jueves, 16 de junio de 2016

15 juguetonas y jubilosas palabras con la J


Ilustración: Luis Demano
En su origen, la j no era más que una variante caligráfica de la I: se empezó a considerar como una letra propia a partir del siglo XVI y fue la última letra en incorporarse al alfabeto latino moderno. Fue entonces cuando comenzó a competir con la G y con la X, que se pronunciaba de forma similar a la sh del inglés. De ahí que, por ejemplo, don Quijote fuera don Quixote en las primeras ediciones. Fue en el siglo XVIII cuando se cambió la grafía de la X por la J, con excepciones, como México y Texas, que también se pueden escribir con J.
Es de las letras menos usadas, a pesar de su sonoridad y de su frecuencia en nombres de pila muy populares: en un texto cualquiera, 0,44 letras de cada 100 serán una J, lo que la sitúa como la vigesimotercera letra más usada. Eso no quita que haya palabras estupendas comenzando por J, como estas 15:

Jabeque. Herida en el rostro, hecha con arma blanca corta. (También es una embarcación costanera de tres palos, con velas latinas, que se podía navegar a remo).

Jarocho, cha. Dicho de una persona: De modales bruscos, descompuestos y algo insolentes.

Jeme. Distancia que hay desde la extremidad del dedo pulgar a la del índice, separado el uno del otro todo lo posible. Coloquialmente, también significa palmito, como en “tiene buen jeme”.

Jeribeque. Guiño, visaje, contorsión.

Jinglar. Dar gritos de regocijo, burlarse.

Jitanjáfora. Texto carente de sentido cuyo valor estético se basa en la sonoridad y en el poder evocador de las palabras, reales o inventadas, que lo componen. 

Jocundo, da. Plácido, alegre, agradable.

Jopo. Cola de mucho pelo.

Jumera. Borrachera, embriaguez.


Juzgamundos. Persona murmuradora.

lunes, 13 de junio de 2016

La publicidad en inglés lo invade todo

Image result for New possibilities (Hyundai)Echar un vistazo a la publicidad en los medios españoles supone encontrarse mensajes como estos: Buenos Aires non stop (Aerolíneas Argentinas), Feel the extraordinary (NH hoteles), Pop it up. Create the unexpected (para la marca Jesuso Ortiz x Swatch), The Power of dreams (Honda), Age management medicine (Neolife), New thinking. New possibilities (Hyundai), This is your time (Tissot)...

El sociólogo Enrique Yarza cree que los anuncios en inglés aumentan, entre otras razones, por el efecto de la globalización, pues “el mensaje de cierre de un anuncio para todo el mundo se decide en Londres o Nueva York”; y también por la imitación a cargo de marcas españolas que exportan cada vez más, y que se dicen: “Como yo soy internacional, también hablo inglés”. Pero, además, el inglés “es lo moderno, lo aspiracional”, y “a veces se puede usar para modernizar la imagen de una empresa”.

Publicidad con palabras en inglés, ayer domingo en Madrid.La psicóloga Pilar Varela se sitúa en esa línea: “El inglés se asocia con lo deseable y con lo superior. Lo que se anuncia en inglés llevará un plus de cosmopolitismo, o de garantía tecnológica o de seriedad”. Sin embargo, Yarza cree que no se debe establecer la regla de que aquello que se anuncia en ese idioma es necesariamente lo prestigioso, lo caro. “Es verdad que en el mundo del lujo casi todo se anuncia en inglés; y que hasta la marca Carolina Herrera se pronuncia con ese acento... Pero, a la vez, hay coches de gama alta como Audi o BMW que se anuncian en castellano; y un coche de gama baja o media, como Hyundai, que emplea el inglés...”.

¿Y cómo se siente alguien que recibe un mensaje que no entiende? Pilar Varela precisa: “Lo de menos es entenderlo. El inconsciente no sabe inglés, solo sabe de emociones. La cosa es que el producto se presente como algo deseable, misterioso, superior, difícil de alcanzar, pero alcanzable; y el inglés lo consigue porque somos un tanto paletos”.

