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jueves, 3 de enero de 2019

Microplástico, palabra del año 2018


Microplástico, la voz que designa los pequeños fragmentos de plástico que se han convertido en una de las principales amenazas para el medioambiente y la salud de los seres humanos, ha sido elegida palabra del año 2018 por la Fundéu BBVA.

Esta es la sexta ocasión en la que la Fundación del Español Urgente, promovida por la Agencia Efe y BBVA, da a conocer su palabra del año, escogida entre aquellos términos que han estado presentes en mayor o menor medida en la actualidad informativa durante los últimos meses y tienen, además, interés desde el punto de vista lingüístico.

Tras elegir escrache en 2013, selfi en 2014, refugiado en 2015, populismo en 2016 y aporofobia en 2017, el equipo de la Fundación ha optado en esta ocasión por microplástico, un término que pone el acento en la toma de conciencia en torno a uno de los grandes problemas medioambientales a los que se enfrenta la humanidad.

Los microplásticos son pequeños fragmentos de plástico (menores de cinco milímetros) que o bien se fabricaron ya con ese tamaño para ser empleados en productos de limpieza e higiene, o bien se han fragmentado de un plástico mayor (bolsas de la compra, envases de todo tipo…) durante su proceso de descomposición.

Su presencia en la arena de las playas, en los organismos de los animales, en la sal marina que consumimos y hasta en el agua que bebemos ha hecho saltar las alarmas y ha obligado a poner en marcha medidas para reducir el consumo de los plásticos de un solo uso, responsables en buena parte del problema.

Desde el punto de vista lingüístico, este término, que, aunque no aparece aún en la mayoría de los diccionarios de español, está bien formado a partir del elemento compositivo micro- y el sustantivo plástico.

Como sucede en general con las palabras formadas con elementos compositivos, estos se escriben unidos a la voz a la que acompañan, sin dejar en medio un espacio ni intercalar un guion (no micro plástico ni micro-plástico).

Antes de dar a conocer la decisión definitiva, la Fundación publicó una relación de doce palabras finalistas en la que figuraban microplástico, descarbonizar, hibridar, mena, los nadie, micromachismo, VAR, sobreturismo, procrastinar, arancel, dataísmo y nacionalpopulismo. Más en Fundéu

martes, 17 de julio de 2018

´Rider´, alternativas en español


Repartidor o mensajero son alternativas válidas para el término inglés rider, que en los últimos tiempos se está empleando de forma más específica para referirse a la persona encargada de llevar paquetes, recados y especialmente comida en bicicleta o moto.

En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como «Las actas de la Inspección de Empleo han fallado que los riders son falsos autónomos» o «Ante todos estos problemas, los “riders” se unieron y crearon el pasado mayo la Asociación Nacional de Ciclomensajería».

El Oxford English Dictionary define rider como la “persona que monta a caballo, bicicleta o motocicleta”, ya sea de forma profesional o por afición. Actualmente, suele usarse este término para referirse a los encargados de entregar comida a domicilio o facilitar el envío de paquetes entre particulares, utilizando una bicicleta o una moto como medio de transporte.

También son adecuadas alternativas como ciclomensajero o bicimensajero si se quiere precisar cuál es el tipo de vehículo empleado. En algunas partes de Hispanoamérica, al repartidor que realiza sus funciones en motocicleta se le conoce como motoquero. Continúa en Fundéu

viernes, 29 de diciembre de 2017

´Aporofobia´, palabra del año 2017

Aporofobia, el neologismo que da nombre al miedo, rechazo o aversión a los pobres, ha sido elegida palabra del año 2017 por la Fundación del Español Urgente, promovida por la Agencia Efe y BBVA.

Esta es la quinta ocasión en la que la Fundéu BBVA da a conocer su palabra del año, escogida entre aquellos términos que han estado presentes en mayor o menor medida en la actualidad informativa durante los últimos meses y tienen, además, interés desde el punto de vista lingüístico.

