martes, 14 de julio de 2026

¿Está Macron? Que se ponga

         ¿Está Macron? Que… ¡Cómo que el Centro Gallego! Mire usted, yo estoy llamando a París, al Elíseo… Ah, que me ha reconocido por la voz. Sí, claro, yo soy don Mariano en ocasiones. La gente, sabe usted, me llama como a la gente le parece bien llamarme. Yo no puedo decirle a la gente si me tiene que llamar don Mariano o no, como usted comprenderá… Yo no sé quién ese señor del que usted me habla. Ni conozco a ningún Eliseo ni me quiere sonar de nada ese nombre. ¿Baltar? Nada, que no, que tampoco. No hay elecciones, tranquilícese, no tiene que mandar la saca todavía. Oiga, que yo no llamaba por eso, que ha habido un cruce de líneas… ¿Que el voto del Eliseo también entró? Naturalmente que todos los españoles tienen derecho a votar, como no podría ser de otra manera. Así sea, que Dios lo tenga en su Gloria. Amén. Amén, amén, sí. Yo le daré el recado a don Alberto. Y nunca faltará un recuerdo a don Manuel, que en paz descanse, no señor, siempre vivirá en nuestra memoria.

Viri, que me salió el Centro Gallego de no sé dónde… A ver, salgo de favoritos y busco en la e… A ver ahora…

¿Es el Elíseo? ¿Está Macron? Que se ponga. Ha dicho que güi, menos mal. Yesui Mariano Rajoy, expresiden de lespañe. Güi. Güi. Güi, güi. Ye atand. Mesié le presidan, bonyur… Mejor, sí, con un traductor, mucho mejor. Ya, claro, se acuerda. Sí, el inglés is very dificult for mí… Y usted, mesié le presidant, es que habla un francés que… Vamos que se nota que es usted un francés muy francés y mucho francés. Yo ahora es que escribo cosas con esto del Mundial, ya sabe usted. Güi, güi, me las publican. Nada, hombre, unas letras… Que si me ha gustado este partido más que el otro, que si España es la mejor porque gana, que si no ganara… Que si la selección francesa juega estupendamente… Magnific, oiga, mesié, magnific, qué fútbol, cuánta elegancia, rapidísimos pero elegantes, y con una fuerza y un físico tre fort, tre, tre, pero tre fort. Oiga, siempre digo que la France se an equipe champión… Yo voy con España naturalmente, pero sé distinguir la calidad extraordiner de la France…

Sí, bueno, ese artículo del que usted me habla he visto que lo han traducido mal al francés. Me ha dicho un primo mío que en las traducciones siempre se pierde el tono jocoso, propio de los comentarios entre aficionados. En la traducción usted sabe, mesié, que eso es difícil. Esto se queda entre usted y yo, no hay que convertirlo en una cosa mayor, siendo una cosa menor. Dígales a sus ministros, que usted, mesié le presidant, tiene mano ahí, dígales que la France se magnific, que ese artículo del que usted me habla se entiende en un contexto de jolgorio. Yo es que con el Gobierno de España yo… Enseguida se ponen contra mí. Pedro Sánchez, el peor de todos. Ese me echó de la Moncloa, así, de mala manera. Sí, sí, ese. Ah, bueno, si es amigo suyo yo no digo nada. Un gran presidente… Si usted lo dice… Usted respeta mucho al Gobierno de España. España es un gran país, sí señor. Güi, güi. Viva España y viva la France.

Güi, mesié le presidant, ye lecut con atención. Sin traductor. Vale, vamos a ver… Yecut. Patetic e racist. Y ha colgado... Bueno, pues si eso ya tal. Yo creo que me voy a fumar un puro. ¡Viri, los puros!

jueves, 5 de marzo de 2026

´Los domingos´: qué divina la vida monacal y qué chunga la vida terrenal

Aviso: esto no es una crítica cinematográfica. No se analizan ni las interpretaciones, ni la puesta en escena, ni el montaje, ni la dirección... Se comenta el contenido (el mensaje, que se decía antiguamente) a través de lo que se nos dice desde los dos lugares en los que se desarrolla la trama de la película, de los sucesos que ocurren en ellos y que componen la narración, y de los personajes que los habitan.