“Es verdad”, añade Yarza, “que “el problema está yendo más allá de la lógica". Y cita el ejemplo de Renault, marca francesa pero que, por sus fábricas en España, se considera casi una empresa nacional. “¿Qué sentido tiene decir ‘Renault, passion for life’ si se puede decir Pasión por la vida?”. Otra marca francesa, Peugeot, acude al lema Motion and emotion. Y ambas mantienen esos mensajes para sus anuncios en Francia. Sin embargo, Mercedes Benz utiliza The best or nothing para España y Das Beste oder nichts para Alemania (en ambos casos, Lo mejor o nada).

“El prestigio del español”, agrega Varela, “lo situamos en el campo de las letras, y tenemos la referencia de nuestros premios Nobel, pero eso es lo antiguo, especialmente para los jóvenes. Ahora la ciencia y la tecnología son más prestigiosas que la literatura. El español es solo el idioma de lo próximo; y por eso los anuncios de detergentes están en castellano”.

domingo, 12 de junio de 2016

Palabras reinventadas

Ciertas palabras entran en desuso porque aquello que nombran desaparece de nuestras vidas. En muchos casos, se agradece. Por ejemplo, ya no solemos preocuparnos de sabañones, bubas, landres o tabardillos, ante los cuales nuestros bisabuelos debían andarse con mucho tiento.

Messi en el banquillo
Y mientras algunas palabras se iban, otras consiguieron adaptarse a los cambios. Hemos usado una de ellas estos días, gracias a que un juez decidió lo que cualquier entrenador evitaría: sentar a Messi en el banquillo.

Este diminutivo andaba ya por los diccionarios del siglo XVII con la lógica definición de “banco pequeño”. La Academia le incorporó en 1869 una nueva acepción: “Asiento donde se coloca el acusado ante el tribunal”. Hasta 1989 no añadirá que también se designa con esa palabra el “lugar donde esperan los jugadores suplentes y entrenadores, fuera del juego”.

Messi en el banquillo
Los banquillos de hoy en día nos traen a la memoria ese fenómeno curioso que se da con algunas palabras: sus significantes permanecen, los significados cambian. Porque estos banquillos de ahora no son bancos pequeños. Messi declaró desde una silla; y los suplentes de un equipo se acomodan en confortables asientos individuales con respaldo y reposacabezas. Sin embargo, el significante “banquillo” no se ha alterado.

Ese empeño de algunas palabras por mantenerse incólumes mientras cambia la realidad que nombran alcanza a muchos términos. Las plumas con las que se firman los grandes acuerdos ya no son de ave (y por tanto no son plumas). Los caballos del coche no son caballos, ni el coche es ya aquel carruaje. La azafata que asistía a la reina con su azafate (o bandeja) viaja ahora en un avión. Aún decimos que hay que tirar de la cadena (incluso en sentido metafórico) cuando ya sólo accionamos una palanca; y que colgamos el teléfono cuando pulsamos una tecla virtual en la pantalla del móvil. (Una tecla que ya no es una tecla, por otro lado). Llamamos “correspondencia” a las cartas a las que no correspondemos; y “manuscrito” al original que un novelista elaboró en su computadora; la “pizarra” del aula ya no es de pizarra, y apagamos la luz sin echarle agua.

Extracto del artículo de Álex Grijelmo. El texto completo en El País

jueves, 9 de junio de 2016

16 palabras con la I que incrementarán tu intelecto

Ilustración: Luis Demano

La I debe su característico punto a que se confundía con la u al escribirse en cursiva en la Edad Media. Procede de la iota griega, al igual que la J, que quedó para fonemas consonánticos. En Roma también servía para representar el número 1. Es la séptima letra más frecuente: en un texto cualquiera, el 6,25% de las letras serán íes.





Icástico. Natural, sin disfraz ni adorno.

Icnita. Huella fosilizada de un animal.

Idiolecto. Conjunto de rasgos propios de la forma de expresarse de un individuo.

Ignaro, ra. Que no tiene noticia de las cosas.

Ignavo, va. Indolente, flojo, cobarde.

Ilécebra. Halago engañoso, cariñosa ficción que atrae y convence.

Imbele. Incapaz de guerrear o de defenderse, especialmente por ser débil o flaco o por carecer de fuerzas y resistencia.

Imbornal. Boca o agujero por donde se vacía el agua de lluvia de los terrados. También, abertura practicada en la calzada, normalmente debajo del bordillo de la acera, para evacuar el agua de lluvia o de riego.

Íncola. Habitante de un pueblo o lugar.

Incuria. Poco cuidado, negligencia.