Tras elegir escrache en 2013, selfi en 2014, refugiado en 2015 y populismo en 2016, el equipo de la Fundación ha optado en esta ocasión por aporofobia, un término relativamente novedoso que alude, sin embargo, a una realidad social arraigada y muy antigua.

La voz aporofobia ha sido acuñada por la filósofa española Adela Cortina en varios artículos de prensa en los que llama la atención sobre el hecho de que solemos llamar xenofobia o racismo al rechazo a inmigrantes o refugiados, cuando en realidad esa aversión no se produce por  su condición de extranjeros, sino porque son pobres.

Este término se acaba de incorporar al Diccionario de la lengua española y el pasado mes de septiembre el Senado español aprobó una moción en la que pide la inclusión de la aporofobia como circunstancia agravante en el Código Penal.

A estos hechos, se suma el interés lingüístico de un neologismo a cuya creación se le puede poner fecha y autor, y el social e informativo de un término capaz de designar una realidad palpable, pero a menudo invisible.

«Aporofobia pone nombre a una realidad, a un sentimiento que, a diferencia de otros, como la xenofobia o la homofobia, y aun estando muy presente en nuestra sociedad, nadie había bautizado», señala el director general de la Fundación, Joaquín Muller.

«Conviene recordar -agrega Muller- la importancia de poner nombre a las cosas para hacerlas visibles. Si no lo tienen, esas realidades no existen o quedan difuminadas. No se pueden defender o denunciar. En esta ocasión, la filósofa valenciana ha hecho una gran aportación a la sociedad y al idioma, y Fundéu ha considerado que es merecedora de ser elegida palabra del año». Más en Fundéu


viernes, 24 de noviembre de 2017

El origen del ´Black Friday´

Ya sabemos que el “Black Friday” o “Viernes Negro” es una tradición americana que consiste en una bajada de precios en los principales comercios, durante el último viernes del mes de noviembre, coincidiendo con la inauguración de las compras de Navidad. Pero, ¿cuál es el origen de esta celebración? 
El primer uso del término “Black Friday” se dio, no para referirse a las compras de Navidad, sino en relación a una crisis económica: el viernes 24 de septiembre de 1869, dos implacables financieros de Wall Street, Jay Gould y Jim Fisk, tras un intenso trabajo por conseguir grandes beneficios, fracasaron en su empeño, y el mercado entró en bancarrota. Por ello, se nombró a ese día como el “viernes negro”.
Otra de las historias que acompañan al término “Black Friday” tiene que ver con el papel de los pequeños comercios en el mercado. La tradición cuenta que, tras un año entero de pérdidas (es decir, números rojos), por fin, tras el día de Acción de Gracias, llegaba la época navideña, día a partir del cual comenzaban los beneficios, y con ellos, en lugar de números rojos, se producían “números negros”.
Otros afirman que su origen se remonta al 19 de noviembre de 1975, día en el que el “New York Times” acuñó por primera vez el adjetivo de “negro” para referirse al desbarajuste del tránsito y el caos que se había dado en la ciudad de Nueva York en aquel año, debido a los descuentos del día posterior a Acción de Gracias. Fuente: Canal Historia

jueves, 6 de julio de 2017

El agua, el águila: la y el ante nombres femeninos

Ante las dudas que surgen a menudo en el uso de artículos y adjetivos con los sustantivos femeninos que empiezan por a tónica, se ofrecen a continuación una serie de claves.

Imagen de Nick Veasey
1. Cuando el artículo determinado va inmediatamente antepuesto a un nombre común, este adopta casi siempre la forma el en lugar de la: el águila, el hacha. Esa regla no se aplica si se intercala otro elemento entre el artículo y el nombre, por lo que es la atroz hambre y no el atroz hambre, la misma arma y no el mismo arma…

2. La hache muda, como se comprueba en los ejemplos anteriores, no impide que se adopte la forma el.

3. Eso no convierte la palabra en masculina, por lo que los adjetivos y otros elementos siguen concordando en femenino: el aula magna, el arma blanca, con toda el alma, el agua de la que depende el pueblo está contaminada.

