viernes, 18 de diciembre de 2020

Pie de foto / y 50 Fin

 

Foto de Jesús Alberto Pérez Castaños
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Tierra y agua, confusas y vacías

Día primero de cada día

Bajo una luz sin firmamento

Sombras y destellos en grises

Génesis impreciso

Frontera sin límite

Finibusterre

Divisoria

Orilla

Fin


sábado, 12 de diciembre de 2020

Pie de foto / 49 Van las ramas aéreas

Foto de Jesús Alberto Pérez Castaños
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Van las ramas aéreas y las rastreras

cosiendo hilvanes de hojas

entre el aire y el agua,

entre el agua y el aire.

Quietas o agitadas,

al sol y bajo la lluvia,

nocturnas o mañaneras,

tejen un lugar umbrío

con trama y urdimbre de hojas, aire y agua

sábado, 5 de diciembre de 2020

Pie de foto / 48 Donde brilla el agua y vibra la luz

Foto de Jesús Alberto Pérez Castaños
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Donde brilla el agua y vibra la luz

Traza la sombra su raya y se adorna

Acuarela acuática en blanco y negro

Lienzo verjurado de ondas y sal


sábado, 28 de noviembre de 2020

Pie de foto / 47 Fiel a su condición

 

Foto de Jesús Alberto Pérez Castaños
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Fiel a su condición el ser humano, ese avispero de paradojas, acota el terreno, levanta un tapial, lo culmina con piedras redondas en una espuria alineación de planetas, e intenta reproducir la profundidad del espacio ansiado desde la perspectiva que mejor lo engaña –el ojo ve lo que ve-. Después, el argonauta, el explorador, el caminante, el saltabarrancos que vive en él desde tiempos inmemoriales, movido por un impulso irresistible, se asoma a ver qué hay al otro lado de la tapia.


sábado, 21 de noviembre de 2020

Pie de foto / 46 Organismo pétreo, volumen curvo

 

Fotografía de Jesús Alberto Pérez Castaños
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Organismo pétreo, volumen curvo

Pliegues y contorno suaves y lisos

Pedregosa animalidad, nidal

prehistórico de canto rodado

Escultura de cantería eterna,

vientos terrenales, sol, lluvias y agua.


sábado, 14 de noviembre de 2020

Pie de foto / 45 Enredada escultura vegetal

 

Foto de Jesús Alberto Pérez Castaños
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Enredada escultura vegetal,

leñosa, silvestre,

sin lanzas que amenacen el cielo.

Retorcidos troncos y ramas retorcidas,

ofuscado organismo,

vueltos en intrincada espesura al terreno, a la semilla.


sábado, 7 de noviembre de 2020

Pie de foto / 44 La tabla de mareas

 

Foto de Jesús Alberto Pérez Castaños
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La tabla de mareas anota la bajamar sin más precisiones que horas y coeficientes. No advierte de la desolación de las marismas en las horas crepusculares o durante los días que pasan iluminados con luces blanquecinas y grises, que confunden los límites entre el cielo y las aguas muertas. Tampoco del transcurrir sosegado en las tierras costeñas.

Con la mar baja reaparecen las arenas que no saben de los cuerpos tumbados al sol, ni de los pies que juguetean desnudos. Ofrecen los frutos pobres del mar y con dramática sencillez exponen mensajes que cantaron, tenebrosos, los poetas tierra adentro o que dejaron, entre oscuridades, los pintores en las iglesias católicas. Gloria del mundo, bautizamos al barquichuelo con el que navegamos por la vida y el fondo de la marisma avisa de que así pasa la gloria del mundo. Lo botamos en aguas tranquilas para navegar por mares y océanos, o al abrigo de la bahía cercana, y el piélago muestra los restos del naufragio, memento mori escrito en cuadernas de arte menor.


sábado, 31 de octubre de 2020

Pie de foto / 43 El vallado

 

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El vallado separa una pareja

incompatible, precaución inútil.

