domingo, 13 de octubre de 2013

Don Quijote y el catalán


Don Quijote "haciéndoles una plática" a los escuderos de 
Roque Guinart "en que les persuadía dejasen aquel modo 
de vivir tan peligroso, así para el alma como para el cuerpo".
(Ilustración de Gustave Doré)
Don Quijote avanza hacia Barcelona cuando se topa con Roque Guinart, bandolero catalán que cabalgaba “sobre un poderoso caballo” y “con cuatro pistoletes a los lados”. “Cuatro pistoletes”, escribe Cervantes; pero incorpora una aclaración: …”que en aquella tierra se llaman pedreñales”.

El manco de Lepanto muestra así un reconocimiento ante la diversidad cultural y ante la manera de llamar a las cosas en las tierras a donde envía a su ingenioso hidalgo. El catalanismo “pedreñal”, en efecto, nombraba un arma de mano a partir de la piedra que producía la chispa para su disparo (la pedrenyera, o pedernal).

El encuentro del caballero de la triste figura con el bandolero bonachón ofrece alguna enseñanza más. Aquellos forajidos, que se cifran en cuarenta, rodean de improviso a Don Quijote y a Sancho “diciéndoles en lengua catalana que estuviesen quedos y se detuviesen hasta que llegase su capitán”. Y se infiere que los dos manchegos entienden perfectamente las órdenes. Líneas más adelante, los bandoleros hablarán de nuevo “en su lengua gascona y catalana”, sin que allí nadie se queje ni pida traducción. El diálogo de Roque Guinart tanto con Don Quijote como con los capitanes españoles, los escuderos y los peregrinos que van apareciendo por la escena se produce sin hacer cuestión del asunto, en una situación de bilingüismo tácito que invita a imaginar a cada uno comunicándose en su idioma.

El episodio da pie a deducir un Cervantes que asume el léxico hermano (también escribe lladres, en vez de ladrones) y que retrata el deseo de entendimiento de la época por encima de diferencias entre catalanes y castellanos o bandoleros y caballeros. Leer más

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