4. Los plurales conservan la forma las: las águilas, las hachas, las anclas, las armas, las aulas.

5. Mantienen el artículo la los nombres de letras (la hache), los de persona (la Ana de la que hablé) y cierto número de voces de reciente incorporación que se refieren a personas (la árbitra, la árabe).

6. En los diminutivos de estas voces la a inicial no es tónica, por lo que van precedidas de la (la agüita, la hachita), al igual que en composiciones como la aguanieve.

Imagen de Nick Veasey
7. Con un, algún y ningún se admiten ambas posibilidades: un acta o una acta, algún acta o alguna acta, ningún hambre o ninguna hambre.

8. No alternan en cambio otro, todo, mucho, poco, demasiado…, ni los demostrativos, por lo que lo adecuado es esta ave, toda área, poca agua, otra habla.

9. En las siglas, es preferible emplear el artículo que corresponde al desarrollo: la APA, pues es la asociación de padres de alumnos, pero el ALCA, ya que es el Área de Libre Comercio de las Américas.

10. Esta regla solo se aplica al artículo que va ante sustantivos, no ante adjetivos, adverbios ni preposiciones: la árida llanura, la agria polémica, la antes ama de casa, la hasta ayer diputada, la misma arma, el alma mater.


11. Si la a inicial no es tónica, se siguen las normas generales: aceite es una voz masculina y será el aceite y los aceites, mientras que harina es una voz femenina y será la harina y las harinas. Las palabras azúcar y arte son casos excepcionales de concordancia que presentan diversas peculiaridades.

Más en Fundéu (Fundación del Español Urgente)

martes, 4 de abril de 2017

'Crowdfunding'

Esta palabra inglesa está formada por tres segmentos: crowd, que puede significar “muchedumbre” o “colectivo”; el nombre común fund, que se traduce por lo general como “fondo” o “fondos” en su sentido económico; y el sufijo -ing, que sirve, entre otras funciones, para formar sustantivos que reflejan una acción. Por todo ello, cabe traducir crowdfunding como “financiación colectiva”.

Pero “financiación” se puede usar lo mismo para el caso de sufragar los gastos de un amigo que para la inversión en una empresa; y por eso la equivalencia mejor en español en lo referente a las microdonaciones políticas quizás sea “colecta”.

“Colecta” se define en el Diccionario como “recaudación de donativos voluntarios, generalmente para fines benéficos”, y por tanto se puede aplicar a todo tipo de causas (civiles o religiosas) a beneficio de alguien o de algo. En cambio, “cuestación” se ha ceñido a la caridad: “Petición o demanda de limosnas para un objeto piadoso o benéfico”.
A esas dos opciones cabe añadir “micromecenazgo” si se trata de aportaciones a fondo perdido con interés cultural; y “microinversiones” si se busca un término que evoque una financiación de la que se espera retorno. Quizás un poco largas ambas palabras, sí, pero sin duda de mayor facilidad prosódica y de mejor escritura que crowdfunding para la mayoría de los hispanohablantes.


Ese anglicismo, como tantos otros, sirve para formar un léxico pretendidamente moderno. Extracto del artículo de Álex Grijelmo publicado en El País

Microfinanciación (colectiva), alternativa a crowdfunding, publicado en la Fundación del Español Urgente (Fundéu)

martes, 3 de enero de 2017

Populismo, palabra del año

  • Populismo es la palabra del año 2016 para la Fundación del Español Urgente (Fundéu).



Por cuarto año consecutivo, la Fundéu BBVA ha dado a conocer su palabra del año, elegida entre aquellos términos que han marcado la actualidad informativa de 2016 y tienen, además, interés desde el punto de vista lingüístico.

Tras elegir escrache en 2013, selfi en 2014 y refugiado en 2015, el equipo de la Fundación ha optado en esta ocasión por populismo, una palabra originalmente neutra, pero que se ha ido cargando de connotaciones hasta convertirse en un arma en el debate político.

Varias de las doce candidatas que se anunciaron hace unos días estaban relacionadas con la política: sorpaso, abstenciocracia, posverdad y la ganadora, populismo.

