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miércoles, 4 de octubre de 2017

El español es el único idioma que utiliza signos de interrogación y admiración dobles

La historia de esos dos signos es antigua. El signo de admiración ya se encuentra en manuscritos latinos medievales y, a decir de la Real Academia de la Lengua, el de interrogación se lo debemos a los carolingios, la dinastía de origen francés que dominó Europa Occidental entre los siglos VIII y X.

Pero, en sus orígenes, esos dos signos se empleaban únicamente al final de las frases.
Tardaron bastante en empezar a utilizarse también en la apertura de las frases interrogativas y exclamativas. De hecho, fue sólo en la segunda edición de la Ortografía de la Real Academia de la Lengua, publicada en 1754, cuando el signo de inicial de interrogación hizo su irrupción.

Los académicos estuvieron debatiendo largamente sobre el asunto y llegaron a la conclusión de que el signo de interrogación final no bastaba, sobre todo en ciertas frases largas.

"Por lo tocante a la nota de interrogación se tuvo presente que, además del uso que tiene en fin de oración, hay periodos o cláusulas largas en que no basta la nota que se pone al fin y es necesario desde el principio indicar el sentido y tono interrogante con que debe leerse, por lo que la Academia acuerda que, en estos casos, se use la misma nota interrogante poniéndola tendida sobre la primera voz de la cláusula o periodo con lo que se evitará la confusión y aclarará el sentido y tono que corresponde. Y aunque esto es novedad, ha creído la Academia no debe excusarla siendo necesaria y conveniente", se lee en el acta de una de las reuniones que mantuvieron.

Con ese argumento, el 17 de octubre de 1753 los académicos tomaron una decisión histórica: habría también signos de interrogación de apertura que se colocarían al comienzo de las frases interrogativas, y que se señalaría con el mismo signo que ya existía pero invertido. Más en BBC

miércoles, 5 de octubre de 2016

Qué triste pérdida!

  • Los signos de entrada en las interrogaciones y las exclamaciones empiezan a desaparecer


La ortografía del español dispone de unos rasgos propios para señalar en interrogaciones y exclamaciones dónde empiezan y dónde acaban las palabras cuya curva melódica difiere del resto del discurso.

Sin embargo, los signos de entrada de tales cláusulas van desapareciendo; y proliferan los mensajes, anuncios o rótulos en los que se prescinde de esa ventaja.

La escritura ha mejorado mucho desde las remotas normas de Carlomagno (siglo VIII), y en ese proceso evolutivo la Academia Española incorporó en su ortografía de 1754 (páginas 125-129) el signo de apertura, porque el de cierre por sí solo “no satisface siempre todo lo que es necesario”.

Tantos siglos de progresos se arruinan ahora con la nueva costumbre, que ya no se puede escudar en ninguna carencia técnica de ordenadores ni teléfonos.

El inglés y el francés no alumbraron esa duplicación (¡!, ¿?). Es cierto que en una gran parte de las expresiones interrogativas del inglés la sintaxis ayuda a definir la pregunta mediante la alteración de los términos, así como en una pequeña proporción del francés: “you are ready” / “are you ready?”; “tu es prête” / “es-tu prête?” (en español no cambia el orden: “estás preparada” / “¿estás preparada?”). Pero aquellas sintaxis de la viceversa no alcanzan para delimitar todas las preguntas, y algunas interrogaciones y exclamaciones largas se convierten en ambiguas porque no se sabe dónde empiezan. Ni siquiera se sabe si son interrogaciones… hasta que llega el signo de cierre. Esas dos lenguas tampoco pueden competir con nuestra ortografía cuando el énfasis va inserto en una oración, algo que el español resuelve bien: “Y quisieron pagarme ¡cien! euros al mes”.

España organizó una reacción descomunal y eficaz en 1989 cuando la autoridad europea tuvo en estudio desautorizar la exigencia de nuestro Gobierno de que los teclados de ordenadores de importación incluyeran la letra eñe. Esto lo tomamos como una agresión, y a partir de ahí la eñe simbolizó la identidad del idioma español. Incluso llamamos ya a nuestra triunfal selección de baloncesto “la ÑBA”.


Frente a aquel arrebato de amor propio de hace 27 años, hoy se observa con cierta lenidad la falta de ortografía que consiste en suprimir los signos de entrada en interrogaciones y exclamaciones; y muchos docentes pasan por alto tal deterioro expresivo en los exámenes de sus alumnos.