El gentil semblante triste del burro

apacigua la marinera herrumbre,

desubicado barquito, fea nave,

arrastrado fuera del mar, la mar,

encallado en tierra, un pedregal,

hueco, desarbolado, sin estelas.


sábado, 24 de octubre de 2020

Pie de foto / 42 El espejo II

 

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El espejo siempre fue una amenaza, una presencia constante en las pesadillas infantiles. Al entrar en casa y al pasar de una habitación a otra, resultaba inevitable cruzar ante él. A los niños les asustaba porque jugaban a esconderse del espejo y nunca lo lograban salvo que se encerraran en un cuarto. A finales de un septiembre perdido llegaron dos mozos con un gran envoltorio. Para recuperarlo del guardamuebles, Alicia había vencido el recelo con la curiosidad.

El último día que fueron a la escuela regresaron con una fiebre muy alta. Primero murió el niño, mientras dormía. La niña, a su lado, temblaba, ardía. Apenas abrió los ojos esa mañana. Los cerró para siempre cuando ya habían amortajado a su hermano.

Sola de nuevo Alicia veía recorrer las horas, lentísimas, por las paredes de su habitación.


sábado, 17 de octubre de 2020

Pie de foto / 41 El espejo I

 

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Un instante más y, quizá, hubiera pasado a través del cristal, pero… “No sabes nada de nada”, se oía a la Duquesa. “¡Que le corten la cabeza!”, la Reina imponía su voz encolerizada. No eran días fáciles para Alicia. Esta vez el Rey la encerró, atónito y justo antes de que a él le diera otro soponcio, en la habitación del espejo con la vieja gata Dina, el gatito blanco y el gatito negro. Nevaba desde muy temprano.

Lo ocurrido aquella tarde ante el espejo, cuando se encontró encaramada sobre la repisa de la chimenea mientras le hablaba al gatito negro, ya lo contó, a su manera, el reverendo Dogson.


sábado, 10 de octubre de 2020

Pie de foto / 40 La ventana

 

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La ventana,

cristal turbio,

desahoga

la pared.

La bombilla,

sol cerrado,

sin planetas,

sin estrellas.

Su luz opaca ilumina el vacío.


sábado, 3 de octubre de 2020

Pie de foto / 39 Las aguas negras ciegan

 

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Las aguas negras ciegan

la crueldad tenebrosa del naufragio.

Maldice su negrura,

la infancia rota avisa,

pues jamás entrará la luz en ellas.


sábado, 26 de septiembre de 2020

Pie de foto / 38 La presencia del tiempo

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La presencia del tiempo

evita el descuidado abandono.

Embelleció la madera

y el minucioso dibujo en espinapez.

Rasgó el papel azul, y azul inunda la mirada,

como una extraña flor blanca.

Fijó las vidas retratadas en un recuadro,

y envejeció la silla, altar profano con vela,

que las sostiene sin destacarlas,

ausencias que deshabitaron suelos, paredes y asientos.

Naturaleza muerta de tiempo presente, perdido.


sábado, 19 de septiembre de 2020

Pie de foto / 37 Amarres invisibles

 

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Amarres invisibles de las islas flotantes.

Hilos para no perderse en el laberinto del mar.

Artes de tejer las tierras y las aguas.

Caminos del destino, cuerda y arena.


sábado, 12 de septiembre de 2020

Pie de foto / 36 Reposan las cuerdas del trabajo

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Reposan las cuerdas del trabajo,

los afanes esforzados, la vida,

sombras, todo ello, de maromas en la arena,

cáñamo y sílice.


sábado, 5 de septiembre de 2020

Pie de foto / 35 Soberbia en su plenitud

 

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Soberbia en su plenitud

Enseñaba la mar llena

Bellas formas de las olas

Reflejos rielados del sol

En su retirada lenta

Emerge cruel la tristeza

De los pequeños naufragios


sábado, 29 de agosto de 2020

Pie de foto / 34 Esta desnudez violenta

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Esta desnudez violenta

de la bajamar perturba

la mirada, insolente,

en las horas lentas, cósmicas,

que la Luna necesita

para recubrir el ancla,

sucia de tiempo y rémoras.