«Finalmente nos hemos decidido por populismo, que ya lleva algún tiempo en el centro del debate político y que desde el punto de vista lingüístico está viviendo un proceso de ampliación y cambio de significado, cargándose de connotaciones a menudo negativas», señala Lascuráin.

«A lo largo de los últimos meses hemos recibido muchas consultas sobre el significado real de populismo, ya que parece evidente que el uso que se le da en los medios y en el debate político va más allá de la simple defensa de los intereses populares que mencionan, con distintos matices, la mayoría de los diccionarios», añade.

«Ese es uno de sus sentidos, aunque seguramente el que menos se use en la actualidad. También hay quienes prefieren definirlo como la tendencia política que pretende devolver el poder a las masas populares frente a las élites».

No obstante, en los medios de comunicación parece estar imponiéndose una visión negativa del término, que suele aplicarse «a políticos de todas las ideologías, pero que tienen en común la apelación emotiva al ciudadano y la oferta de soluciones simples a problemas complejos», explica el coordinador de la Fundéu BBVA.

Antes de dar a conocer la decisión final, la Fundación publicó una lista de doce palabras finalistas en la que, además de las palabras del ámbito de la política, figuraban términos como youtubero, la adaptación propuesta del anglicismo youtuber,  y ningufonear, una alternativa al inglés phubbing, que se usa para definir la actitud de quien solo presta atención a su dispositivo móvil mientras desatiende a quien tiene delante.

Otras de las presentes en la lista comparten el hecho de que sus significados se han ido ampliando a través del uso que hacen de ellas los hablantes, como bizarro, cuñadismo y vendehúmos. Completaban la lista términos como LGTBfobia, papilomavirus y videoarbitraje. El texto completo en la Fundéu

domingo, 21 de febrero de 2016

Moda: extranjerismos con equivalente español

A pesar de la recomendación general de evitar los extranjerismos siempre que tengan equivalentes en español, en este mundo de la moda hay términos extranjeros ya asentados en nuestra lengua, como vintage (ropa de hace más de veinte años o inspirada en ella), prêt-à-porter (ropa hecha en serie), atelier (taller de creación de moda) youtlet (tienda de productos descatalogados y rebajados).
Se recuerda también que siempre que se utilice el extranjerismo lo adecuado es escribirlo en cursiva o, si no se dispone de ese tipo de letra, entrecomillado.
Con motivo de los diversos eventos y encuentros de moda que se programan a lo largo del año por todo el mundo y de la expansión de la prensa especializada en este sector, es frecuente encontrar en los medios de comunicación términos extranjeros que se recomienda evitar y utilizar en su lugar sus respectivas alternativas en español. Cabe destacar los siguientes: 
backstage: bambalinas, bastidores
casual: (estilo) informal
celebrities: famosos
denim: tejido vaquero, mezclilla
fashion o trendy: de última moda, de moda, lo último, tendencia
front row: primera fila
it-girl: chica de moda, chica icono
look: imagen, estilo, aire
make up: maquillaje
must o must have: (prendas, accesorios…) imprescindibles o infaltables
print : estampado
shooting: sesión fotográfica
shopping: ir de compras
showroom: salón de exposición
sneakers: (zapatillas) deportivas
sport wear: ropa deportiva
stretch: elástico
top model: supermodelo


miércoles, 30 de diciembre de 2015

Refugiado, palabra del año 2015

Refugiado es la palabra del año 2015 para la Fundación del Español Urgente, promovida por la Agencia EFE y BBVA.

Tras elegir escrache en 2013 y selfi (la adaptación a la ortografía española de la voz inglesa selfie, sin e final) en 2014, el equipo de la Fundación ha optado en esta ocasión por refugiado, un término que no es nuevo pero que ha marcado de forma decisiva la actualidad informativa del año que termina.