Ineluctable. Dicho de una cosa: Contra la cual no puede lucharse.

miércoles, 8 de junio de 2016

Algunas razones para no leer

  • Si lees, cuando escuches los telediarios puedes llegar a saber hasta qué punto te engañan 
  • Si lees, verás que muchos emperadores van desnudos
  • Decide si quieres leer. No es una decisión fácil ni cómoda. Es una decisión subversiva. Es una decisión que a la vez nos alivia y nos hace daño
Marta Sanz

resultado de la imagen de Marta Sanz escritora
Marta Sanz
Hoy aquí, contraviniendo todas las previsiones y ejerciendo de enanita saltarina, mosca cojonera, duendecillo maligno, demonia o Ángela caída, voy a intentar daros algunas razones fundadas para NO leer. Habéis escuchado bien para NO, NO, NO leer. Voy a colocarme al otro lado de ese espejo donde si uno se refleja de noche, alumbrado por una vela, se tropieza con un fantasma. Voy a subir al desván para mostraros el auténtico rostro del angelical Dorian Grey: su cara reconcomida por gusanos y devastadoras arrugas. Ahí va el listado razones por las que, como diría Amy Winehouse, NO, NO, NO debéis leer:

  1. Si lees, corres el riesgo de que de pronto muchos de los seres humanos que te rodean empiecen a convertirse en animalillos. Salvajes o domésticos. Puede que, al darse la vuelta, tu vecina del segundo te enseñe el rabito de rata que le sale entre la botonadura de su vestido. Poco a poco notarás que se le han afilado las orejas y en la piel de las manos le ha nacido una capilla de pelusa. Tu vecina seguiría siendo una mujer normal si tú no hubieses leído La celestina o Las alegres comadres de Windsor.
  2. Si lees, dejarás de tener tiempo para ver la televisión y cabe la posibilidad de que los gritos de los tertulianos —tertulianos de la casquería o tertulianos políticos, tertulianos que hablan de deportes— empiecen a resultarte incomprensibles, como si hablaran en una lengua que desconoces y que no tienes ninguna gana de aprender. Ahora hablas en otro idioma porque has leído La soledad del corredor de fondo de Sillitoe, La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe o Miss Lonelyhearts de Nathanael West.
  3. Si lees, cabe la posibilidad de que te despistes a menudo y se te dibuje en la boca una sonrisilla que muchos pueden calificar de tonta. Algunos pensarán que has esnifado pegamento o bebido más de la cuenta. Lo cierto es que leer no es más barato que consumir ciertas drogas y que también genera adicción. Cuidado. Te darás cuenta de ello cuando leas Los paraísos perdidos de Baudelaire, La pipa de Kif de Valle-Inclán o Yonqui de William Burroughs.
  4. Si lees, quizá todo el mundo piense que eres un empollón, que te crees superior a los demás. Puede que te segreguen y te aparten. Que no te consideren una persona normal, que te llamen friki. Posiblemente tendrán razón. Pero también son frikis los klingon, los coleccionistas de Barbies, los seguidores de Mujeres, hombres y viceversa, los eurofans... Bienvenidos al club del licenciado Vidriera o a la compulsión de Madame Bovary por la lectura de novelas románticas.
  5.  Si lees, cuando escuches los telediarios puedes llegar a saber hasta qué punto te engañan. Todas las noticias y ciertas actitudes se te pueden clavar en la niña de los ojos como una esquirla de cristal. Eso te hará sentir casi enfermo. Como Heinrich Böll cuando escribió El honor perdido de Katharina Blum o Evelyn Waugh se rio del mundo del periodismo en ¡Noticia bomba!.
  6. Si lees, verás que muchos emperadores van desnudos y puede que incluso te atrevas a decirlo. No solo los niños y los borrachos dicen la verdad, pero ya sabes que a veces decir la verdad no sale a cuenta. Incluso puede llegar a ser una acción contraproducente.

domingo, 5 de junio de 2016

14 palabras nada mudas con la H

Ilustración: Luis Demano

La H es la única letra del español que no representa a ningún fonema y, por tanto, es muda, a excepción de cuando está en el dígrafo ch. Deriva del hebreo heth y es la eta griega. A menudo se encuentra donde en latín había una F, como en el caso de hambre, hermosura o hablar, que dejaron de pronunciarse con esa f inicial hacia el siglo XVI. No tiene sonido en ninguna lengua romance, a excepción del rumano y, en este caso, por lo general en palabras de procedencia no latina. Es la vigésima letra más frecuente: en cualquier texto, un 0,7% de las letras serán haches, lo cual no está mal para tratarse de una letra muda.