Hierro desencadenado.

Extraña liberación.

 


sábado, 22 de agosto de 2020

Pie de foto / 33 Los amantes clandestinos

 

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Los amantes clandestinos dejaban cartas manuscritas en buzones como este. Las figurillas pajareras y cursis inspiraron a los primeros mensajeros al iniciarse la reclusión obligada –explicaron, donosos, cuando se descubrió la trama- y en los contadores se han registrado los besos perdidos –revelaron, burlones-. La red se extendió durante la pandemia que aisló la ciudad y encerró a la gente en sus casas. Los primeros días hubo algún desconcierto entre quienes, conociendo cada rincón del cuerpo de su amante, no identificaban su caligrafía. Cuando se difundió este suceso, a nadie le extrañaron las salidas temerarias   –la policía vigilaba las calles y la enfermedad invisible envenenaba el aire-, pues la clandestinidad y la pasión cubren de osadía el corazón más cobarde.

El roce de aquellos billetes aliviaba la ausencia de la piel amada, reconocían el anhelo de las miradas en la escritura irrepetible y en el trazo de cada letra sentían el dibujo de las caricias deseadas.

sábado, 15 de agosto de 2020

Pie de foto / 32 Poesía visual 2

 

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I

I                                                                                                        

Apuntes para un cuadro de Snachbel, que es una escultura que es un cuadro


II

                                                                  

Bastidor para un cuadro (in)(e)(xi)(s)(t)(encial)


III

                                                                                                                  

Obra sin título


IV

                                                                                                                     

Obra sin lienzo


V

                                                                                                                      

Obra inacabada


VI

                                                                                                                 

Obras

(Atención)


VII

                                                                                                                 

Arte povera


sábado, 8 de agosto de 2020

Pie de foto / 31 En un límite líquido e inestable

 

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En un límite líquido e inestable, el suelo desaparece y reaparece, húmedo y oscuro, con la lentitud del tiempo lunar.

La rampa que se adentra en el mar inicia, en la pesadilla infantil, un camino sin horizonte, un viaje del oxígeno a la asfixia... Sonámbulo confín, donde ese hombre agachado mira su mano hundida…


sábado, 1 de agosto de 2020

Pie de foto / 30 Un tachón minucioso

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Un tachón minucioso, intenso, rotundo.
La firme voluntad de borrar un mensaje
con otro sin letras, todo negrura, enfurecido,
ahuyenta colores y alfabetos.
Gotean los brochazos como lágrimas
negras estrelladas contra la pared.

sábado, 25 de julio de 2020

Pie de foto / 29 A ese noray ataron mil cabos

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A ese noray ataron mil cabos de otros tantos barcos que arrimaron al muelle el costado de estribor. Ahí sujetaban su vida por unos días marineros de aquí y allí a la orden de capitanes solitarios.

Muchos años después del último amarre, junto al viejo y firme noray, detuvo sus pasos el más desamparado de los seres, un hombre cualquiera, un hombre invisible.

sábado, 18 de julio de 2020

Pie de foto / 28 Poesía visual 1



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Poesía visual 1


                                                                                                                          I.         
Derrumbe de ideas cruzadas


                                                                                                                        II.         
Los pensamientos arruinados


                                                                                                                      III.         
Un estado mental intransitable


                                                                                                                     IV.         
Lo que fue una cabeza bien amueblada


sábado, 11 de julio de 2020

Pie de foto / 27 Un grito vegetal


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-Un grito vegetal

-Seco, grito seco, y muñones escasos como dedos sarmentosos

-El quejido de un árbol lisiado

-Aún en pie, ocupando el espacio que queda para tan poca sombra

-Clamando a las nubes que van de paso y al cielo hermoso e infinito

-Silencio y cielo... Soledad de nubes que ven pasar su destino

-La tierra solo dejó heridas y costurones a lo que fue semilla

-Nadie conoce mudanza que lleve quiebro ni pregunta del suelo al cielo

sábado, 4 de julio de 2020

Pie de foto / 26 En la arena sin sombras

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En la arena sin sombras,
la barca varó en su imagen oscura.
Atrapada, ajena de sí misma,
atormentada por el sol
-enemigo inesperado, luz de su parálisis-,
imponente en la bajamar,
escorada, sin derrota,
detiene ante ella el ojo que mira.
Lejos, muy lejos,
el mar, la mar.