«El concepto que define la palabra refugiado ha generado muchísimas dudas y debates entre los profesionales del periodismo, pues estos han sido muy conscientes de la importancia de ser extremadamente rigurosos a la hora de denominar a los miles de personas que huyen de un conflicto bélico frente a aquellas otras que buscan en otro país las posibilidades de vida que en el suyo no encuentran», explica el director general de Fundéu BBVA, Joaquín Muller, quien añade que «el  interés que ha despertado este término y las muchas preguntas de periodistas que han llegado a la Fundéu pidiendo un aclaración revelan, además, la preocupación de estos profesionales por escribir con precisión».

«En la Fundación creemos, por tanto, que refugiado cumple las condiciones que le pedimos a la palabra del año: que haya estado en las noticias y en las conversaciones en el 2015, que tenga además un cierto interés desde el punto de vista lingüístico y que sea un término común a todo el ámbito hispanohablante, no propio solo de un país o región. Que sea un término nuevo o no, no resulta relevante para nuestra decisión», explica el director general de Fundéu BBVA, Joaquín Muller.

«La primera condición es, por desgracia, obvia: en todo el mundo, pero en particular en Europa, la crisis de los refugiados, su tragedia, ha sido noticia a lo largo del año y es muy probable que lo siga siendo mientras las causas que desencadenan la huida de millones de personas de Siria, Irak, Libia y otros países no cesen». Desde el punto de vista lingüístico, la Fundación creyó la necesidad de aclarar  la diferencia de significado entre refugiado e inmigrante.

Como criterio general y según las definiciones del Diccionario académico, inmigrante es todo aquel que llega a un país para establecerse en él. Si nos referimos a esta persona desde la perspectiva no de quien entra en un país, sino de quien abandona el propio, estaremos hablando de emigrante.

Y migrante es un término más general que incluye a ambos y es más frecuente en el español de América.

Desde un punto de vista lingüístico, y con independencia de la definición precisa establecida en derecho internacional, un refugiado es aquel que ‘se ve obligado a buscar refugio fuera de su país a consecuencia de guerra, revoluciones o persecuciones políticas’.




domingo, 16 de agosto de 2015

Cómo decir 'food truck'

Llega ahora la moda del food truck, locución que no da ninguna pista sobre su significado a quien no sepa inglés. Se forma con los elementos food y truck: comida y camión. O sea, “camión de comidas”: esas camionetas o furgonetas que abren un portón lateral y sirven alimentos, teóricamente cocinados en el propio vehículo con productos de calidad.
Periodistas y demás gentes de mal decir han adoptado el anglicismo sin rechistar.
con el anglicismo se acepta un cierto fracaso en la habilidad de quien habla o escribe para nombrar la realidad con los recursos de su propia lengua, que los tiene (otra cosa es que alguien en concreto no los encuentre).
Bueno, también pasa que esa expresión en inglés puede dar la idea de que en nuestra tradición hispana no ha existido la venta ambulante de comidas, ni churrerías y chocolaterías que van de pueblo en pueblo, ni las camionetas que suministran perritos calientes o bocadillos de feria en feria. Ni taquerías o juguerías o fruterías, ni heladerías, ni horchaterías, ni fruterías itinerantes.
Nuestro idioma ha creado o adoptado palabras compuestas con genética identificable, a menudo para nombrar hechos nuevos: apartotel, flotel, cantautor, emoticono, pedraplén, triquini... Y del mismo modo se podría inventar un término en español para dar nombre a la camioneta que sirve comida.
Pero una vez que la locución en inglés entra en escena, adquiere un prestigio superior a cualquier otra opción (por nuestro complejo de inferioridad) y nos parecerán ridículas las alternativas (por el mismo motivo).
Si no hubiera llegado antes el anglicismo, quizás habríamos llamado de entrada a ese camión “restambulante”, o “gastromóvil”; incluso “automesón”. O “gastroneta”, como ha propuesto la Fundéu. 

