jueves, 6 de agosto de 2026

La gran aventura de la lengua española contada a los teletubbies

 

Los ocho capítulos del documental La gran aventura de la lengua española se encuentran disponibles en RTVE Play. Producido por RTVE en asociación con Tarabilla 97 y con la colaboración de la Real Academia Española (RAE), participan numerosos académicos de la RAE y de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE). Lo ha dirigido Pepe Azpiroz. En todos los capítulos interviene el director de la RAE y presidente de la ASALE, Santiago Muñoz Machado, que es “su principal asesor histórico” (así lo presenta la RAE).

Los documentales como este basados en trocear las respuestas de quienes participan son como construir el puzle que uno quiere con las piezas que le vienen bien. Las piezas en sí tienen gran valor, pero al unirlas lo pierden o desmerecen o se vuelven cómplices de un conjunto que muestra la historia de la lengua española idealizada (siempre) y falsa (a veces).

Embellecer o ensalzar la historia de una lengua que no necesita de aduladores, porque los datos del número de hablantes y la producción literaria son abrumadores, supone un acto de propaganda al viejo estilo. O que se tome a quienes tengan la curiosidad de saber algo de la lengua española en unos seres cercanos a los teletubbies y su público (“bebés y niños de edad preescolar”, según la Wikipedia).

1)     Castilla/España; español/castellano. En los primeros capítulos se habla de España y de español cuando debería hablarse de Castilla y de castellano. Y en el origen, ni siquiera existía Castilla. La península Ibérica la conforman a lo largo de muchos siglos distintos reinos, cada cual con su dialecto del latín y cada cual con el árabe. A finales del XV, cuando desaparece el último reino musulmán, en la península quedan dos grandes reinos cristianos, el de Aragón y el de Castilla. Que el rey del uno y la reina del otro se casaran no significó una unidad, ni política, ni territorial. El interés de Aragón estaba en el Mediterráneo y Castilla se interesó por la llegada a las Indias occidentales y costeó las expediciones. Así pues, hablar de España en todo este periodo crea confusión porque predomina sobre el significado de lugar o territorio el actual de nación española, que no existía. Quienes llegaron a lo que hoy llamamos América fueron castellanos, es decir, súbditos del reino de Castilla.

2)    Reconquista y Descubrimiento. Dos conceptos trasnochados que se reiteran a lo largo del documental. Denominar con la palabra reconquista ocho siglos de todos contra todos, todos contra uno y uno contra todos, es decir, una historia de guerras por el poder y el territorio, fuera este cristiano o musulmán, es un ideal en el que un pueblo cristiano, el genuino, el auténtico y verdadero, expulsa al invasor musulmán, que, después de ocho siglos, resulta que ni es genuino ni auténtico. Ocho siglos de historia en un mismo lugar un poco de raigambre sí que da, digo yo. Mosquea muchísimo que se rescate este muy rancio ideal en estos tiempos en los que lo hacen suyo ideologías neofascistas.

      Insistir en el concepto de Descubrimiento en un documental del siglo XXI da más para comentarios jocosos que para explicaciones.

3)    El advenimiento de una lengua y una religión. Una lengua y una religión las impone un poder superior. En todas las colonizaciones corre la sangre, es decir, manda la espada. Y con la espada, la cruz. En el documental la implantación de la lengua española queda convertida en un advenimiento. Que el español sea hoy la segunda lengua materna del mundo con todo lo que eso significa, no impide reconocer que su extensión por el “Nuevo Continente” siguió la máxima de que la lengua con sangre entra.

      Dos comentarios sobre el uso de las lenguas indígenas por parte de la Iglesia para evangelizar. Uno, o aceptamos, como se deduce del documental, la insólita capacidad de los frailes misioneros para dominar la retórica de una lengua local desconocida para convencer de que el verdadero dios era el suyo o aceptamos que no es fácil cambiar los dioses y no es fácil convencer a pueblos enteros a renunciar a sus tradiciones religiosas, salvo que la espada acompañe a la cruz. Dos, las lenguas sirven tanto para comunicarse como para aislar. La Iglesia ha utilizado las lenguas vernáculas para predicar, lo cual ha servido para conservar lenguas que si no se hubieran perdido. Pero eso también mantenía su aislamiento. Se levantaba lo que hoy llamaríamos “un cordón sanitario”, que impedía la relación con otros pueblos y las alianzas contra un enemigo invasor común.