viernes, 26 de junio de 2020

Los lugares invisibles


La España alejada de los grandes centros urbanos ha conseguido una atención inusual gracias a algunos libros que se han ganado el favor del público lector y de la crítica. Sergio del Molino puso un feliz título a su ensayo La España vacía (Turner), que “está formada por las dos Castillas, Extremadura, Aragón y La Rioja”. El libro ha logrado un éxito triple: el título se ha popularizado y se ha integrado en el vocabulario político, y se han vendido muchos ejemplares. Había llegado a la decimocuarta reimpresión en marzo de 2019 tras su primera edición en abril de 2016.

En 2019 María Sánchez publicó Tierra de mujeres. Una mirada íntima y familiar al mundo rural (Seix Barral). Las páginas de este ensayo no son postales bucólicas sino que reivindican un mundo abandonado y olvidado y, en particular, a las mujeres rurales, abandonadas y olvidadas por ser mujeres y por ser mujeres rurales. Sánchez demuestra que la reivindicación no está enemistada con el lirismo y que el feminismo llega más lejos que las últimas luces de la ciudad y no está reñido con el respeto de la tradición, de la herencia de nuestras mujeres mayores. Veterinaria de profesión escribe desde esa España que ella prefiere llamar vaciada y desde ese mundo para el que vindica siempre el nombre de rural.

La literatura se ha acercado al mundo rural, a la aldea, a la España vacía, desde hace siglos y desde diversos puntos de vista. Sergio del Molino repasa críticamente cómo los escritores en castellano han tratado esos lugares alejados de la ciudad. Entre la alabanza y la burla, entre lo grotesco y la representación de las auténticas esencias castellanas y, por extensión, españolas, entre la sencillez y la brutalidad, entre el realismo y el idealismo, los escritores castellanos se han movido en los extremos y no han perdido nunca el punto de vista de superioridad de la ciudad con respecto a la aldea. Un caso aparte es Luis Mateo Díez y su mundo literario de Celama (toda su obra es un caso aparte). En la literatura en gallego o en euskera encontramos otras perspectivas narrativas; por ejemplo, Álvaro Cunqueiro y Bernardo Atxaga.

Estos dos autores mezclan con armonía ruralidad, erudición, fantasía y realismo en un paisaje propio, con personajes que ni son caricaturas  -por hiperrealistas o, peor aún, por costumbristas-, ni canónicos seres telúricos. Tampoco atraviesa sus obras el hipócrita menosprecio de la corte y alabanza de la aldea.

Voces de Perniculás

Joaquín Mayordomo (Villares de Yeltes, Salamanca, 1954), elude esa pesada tradición castellana y sigue la estela de Cunqueiro y Atxaga. Hijos del uranio (Punto Rojo Libros, 2019) lo componen veinticinco relatos que se desarrollan en una geografía salmantina reconocible, renombrada como Perniculás por la literatura. El nombre literario no sirve para encubrir o disimular los lugares reales sino que marca la frontera entre la realidad y la ficción, entre la literatura y todo lo demás.

La comarca salmantina en la que situamos Perniculás vive hoy amenazada por el proyecto de una mina de uranio a cielo abierto, que sería la única en Europa y que ya se ha llevado por delante 2.000 encinas, con los destrozos paisajísticos y medioambientales que una acción de este tipo acarrea. Mayordomo transforma esta amenaza de la mina en dos relatos, que se acercan a lo fantástico sin abandonar el camino del realismo literario por el que transcurre el libro. Conoceremos las consecuencias de la apertura de la mina y del cierre; cómo transforma a las personas del pueblo, las discusiones y la división entre ellas, los beneficios inmediatos y las ambiciones frustradas.

