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miércoles, 8 de agosto de 2018

Los celos que destruyeron la amistad entre Lope de Vega y Miguel de Cervantes


Santiago Roncagliolo
Alguna vez, Lope de Vega y Miguel de Cervantes fueron amigos. Incluso se admiraron mutuamente. Pero solo al principio. Antes de la peor traición que un escritor puede cometer contra otro.

SR. GARCÍA
Los dos genios se conocieron en 1583 en la calle de Lavapiés, en casa de Jerónimo Velásquez, quien en términos actuales sería considerado un productor de teatro. Lope tenía un affaire con la hija casada de Velásquez. De hecho, tuvo affaires con casi todas las mujeres de la Península. A su muerte, el dramaturgo dejaría firmadas más aventuras que libros.

Documentadas: dos esposas -una de ellas raptada-, seis amantes, catorce hijos y al menos dos procesos judiciales asociados a sus amoríos. A pesar de sus múltiples distracciones, Lope era un autor talentoso y muy prolífico. Por su parte, Velásquez -productor, al fin y al cabo- no tenía muchos escrúpulos. Según Eduardo Haro Tecglen, el señor le vendió al dramaturgo el amor de su hija a cambio de unas 20 comedias para su compañía.

Cervantes tenía un carácter muy diferente. Aunque 15 años mayor que Lope, no visitaba a Velásquez en condición de consagrado, sino de aspirante. Lope arrollaba con su personalidad. Cervantes se mostraba más reservado. Lope brillaba en los salones de los nobles. Cervantes pasaba penurias económicas. Lope era la gran estrella del teatro popular, se lucía en todos los géneros literarios y escribía decenas de piezas simultáneamente, incluso apócrifas. Cervantes, obligado por la necesidad de trabajo, pasaba largas temporadas sin escribir una línea, y se daba por satisfecho con colocar alguna de sus comedias en la cartelera de su anfitrión.

En el fondo, ambos escritores encarnan el gran conflicto esencial del arte moderno: romanticismo o mercado, expresar el mundo interior o satisfacer al público.

A pesar de todo, esos personajes tan dispares hicieron amistad. Vivieron mucho tiempo en el mismo barrio y se cruzaban con frecuencia. Intercambiaron públicas manifestaciones de aprecio: Cervantes en La Galatea, Lope en La Arcadia. La última evidencia de una buena relación data de 1602, cuando Lope incluyó un soneto de su colega en La hermosura de Angélica.

Contra lo que cabría esperar, no se interpuso entre los dos amigos una mujer. Ni un poderoso rey. Ni sus diferentes concepciones del arte. Quien acabó con su conexión fue un personaje mucho más temible, invencible y feroz: un tal don Quijote de la Mancha. Continúa en El País Semanal

miércoles, 6 de julio de 2016

Muñeca

Santiago Roncagliolo
A mi hija de cinco años le han regalado una muñeca gigante. Es más alta que la niña. Lleva un traje a la moda, maquillaje y una pulsera en el tobillo. Su dueña no la ve como una bebé, sino como una amiga madura y experimentada.

- Papi, ¿sabes que cuando sea grande voy a ir a fiestas y beber cerveza?

- ¿De dónde has sacado eso, cariño?

- Me lo ha explicado mi muñeca.

La muñeca gigante se pasa la vida explicándole cosas. Antes, por las noches, frente al televisor, yo me sentaba junto a mi niña. Ahora, la muñeca se interpone entre nosotros, y la niña le cuchichea. A veces, parece que me miran y se ríen entre ellas.

- Papi -afirma mi hija-, ¿sabías que cuando sea grande voy a divorciarme?

- Bueno, tienes todavía un tiempo para pensarlo...

- Me lo ha dicho la muñeca. Y me quedaré con los bienes de mi marido. Y con los niños.

He tratado de discutir esos extremos, pero, al parecer, la muñeca gigante goza de más credibilidad que yo.

En los viejos tiempos, las muñecas cumplían el papel de hijas de sus dueñas, modelo a escala de la familia tradicional. Hoy, desarrollan toda una gama de roles, desde ejemplos profesionales hasta iconos de consumo o escaparates de la diversidad cultural. Cada muñeca es una mujer en potencia: un futuro posible para sus usuarias y sus familias.


He aceptado el cambio con espíritu abierto y tolerante. Pero de noche, cuando me acerco a besar a mi hija dormida, su muñeca me mira con desprecio. Creo que voy a pedir una orden de alejamiento contra ella.