viernes, 2 de enero de 2015

Selfi, palabra del año

Ilustración: Estudio Lavvu
Selfi, la adaptación al español del anglicismoselfie, es la palabra del año para la Fundación del Español Urgente (Fundéu).
Esta es la segunda ocasión en que la Fundéu BBVA elige su palabra del año después de que en 2013 escogiese escrache, un término procedente del español del Río de la Plata y que tuvo gran presencia en los medios.
El fenómeno de las fotos que los ciudadanos se toman a sí mismos, en general con dispositivos móviles, y que luego suelen compartir en redes públicas o privadas ha hecho furor en los últimos años en todo el mundo.
No en vano, selfie, el término inglés con el que se conoce a este tipo de imágenes, ya fue elegido palabra del año por los editores de los diccionarios de Oxford en 2013 después de calcular que su uso entre los anglohablantes había crecido en un 17 000 por ciento en ese periodo.
La Fundéu BBVA, en su labor de promover el buen uso del español en los medios, aconsejó ya en diciembre del 2013 posibles alternativas al anglicismo de moda: autofoto o la ya consolidada autorretrato, palabras bien formadas en español y que pueden ser útiles para evitar el abuso del término inglés.
«Pero la lengua española cuenta con más recursos, además de la creación o elección de alternativas, y uno de ellos, bastante frecuente, es la incorporación de préstamos de otras lenguas ajustando su grafía a nuestro sistema ortográfico, como ocurrió en su día, por ejemplo, con estándar, del inglés standard», explica el director general de la Fundación, Joaquín Muller.
Así, en octubre del 2014 la Fundéu propuso selfi, sin la e final del original inglés, como adaptación válida al español. En su recomendación sobre ese término, se explicaba que el plural adecuado es selfis y que, en tanto el uso mayoritario se decante por el masculino o femenino, puede considerarse una palabra ambigua en cuanto al género (el/la selfi), comoel/la mar, el/la armazón y otras muchas. La noticia completa en Fundéu

domingo, 27 de julio de 2014

¿Puede alquilarse un vientre?

El empleo por parte del diario El País de la expresión “vientre de alquiler” para aludir a la gestación del embrión, tras acuerdo con los futuros padres y el empleo de técnicas de reproducción asistida, por parte de una mujer es muy criticada por las personas que han acudido a esta solución. “Creo que dicha expresión no define el método de reproducción asistida gracias al cual vinieron mis hijas al mundo. Y lo más importante, dicha expresión daña la dignidad de mis hijas y de la mujer que nos ayudó a que nacieran”, argumenta José Luis Hernando. Íñigo insiste en el mismo argumento: “Denominar a esta técnica de reproducción asistida con esa expresión vulgar y soez resulta denigrante para todas las partes implicadas en dicho proceso, tanto para las familias que recurren a dicha técnica como para las gestantes por no hablar de los menores. Ustedes saben lo importante que es el lenguaje y el correcto uso del mismo y seguro que entienden la implicación que tiene el uso de la expresión 'vientre de alquiler' (...) El verdadero nombre de la técnica de reproducción asistida no es otro que 'gestación subrogada' que quizás resulte menos sensacionalista pero no ataca a la dignidad de familias y gestantes”.

Sobre si la expresión es vejatoria, la FAPE (Federación de Asociaciones de Periodistas de España) en una resolución de este año de su Comisión de Quejas, rechazó que pudiera considerarse lesiva para la condición de los individuos ya que “responde a una realidad consistente en alquilar el útero de una mujer para gestar un embrión en el que no participa genéticamente, mediante un contrato y el pago de una suma de dinero”. Fundéu (Fundación del Español Urgente) respondió en Twitter a una pregunta sobre si era correcto el término con un lacónico “sí, es correcto”.

El concepto de “alquiler” cosifica el cuerpo femenino. Aunque la Real Academia, refiriéndose a personas, admite el término como verbo pronominal (“ponerse a servir a otra por cierto estipendio”), el sentido general asocia el alquiler a cosas o servicios. No se alquilan, por ejemplo, carpinteros.