El primer relato, que da título al libro, y el último (´Los herederos radioactivos´), continuación y conclusión del primero, nos envuelven en Perniculás. Las tramas y los personajes de los demás relatos se leerán empapados por la nube radioactiva literaria en la que Mayordomo nos ha metido desde el inicio, aunque se podrían leer independientemente sin que perdieran una pizca de su fuerza literaria. No se esperen escenas apocalípticas, ni historias tenebrosas, al gusto contemporáneo. La vida sigue entre el ajetreo de máquinas que lo destrozan todo y la llegada de forasteros que lo trastornan todo. A ese río de la vida le presta toda la atención el autor. Leeremos hermosas y turbias historias de amor (´El primer amor´, ´El afilador de cuchillos´), en las que no falta el ingrediente imprescindible del erotismo, emotivas y divertidas aventuras de niños  (´Una bomba de colores´) y adolescentes (´La cabina erótica´), o viviremos con angustia la matanza desde el singular punto de vista del cerdo (´Poncio´).

Hijos del uranio recrea historias que podrían proceder de leyendas, de anécdotas familiares contadas una y mil veces o de cuentos trasmitidos oralmente.  Maneja elementos y fuentes tradicionales de la narración, mezclados con la crónica, pero Mayordomo ni es un folklorista ni un cronista oficial –nada más lejos-, ni pretende fijar un mundo ya pasado, ni acercarnos a él con escenas costumbristas, ni recrear con nostalgia un paraíso perdido. 

Perniculás es uno de esos lugares invisibles a los que se llega por la literatura, que se construye con esa geografía rural que calificamos hoy de vacía. Mayordomo no nos traslada a un Perniculás obligado a permanecer inmóvil e igual a sí mismo para ser recordado mejor, como escribió Italo Calvino de la ciudad invisible de Zora. El conflicto actual con la mina de uranio demuestra que Perniculás sigue vivo, porque en Perniculás ya hubo una mina así y saben lo que ocurrió. La historia va y viene. Advertida queda la comarca del río Yeltes.

Voces de La Vera

Del espacio geográfico al que nos lleva Juan Villa (Almonte, Huelva, 1954) tenemos cartografía y bibliografía a nuestro alcance. El ojo de Google que todo lo ve nos llevará al lugar y además nos mostrará miles de imágenes. Por lo tanto, no cabría bajo el título de estas líneas, porque Doñana no es, precisamente, un lugar invisible. Pero para poder ver la geografía física y humana que nos ofrece Juan Villa de un lugar tan expuesto como Doñana, tendremos que pasar nuestros ojos por las páginas de su última novela, Voces de La Vera (Editorial Comba, 2018). Entre los muchos méritos de la obra, destaca la revelación de un espacio muy conocido y de cuanto lo habita como si fuera todo desconocido, como si nunca hubiéramos tenido noticias de ese lugar, ni hubiéramos visto jamás una sola imagen del mismo.

Si Mayordomo da nombre literario a una geografía real, Villa mantiene el nombre real para convertirlo en literario. En ambos casos, sus personajes no son lugareños retratados para fijarlos con fines documentalistas, ni, lo que suele ser peor, para fijarlos como tipos típicos. Son riquísimos personajes literarios de principio a fin.

Tanto los personajes esporádicos que protagonizan alguna historia (furtivos de la vida) como los que permanecen a lo largo de toda la obra tienen un atractivo extraordinario. Ninguno pasa desapercibido, tal es la personalidad que les da el autor. A veces se pretende construir un personaje a base de extravagancias de cualquier tipo para justificar acciones narrativas no menos extravagantes creyendo que con eso basta para atraer al lector. Una mala lectura de García Márquez tiene gran parte de culpa y, por supuesto, una incomprensión total de esa corriente de la literatura castellana mal llamada realista que va de la picaresca a Cela (ya distorsionada), pasando por Cervantes.

