era la lengua de la alegría, llenaba el espacio de mi madre con las vecinas y mi padre con amigos y supervivientes del holocausto”.

Poco a poco, el ladino fue perdiendo en Israel espacio frente al hebreo. “Actualmente existen en torno a 400.000 descendientes y conocedores del ladino en Israel”, añade Refael. Una cifra que se extiende por el mundo en lugares donde recalaron los sefardís. “Ya no en Holanda y Reino Unido, donde se ha perdido, pero sí por el norte de África o los Balcanes y Turquía”, comenta la escritora Esther Bendahan, directora de estudios judíos de Casa Sefarad-Israel.

“Habrá que consensuar su denominación, para empezar”, afirma Bendahan. “Más que ladino seria quizás judeoespañol o sefardí… Debería ser incluyente. En ocasiones se olvida que existen muchas variantes que es importante abrazar. Y entender que estos hablantes son también contemporáneos. Forma parte de la realidad de una lengua que hablaban autores como Elias Canetti. Sería pactar con una realidad que hasta ahora no ha sido tomada en cuenta”, añade la escritora.

Lo principal es salvarlo. La diáspora y el holocausto lo hirieron de muerte. Pero existen peligros contemporáneos que lo pueden rematar. De ahí la urgencia, para Fernando Martínez Vara del Rey, encargado de relaciones institucionales de la Casa Sefarad-Israel. “Frente a las amenazas, existen elementos a favor como las posibilidades de comunicación que garantizan las redes sociales, o el apoyo de los poderes públicos españoles a través de entidades de diplomacia cultural como Instituto Cervantes o el propio Centro Sefarad-Israel. Una academia del ladino que contará con el respaldo de la RAE y de la Autoridad Nacional de dicha lengua, sería un organismo adecuado para velar por su salud y promover la literatura como uno de los cauces habituales de expresión”.    

Más en El País     

El pincho

  • Cuando el genio del idioma vence los anglicismos


Álex Grijelmo
El genio del idioma español es lento. Él va acomodando a sus criterios a cuanto le cae cerca, pero nunca tiene prisa por mucho que le apuremos. La historia de la lengua dispone de muchos ejemplos que refuerzan esa idea.

Al árbitro de fútbol se le había llamado en España referee, y al fuera de juego, offside. Pero esos y otros términos ingleses se tradujeron con el tiempo (a veces con mucho tiempo) y se generalizaron. En el tenis ya no decimos out! sino “¡fuera!”, ni smash sino “mate”… Wagons-lit ha ido dejando paso a “coches cama”, link a “enlace” y self-service a “autoservicio”. La persona que cuida un niño por horas se llama ahora “canguro”, pero antes se decía babysitter (literalmente, sentadora de niños); y frente a “tomar el sol en top-less” va progresando la castiza expresión “tomar el sol en tetas”.

Todo esto viene a cuento de que ese mismo genio popular ha dado en la flor de denominar “un pincho” aquello que se había venido llamando pendrive o pen drive, o “memoria USB” (Universal Serial Bus).

Frente a la idea del lápiz (¿?) portátil (eso quiere decir pendrive), frente a la denominación técnica de unas siglas en inglés, alguien imaginó lo más básico; un instrumento ligero que se inserta en el ordenador como la aguja moruna en la carne troceada.

Las metáforas crean palabras desde los orígenes del español (y antes en latín); así, la sierra montañosa nació de la sierra del carpintero, y del riego de los campos salió el riego sanguíneo. Y la memoria mental dio nombre a la memoria electrónica.

He comprado algunas memorias USB estas semanas, para lo que he pedido deliberadamente “un pincho” en las tiendas de productos informáticos. Y me entregaron de inmediato lo que yo solicitaba. Si hubiera entrado en un bar, habría obtenido sin duda algo muy diferente; pero estas ambigüedades se suelen resolver gracias al contexto y al ambiente (como sucede cuando decimos “voy a llamar a un canguro para que venga esta noche” o “me he comprado una sierra para el taller”).


A veces sólo hace falta traducir el término del inglés. Así sucedió por ejemplo con link y su derivado “linkar” (que ya van quedando en desuso ante los evidentes “enlace” y “enlazar”). Pero en otras ocasiones se requiere algo más: ver el objeto desde una nueva perspectiva. Eso sucedió en el fútbol, por ejemplo, con “portero” (el que está en la portería) frente a goalkeeper (literalmente, “el guardadador de la meta”, que dio “guardameta”). Y así parece estar ocurriendo con “pincho”, que poco a poco almacenamos como hablantes en nuestra primitiva memoria.

El texto íntegro en El País