Hablista. Persona que se distingue por la pureza, propiedad y elegancia del lenguaje.

Heredípeta. Persona que con astucias procura proporcionarse herencias o legados.

Herrete. Remate, generalmente metálico, que se pone a las agujetas, cordones, cintas, etc., para que puedan entrar fácilmente por los ojetes.

Himpar. Gemir con hipo.

Hiperestesia. Sensibilidad excesiva y dolorosa.

Híspido. Hirsuto, cubierto de pelo.

Hogaño. En la época actual. “La historia que narra esa novela bien pudiera acaecer hogaño”.


Holgachón, na. Acostumbrado a pasarlo bien trabajando poco.

viernes, 3 de junio de 2016

5 novedades negras


  • ¿Qué leer? Por ejemplo, alguna de estas 5 novelas policiacas


Crime1.- X de rayos X, Sue Grafton (Tusquets, traducción de Victoria Ordóñez). “A través de la novela negra se pueden exorcizar demonios interiores”, me decía Sue Grafton. No le deben quedar muchos demonios interiores entonces a esta gran autora estadounidense que se acerca al final de su abecedario del crimen con la misma frescura y fuerza. En esta ocasión sigue con algo de la trama de W y aparece la viuda de Pete Wolinsky, un detective bastante peculiar. Como siempre, todo parece sencillo para la protagonista hasta que deja de serlo. Estar en una novela de Kinsey Millhone es ser feliz por unas horas, despreocuparse, disfrutar.

2.-  La noche de los alfileres, Santiago Roncagliolo (Alfaguara). Un thriller con una enorme calidad literaria y una apuesta muy personal en el que el autor, como ha reconocido en diversas ocasiones, se enfrenta a su pasado. Cuatro adultos cuentan algo que les trastocó la vida para siempre en los convulsos años del Perú asediado por la guerra y el terrorismo. No sabes muy bien qué, pero lo vas descubriendo gracias a esas cuatro voces, tan distintas. Y cuando quieres darte cuenta llevas 100 páginas, sin giros, sin trampa ni cartón, enganchado al relato, fascinado por la traslación de la violencia de la calle a la vida de esos cuatro chavales, tan distintos, tan parecidos.

3.- Maestra, L. S. Hilton (Roca, traducción de Santiago del Rey). Si se espera encontrar una historia entretenida y nada más, es mejor no elegir Maestra. Mucho sexo –y muy visual- es quizás el elemento más llamativo para vender este libro, pero detrás de esas escenas que muestran cuerdas, orgías y marcas de champán caro hay una historia que se estira y muestra un mundo lleno de máscaras. La historia de Judith Rashleigh es la de una mujer que hará cualquier cosa por conseguir salir de una vida rutinaria en una casa de subastas de Londres y llega hasta la liberación femenina; habla del poder y la escalera que lo alcanza; se cuela en la sordidez de las vidas mundanas y también en las de quienes pasean suelas pulidas sobre la cubierta de un yate. Maestra es una composición realista y plagada de detalles en la que no solo se lee, sino que se huele y se degusta. Se ve.

4.- La muerte de Ulises, Petros Markaris (Tusquets, traducción de E. M. Samará). Markaris vuelve con este libro de tres relatos que conservan toda la esencia de su literatura. A saber, crítica nada demagógica de una realidad aplastante, humor inteligente y una perspectiva única. En esta ocasión, Kostas Jaritos, queridísimo, deja hueco en uno de los relatos a Murat, un comisario turco muy especial.

5.- Donde los escorpiones, Lorenzo Silva (Destino). Octava novela, novena entrega si contamos con el libro relatos, de la pareja de guardias civiles Bevilacqua y Chamorro. En esta ocasión viajan a Herat para investigar la muerte de uno de los militares españoles en la base. El libro tiene de todo: una excelente  descripción, por la vía de los hechos y la acción, de la vida militar en Afganistán; un crimen y una trama como siempre bien resueltas y un lenguaje cercano, naturalista y a la vez complejo.