4)    Los hombres buenos de la RAE. Aceptemos con los ojos cerrados las bondades, inquietudes intelectuales y la iniciativa digna de elogio de crear un diccionario de nuestra lengua tanto de los primeros académicos como de quienes les sucedieron. Pero… El diccionario normativo de la Academia quedó muy superado por el de uso de María Moliner (1966) y el Diccionario del español actual (Seco, Andrés y Ramos, 1999). Hablando de María Moliner. Su ausencia de la RAE es un grito imposible de callar. El documental lo silencia.

      Hasta la 22ª edición (2001) el diccionario de la lengua española se publicó firmado por la Real Academia Española (RAE). Sucedió lo mismo en la 23ª (2014) porque mantiene el copyrigth, pero, por fin, se reconoce que “es el resultado de la colaboración de todas las academias”. Ya había sucedido con la Ortografía (1999) y con el Diccionario panhispánico de dudas (2005). Quiere decirse que hasta el s. XXI se mantuvo un centralismo español de la lengua. Y si precisáramos algo más diríamos que un centralismo castellano o del centro de la península. Los vicios imperiales no se pierden de un siglo para otro.

      Hasta 1978 la RAE no encontró a una mujer buena digna de pertenecer a esta institución de hombres buenos. La RAE cuenta actualmente con 46 académicos de número, de los cuales 10 son mujeres. Desde el año 2000 hasta ahora, de los 38 nombramientos que ha habido solo 8 han sido académicas. 

      La Academia también padeció la represión franquista, que en el documental ni se menciona. Al director Ramón Menéndez Pidal se le sustituyó por José Mª Pemán. Menéndez Pidal recuperó la dirección de la Academia en 1947. Pemán escribió: “Innecesario resulta hacer presente a los señores Vocales de las Comisiones depuradoras de personal docente la trascendencia de la sagrada misión que hoy tienen en sus manos”.

5)    Las formas impersonales de una guerra. El penúltimo capítulo indigna. Hubo una guerra civil. Algunos escritores se exiliaron. Cosas que pasan. No hablemos de golpe de Estado, ni de dictadura, groserías que hieren los oídos de nuestros teletubbies. Se menciona una vez en el último capítulo la palabra franquismo, que, a lo mejor, es una palabra derivada de Franco, que, a lo mejor, tuvo que ver algo con el golpe de Estado y con una dictadura de 40 años. Esa dictadura también influyó mucho en “la aventura de la lengua española”, pero por este pasaje la lengua española pasó sin ningún problema ni consecuencia digna de mencionarse, según el documental.

     El centralismo y la patética exaltación imperial del franquismo también contaminaron la lengua. La dictadura impuso un arquetipo (el castellano del centro de la península) y minusvaloraba o despreciaba las otras variantes peninsulares e insulares y las de los países hijos de la “Madre Patria”. Se consideraban, en fin, como patrón del bien hablar los rasgos de una minoría entre los hispanohablantes. Así se exigió en las locuciones de la radio y la televisión. Y no nos olvidemos de los libros de texto.

     Es cruel referirse al exilio con el uso de la tercera persona como hace el documental. Quienes se ven obligados a exiliarse provocan un páramo en las letras y en la cultura españolas. Se beneficiaron otros países, sí, afortunadamente para ellos, que los acogieron con los brazos abiertos. El asesinato de García Lorca resuena en la literatura universal.

     Se ejecutó “la depuración del Magisterio en todos sus grados” (Pemán). Un cómplice del régimen franquista, Pedro Laín, lo llamó “el atroz desmoche”. Pero en el documental ni una palabra, ni una mención al perjuicio que las purgas causaron en los estudios filológicos, lingüísticos o literarios. 

     Inmaculada lengua, impoluta aventura.

 

 

jueves, 5 de marzo de 2026

´Los domingos´: qué divina la vida monacal y qué chunga la vida terrenal

Aviso: esto no es una crítica cinematográfica. No se analizan ni las interpretaciones, ni la puesta en escena, ni el montaje, ni la dirección... Se comenta el contenido (el mensaje, que se decía antiguamente) a través de lo que se nos dice desde los dos lugares en los que se desarrolla la trama de la película, de los sucesos que ocurren en ellos y que componen la narración, y de los personajes que los habitan.