Las voces a las que alude el título conforman un magnífico coro entonado, con timbres diversos, único cada uno de ellos, que llegan desde muy lejos y muy hondo, surgidas de las arenas, los carriles, los caños, las dunas, el mar y con todos los vientos en sus gargantas. Suenan así de bien porque Villa les da autenticidad. El autor sortea con éxito el riesgo de caer en una falsa transcripción de un habla andaluza local y el riesgo de falsear unas voces que sonarían a ese español neutro propio de un doblaje. Esto es un mérito más de Juan Villa porque ninguna de las voces suena artificial. Lo mismo ocurre con el vocabulario. Encontramos localismos imprescindibles y una riqueza sobresaliente para abordar con éxito descripciones y retratos espléndidos.

Esas voces de un lugar perdido llegan con toda la fuerza de la literatura oral, historias que no conocemos pero que reconocemos como mil veces contadas, que pertenecen ya a una  tradición, que proceden de muy lejos en el tiempo, aunque hayan salido de la computadora de un autor contemporáneo y acaben de ser impresas. Villa aprovecha los recursos tradicionales, maneja la tradición oral y la complejidad de las voces múltiples. Una mezcla soberbia que no nos deja levantar los ojos de esas páginas como quien no quita los ojos del narrador oral que nos ha reunido al final de la jornada.

La novela se construye con fragmentos vitales, como la vida misma. Al autor no le interesa el desarrollo completo de las vidas de sus personajes y el lector no lo echa en falta. Al narrador que hilvana esos fragmentos lo conoceremos en las últimas páginas. Comprenderemos que su paso al otro lado, a la civilización, supone su salvación, su supervivencia. Porque asistimos al tramo final de una geografía y de los seres que la habitaron. Presenciamos la muerte de un espacio vital, que se transforma en lo que hoy podemos visitar guiados por los caminos establecidos para tal fin. Miramos, contemplamos, previa compra de una entrada. El lugar invisible de Doñana lo veremos en las páginas escritas por Juan Villa.

sábado, 20 de junio de 2020

Pie de foto / Extra 2 Rompiente figura

Foto de Adela Pla
Figura: Julia Horrillo Pla




Rompiente figura
Embate el mar dócil
Corta el cielo calmo
Alborota la luz quieta
Todo lo vuelve vida
El mar, el cielo y la luz,
sin ella, no serían
sino inerte postal.


viernes, 8 de mayo de 2020

A un prócer quincalla



La más reciente medalla
con distintivo negruzco
no ha pensionado al canalla.
De virus, dolor y muerte,
como su alma desalmada,
va lleno el ataúd oscuro
carretera de la nada.
En el pudridero hediondo,
gloria del prócer quincalla,
todos sus honores apestan.
Chatarra,
baratija,
vana
sombra,
nadilla.



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miércoles, 18 de marzo de 2020

Voces de rompe y rasga


Cristina Morales  (Lectura fácil, Anagrama) y Elisa Victoria (Vozdevieja, Blackie Books) rompen convencionalismos sociales y literarios. Para ello rasgan las páginas de sus novelas con voces narrativas singulares (cuatro mujeres discapacitadas, Morales, y una niña, Victoria), muy difíciles de manejar pues corren el riesgo de la inverosimilitud o de la caricatura involuntaria, o incluso del rechazo del lector. Mantienen la tensión del riesgo a lo largo de sus novelas entre las voces elegidas para narrarlas y la escritura, que Morales, en particular, maneja en registros muy diversos, muy ricos y con muchísimo sentido del humor. El humor es común en ambas. Lo manejan con una naturalidad y habilidad asombrosas.

Voces de mujeres

Cristina Morales da voz a cuatro mujeres en Lectura fácil. Morales asume una propuesta arriesgadísima en el fondo y en la forma. Como narradoras consigue que las cuatro voces suenen diferentes, que distingamos a cada una de ellas cuando habla, y, como personajes, que mantengan una evolución coherente con cada una de sus personalidades. Se llaman Nati, Patri, Marga y Àngels. Comparten un piso tutelado. Con mayor o menor grado han sido diagnosticadas como discapacitadas intelectuales.