Victoria Camps, que fue presidenta del Comité de Bioética, no advierte en la expresión “vientre de alquiler” una intención vejatoria y resulta más comprensible que el concepto de subrogación. “Detrás hay la misma realidad y cambiando el lenguaje no se cambia la realidad”. Con todo, atendiendo a que el término “subrogado” carece de las connotaciones que puede generar el primero, “no se presta a tantas fabulaciones”, admite que resulta preferible su empleo aunque se sacrifique algo la comprensión. Siguiendo este criterio, y a pesar de todo lo expuesto, es preferible el abandono del término “alquiler”.





domingo, 8 de junio de 2014

El rey abdica

Con motivo de la abdicación de don Juan Carlos I, se ofrece una serie de claves sobre términos y expresiones relacionadas con el proceso habitual desde el momento en el que un monarca abdica hasta la sucesión de este por parte del heredero al trono.
1. El verbo abdicar, que significa ‘ceder un monarca la soberanía sobre su reino’, como transitivo se construye sin preposición (abdicar el trono o abdicar la Corona), y cuando funciona como intransitivo le sigue un complemento introducido por de, no por a, (abdicar del trono, no abdicar al trono), tal como indica el Diccionario panhispánico de dudas. Cuando se menciona al nuevo monarca, el verbo va seguido de en o en favor de.
2. Los títulos rey, reina, príncipe, princesa… y los tratamientos don, doña, señor, señora… se escriben en minúscula, conforme a las normas de la Ortografía sobre títulos y cargos, vayan o no acompañados del nombre propio: el rey y el rey Felipe VI.
3. Los números romanos que forman parte de los nombres de papas y reyes se leen como ordinales hasta el diez y como cardinales a partir de ese número, de modo que el futuro rey de España será Felipe VI (leído sexto).
4. No es apropiado utilizar el plural monarcas para referirse a la pareja formada por el monarca y su consorte, de modo que, en lugar de los monarcas españoles, lo adecuado es hablar de los reyes españoles, tal como indica el Diccionario panhispánico de dudas.
5. El sustantivo trono se escribe con minúscula, pues se trata de un nombre común, pero Corona, cuando se emplea con valor institucional, comienza con mayúscula.
6. Por esta misma razón, porque adquiere carácter institucional, en jefe del Estado la palabra Estado se escribe con mayúscula. También se escriben con mayúscula los nombres de entidades, organismos o instituciones: las Cortes, el Congreso, etc. 

lunes, 30 de diciembre de 2013

Escrache, palabra del año

Ilustración: LAVVU
Escrache, un término que alude a las manifestaciones convocadas frente a los domicilios de políticos y otros personajes públicos, es la palabra del año 2013 para la Fundación del Español Urgente (Fundéu).
El Diccionario de la Real Academia Española no incluye ese término, pero sí el verbo escrachar como una expresión coloquial propia del español rioplatense con dos significados: ‘romper, destruir o aplastar’ y ‘fotografiar a una persona’.
El Diccionario de americanismos, de la Asociación de Academias de la Lengua Española, añade que en esos países escrachar significa también ‘dejar en evidencia a alguien’.
Y para el sustantivo escrache aporta la definición que ha popularizado el término fuera de su ámbito original: ‘manifestación popular de denuncia contra una persona pública a la que se acusa de haber cometido delitos graves o actos de corrupción y que en general se realizan frente a su domicilio o en algún otro lugar público al que deba concurrir la persona denunciada’.
Con ese sentido y en el contexto de la investigación de los crímenes de sus dictaduras, empezó a emplearse con frecuencia en los medios de comunicación argentinos y uruguayos en los años 90.
Escrache ante la casa de Jesús Posada,
presidente del Congreso
En España la palabra se populariza durante las protestas organizadas en los primeros meses de 2013 por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).
Respecto al origen del término, hay varias teorías. Unas lo sitúan en el italiano schiacciare (‘aplastar, astillar, machacar’) o en el genovés scraccâ (‘escupir’), términos que habrían llegado al español a través del lunfardo, una jerga originalmente empleada por las clases más bajas de Buenos Aires, muchos de cuyos integrantes provenían de Italia.

Para otros existe una conexión clara con el inglés to scratch (‘arañar, rasguñar, marcar’). De hecho, en el español de los Estados Unidos se usa escrache como ‘arañazo o rasguño’, como recoge el Diccionario de americanismos. Leer más