El lugar terrenal. Allí donde transcurre la vida que no es eclesiástica, ni religiosa, solo encontraremos significados negativos. Veamos.


a) La muerte. Empecemos por lo más doloroso. Aunque la madre de Ainara, la adolescente que desea ser monja, ha muerto en un tiempo anterior al de la narración, sigue presente. Se la menciona y se opone al personaje de la novia del padre, Iñaki, su viudo, de la que se nos deja claro que es una advenediza, con lo que la madre muerta aparece siempre con ella. La abuela de Ainara muere durante la narración.


b) Hipocresía. Las alabanzas a la madre fallecida son fingidas. La suegra (Lila) y la cuñada (Maite) despotrican de ella en la escena inmediata.

c) Traición y mentira. Maite traiciona a su sobrina, Ainara. Cuenta a sor Isabel, la madre superiora del convento en el que quiere entrar, unas relaciones sexuales de su sobrina que no han ocurrido. Traiciona a su pareja (Pablo), pues no respeta el deseo de él de mantener en secreto ante el resto de la familia que prepara unas oposiciones. Lo vuelve a traicionar cuando, según ella misma le confiesa, se ha besado con otro hombre.

c) Conflictos de pareja y desafecto. Entre Maite y Pablo no hay gestos ni palabras de cariño. Son frecuentes los reproches. Riñen. Ella le dice que se quiere separar. Según Pablo, no es la primera vez que le amenaza con ello. Tampoco Maite muestra afecto por su hijo, lo cual contrasta mucho con las muestras de cariño a su sobrina Ainara.


b) Conflictos entre hermanos. Iñaki y Maite discuten siempre. No están de acuerdo en nada. Si ante Ainara, él se nos muestra como el padre severo, ella jugará el papel de la tía guay. Donde culmina la disputa entre los hermanos es en la herencia, un clásico.

Pero el conflicto entre los hermanos que articula toda la narración, el eje de la misma y origen de la película, según ha manifestado su directora y guionista Alauda Ruiz de Azúa, lo plantea Ainara: quiere ser monja. Según la directora, la película surge para dar respuesta a la pregunta de qué harías tú si tu hija adolescente te dijera eso, que quiere ser monja. Así que merece la pena fijarnos en cómo abordan semejante cuestión el padre y la tía.

Vistos los antecedentes, anticipamos que cada cual actuará en oposición al otro. No nos equivocaremos. Él, la tolerancia, la comprensión, la transigencia. Ella, la intolerancia, la incomprensión, la intransigencia. No hay cambios, no hay intercambios, no hay, por supuesto, síntesis. Es decir, los dos personajes que encarnan las respuestas al conflicto fundamental de la película resultan previsibles, monolíticos, planos.

El lugar monacal. De donde transcurre la vida eclesiástica, religiosa y divina llegarán siempre mensajes positivos. Tiene tres extensiones, el colegio religioso y el conservatorio (espacio que no se distingue del primero), por un lado, y, por otro, la iglesia donde se celebra la ceremonia de la primera comunión y donde la candidata a monja recibe la ansiada llamada de dios en un trance verbalizado, que oirán, con la acústica solemne del lugar, su tía y su padre.

En el monasterio cantan las monjas, en el conservatorio canta el coro. En el monasterio, silencio y cantos. Y cantos. Y silencio. Y unos dulces muy ricos que elaboran las monjas. No hay conflictos en el colegio, no hay conflictos en el convento. Todos los personajes de este ámbito lucen una sonrisa beatífica. Las dudas que les traen los personajes del otro lugar, el padre y la tía, se resuelven mediante la fe y la creencia en dios. Tengo fe y creo en dios, no les saques de ahí. Si no crees en dios y no tienes fe, pues…, pues eso. Pero rezaremos por ti.

¿Manipulación y adoctrinamiento? Estas cuestiones solo las plantea Maite, el único personaje que se declara no creyente. Y así se quedan, no se profundiza la más mínimo en ello. No olvidemos que Ainara es una menor de edad. El colegio religioso propaga sus ideales por definición y, en concreto, en la convivencia-excursión-ejercicios espirituales y a través del director espiritual, un cura majísimo, faltaría más. La madre superiora hace lo propio en su terreno y deja claro que espiritualidades hay muchas, pero solo hay un dios verdadero, el suyo, claro.

Seremos los espectadores (algunos) quienes nos llevaremos este asunto en la cabeza, porque en la narración solo queda esbozado y, sobre todo, tapado por la apabullante beatífica bondad que emanan estos lugares divinos y los personajes que los pueblan. En el monasterio, sublimación de unos y otros, dejamos a Ainara.

Mientras, Maite volverá, suponemos, a discutir con Pablo, a amenazarle una vez más con la separación y, a lo mejor, abraza a su hijo un día de estos; Iñaki atenderá el restaurante, quizá de nuevo agobiado por las deudas; no sabremos si su novia se liberará del fantasma de una muerta; tarde o temprano alguien morirá…

Oye, qué chunga la vida terrenal. Un sindiós, vamos.