Cristina Morales arriesga mucho al elegir el punto de vista desde el que nos va a contar la historia de estas cuatro mujeres. Elisa Victoria también arriesga al elegir el punto de vista de una niña de nueve años. Ninguna cae en los tópicos que falsean la vida infantil o la de cuatro adultas discapacitadas. Ninguna de las dos novelas nos cuenta vidas ejemplares. Morales respeta el punto de vista de los personajes narradores. Deja hablar a esas cuatro mujeres y las deja hacer sin idealismo ni condescendencia. Por eso, traslada verosimilitud, credibilidad; por eso, no acabamos la novela satisfechos con la atención institucional a las discapacitadas, o con la tranquilidad de que se han resuelto los conflictos planteados, o contentos por la integración, o recompensados por una buena labor social. Morales no pretende que el lector o la lectora acaben la novela en paz sino en una revuelta emocional, individual y colectiva, y política. Todo ello después de una lectura apasionante.

Desarraigadas física y socialmente, pues comparten un piso tutelado por los servicios sociales (un no lugar), las protagonistas y narradoras participan en los programas de integración oficiales. Morales lo cuestiona todo, va a la raíz de los conflictos o de las situaciones –por eso es radical-, bien a través del discurso de las narradoras (Nati teoriza, verbaliza) o de sus actuaciones (Marga trasgrede, lo hace), o bien a través del lenguaje, como veremos, o del metalenguaje y la metaliteratura (la novela que escribe Àngels).

De la crítica radical no se salvan ni las políticas de izquierda institucionalizadas que pueda representar Ada Colau, un personaje real en la ficción, ni un modelo de integración como Pablo Pineda, otro personaje real en la ficción, síndrome de Down cuyo mensaje se disecciona como si presenciáramos una autopsia y también el de la película que protagonizó con éxito, Yo también (2009). Para esta disección, en otra muestra de recursos narrativos y de dominio de los registros lingüísticos, Morales introduce la forma y el lenguaje de los fanzines de grupos sociales alternativos, más o menos anarquistas. La actualidad y la sociedad están presentes en la novela sin que la condenen a un presente efímero, lo cual es mérito de la autora.

Morales demuestra un dominio extraordinario de los registros de la lengua. Da voz propia a cada una de las narradoras, por eso sabemos sin dudarlo quién de ellas tiene la palabra. Utiliza el lenguaje de los boletines oficiales para mostrar las contradicciones y falsedades de las políticas sociales; o el lenguaje burocrático  –siempre políticamente correcto- para resaltar su artificialidad; o la insustancialidad del lenguaje de quienes ejercen el poder, aunque presuman de no ejercerlo, que utilizan el lenguaje del poder, aunque lo disimulen, que son peones  –monitores- de un poder superior que pretende integrar, nunca liberar. No falta el humor, pues Morales maneja la ironía y tiene una gran habilidad en burlarse de esos lenguajes utilizando su estilo, su jerga, sus eufemismos.  Hace lo mismo con el lenguaje del contrapoder. Aunque parezca increíble, consigue momentos hilarantes con la transcripción de las actas de asambleas okupas, por ejemplo.

Lectura fácil es una novela de hoy –pero, ojo, no solo para hoy-, pues no hubiera sido posible que esas cuatro mujeres fueran las protagonistas en otro momento. Paradójicamente, el sistema, tan cuestionado en la obra, ha hecho posible que ellas tengan voz en estos momentos. Y, paradoja sobre paradoja, la autora, que participa en lo que se llaman grupos antisistema, ha sido reconocida por el sistema con el premio Herralde (2018) y con el Nacional de Narrativa (2019). Lectura fácil es un premio para la literatura española.

    Voz de niña

La voz de una niña de nueve años convertida en la voz narradora levanta sospechas y temores provocados por el rechazo previo de esa literatura infantil dominante: convencional, correcta, apta para los parámetros de un público adulto que evita cualquier conflicto vinculado con la infancia, que idealiza esta etapa de la vida, que extiende “lo educativo” al ocio infantil con toda la carga pedagógica, didáctica y moralizante.

En abril de 2019 Abc publicó el siguiente titular: Una escuela pública de Barcelona retira 200 cuentos infantiles por «sexistas» y «tóxicos». La noticia la dieron diversos medios. Todos destacaban que entre los títulos retirados estaban Caperucita Roja y La bella durmiente. El País ampliaba esa noticia con información sobre otras escuelas en las que se estaba revisando el catálogo de sus bibliotecas: “Es muy importante el tipo de libros que leen los niños porque los libros tradicionales replican los estereotipos de género y está bien tener a disposición libros que rompan con ellos”.

Viene a la cabeza de inmediato el expurgo de la biblioteca de don Quijote. Los argumentos que el cura y compañía dan para arrojar a la hoguera los libros “dañadores” no difieren mucho de los que siempre se han dado, mutatis mutandis, para censurar, quemar o retirar libros a lo largo de los siglos. El camino de las buenas intenciones puede estar empedrado al mismo tiempo de mojigatería y de totalitarismo sin que sepamos distinguir entre unos adoquines y otros. Antes de expurgar bibliotecas, quizá se podrían reinterpretar algunos cuentos tradicionales que tuvieron inicialmente un fin de aviso a niños y niñas de los peligros que les rodeaban en unas sociedades que les trataban muy mal. Recordemos que no hubo un texto universal vinculante que les protegiera hasta que la ONU aprobó la Declaración de los Derechos del Niño en 1959. Por otro lado, ¿dónde mejor que en la escuela para aprender a leer críticamente?

Si la narradora infantil provocaba, antes de la lectura, los prejuicios apuntados, otras tantas dudas ofrecía la verosimilitud de que lo contara en primera persona. Elisa Victoria supera también este obstáculo porque, por un lado, construye un personaje narrador (Marina) de carne y hueso, como los demás personajes de la novela, su abuela y su madre sobre todos por el papel principal que tienen en la vida de esa niña, y, por otro lado, porque no nos encontramos ante una vida ejemplar, y, por lo tanto, no nos tropezaremos ni con moralinas ni con moralejas. A Marina le gusta leer cómics como El víbora. Las patrullas que expurgan caperucitas y bellas durmientes censurarían semejante desviación lectora. La madre pertenecería con todo el derecho al club de las Malasmadres y la abuela al de las Malasabuelas, si lo hubiera.

La autora trata al personaje narrador como a una igual, como a una persona. Así la tratan también los personajes de la madre y la abuela. Marina es una niña de nueve años, sí, y sus alegrías y preocupaciones, miedos e incertidumbres son las propias de esa edad (incluido el sexo). Elisa Victoria consigue crear un personaje por el que circula la sangre. No es una muñeca que cumple con la normativa de la Unión Europea sobre muñecas, ni la moldea algún idealismo pedagógico, ni traslada un mensaje del Buen Fin.

En la idealización de la infancia por parte de los adultos y en la superprotección de esos seres a quienes siempre se les ve indefensos e incapaces de casi todo, subyace una falta de respeto: no se respetan sus opiniones ni se tienen en cuenta -escuchar, atender y respetar no tienen nada que ver con la satisfacción de todas sus exigencias y caprichos-, se desprecian sus conocimientos y experiencias o se minusvaloran sus capacidades, y se les aísla tendiendo una manta de silencio sobre ellos para que el mundanal ruido no hiera sus tiernos oídos. Afirma la narradora protagonista: “Los niños no somos mejores que los adultos, pero a ellos les gusta pensar que sí, que estamos llenos de pureza y de magia”. Por el timbre de su voz, a Marina le pusieron en el colegio el mote que da título al libro, Vozdevieja.

Vemos desde los ojos de una niña una parte de la vida de un grupo de personajes en un barrio obrero de Sevilla. Elisa Victoria consigue que nos interese su punto de vista, es decir, su interpretación de la realidad, su curiosidad, sus sentimientos, sus reflexiones, entre risas y llantos, entre bienestar y malestar, entre sobresaltos y tranquilidad, entre miedos y atrevimiento.