El lugar terrenal. Allí donde transcurre la vida que no es eclesiástica, ni religiosa, solo encontraremos significados negativos. Veamos.


a) La muerte. Empecemos por lo más doloroso. Aunque la madre de Ainara, la adolescente que desea ser monja, ha muerto en un tiempo anterior al de la narración, sigue presente. Se la menciona y se opone al personaje de la novia del padre, Iñaki, su viudo, de la que se nos deja claro que es una advenediza, con lo que la madre muerta aparece siempre con ella. La abuela de Ainara muere durante la narración.


b) Hipocresía. Las alabanzas a la madre fallecida son fingidas. La suegra (Lila) y la cuñada (Maite) despotrican de ella en la escena inmediata.

c) Traición y mentira. Maite traiciona a su sobrina, Ainara. Cuenta a sor Isabel, la madre superiora del convento en el que quiere entrar, unas relaciones sexuales de su sobrina que no han ocurrido. Traiciona a su pareja (Pablo), pues no respeta el deseo de él de mantener en secreto ante el resto de la familia que prepara unas oposiciones. Lo vuelve a traicionar cuando, según ella misma le confiesa, se ha besado con otro hombre.

c) Conflictos de pareja y desafecto. Entre Maite y Pablo no hay gestos ni palabras de cariño. Son frecuentes los reproches. Riñen. Ella le dice que se quiere separar. Según Pablo, no es la primera vez que le amenaza con ello. Tampoco Maite muestra afecto por su hijo, lo cual contrasta mucho con las muestras de cariño a su sobrina Ainara.


b) Conflictos entre hermanos. Iñaki y Maite discuten siempre. No están de acuerdo en nada. Si ante Ainara, él se nos muestra como el padre severo, ella jugará el papel de la tía guay. Donde culmina la disputa entre los hermanos es en la herencia, un clásico.

Pero el conflicto entre los hermanos que articula toda la narración, el eje de la misma y origen de la película, según ha manifestado su directora y guionista Alauda Ruiz de Azúa, lo plantea Ainara: quiere ser monja. Según la directora, la película surge para dar respuesta a la pregunta de qué harías tú si tu hija adolescente te dijera eso, que quiere ser monja. Así que merece la pena fijarnos en cómo abordan semejante cuestión el padre y la tía.

Vistos los antecedentes, anticipamos que cada cual actuará en oposición al otro. No nos equivocaremos. Él, la tolerancia, la comprensión, la transigencia. Ella, la intolerancia, la incomprensión, la intransigencia. No hay cambios, no hay intercambios, no hay, por supuesto, síntesis. Es decir, los dos personajes que encarnan las respuestas al conflicto fundamental de la película resultan previsibles, monolíticos, planos.

El lugar monacal. De donde transcurre la vida eclesiástica, religiosa y divina llegarán siempre mensajes positivos. Tiene tres extensiones, el colegio religioso y el conservatorio (espacio que no se distingue del primero), por un lado, y, por otro, la iglesia donde se celebra la ceremonia de la primera comunión y donde la candidata a monja recibe la ansiada llamada de dios en un trance verbalizado, que oirán, con la acústica solemne del lugar, su tía y su padre.

En el monasterio cantan las monjas, en el conservatorio canta el coro. En el monasterio, silencio y cantos. Y cantos. Y silencio. Y unos dulces muy ricos que elaboran las monjas. No hay conflictos en el colegio, no hay conflictos en el convento. Todos los personajes de este ámbito lucen una sonrisa beatífica. Las dudas que les traen los personajes del otro lugar, el padre y la tía, se resuelven mediante la fe y la creencia en dios. Tengo fe y creo en dios, no les saques de ahí. Si no crees en dios y no tienes fe, pues…, pues eso. Pero rezaremos por ti.

¿Manipulación y adoctrinamiento? Estas cuestiones solo las plantea Maite, el único personaje que se declara no creyente. Y así se quedan, no se profundiza la más mínimo en ello. No olvidemos que Ainara es una menor de edad. El colegio religioso propaga sus ideales por definición y, en concreto, en la convivencia-excursión-ejercicios espirituales y a través del director espiritual, un cura majísimo, faltaría más. La madre superiora hace lo propio en su terreno y deja claro que espiritualidades hay muchas, pero solo hay un dios verdadero, el suyo, claro.

Seremos los espectadores (algunos) quienes nos llevaremos este asunto en la cabeza, porque en la narración solo queda esbozado y, sobre todo, tapado por la apabullante beatífica bondad que emanan estos lugares divinos y los personajes que los pueblan. En el monasterio, sublimación de unos y otros, dejamos a Ainara.

Mientras, Maite volverá, suponemos, a discutir con Pablo, a amenazarle una vez más con la separación y, a lo mejor, abraza a su hijo un día de estos; Iñaki atenderá el restaurante, quizá de nuevo agobiado por las deudas; no sabremos si su novia se liberará del fantasma de una muerta; tarde o temprano alguien morirá…

Oye, qué chunga la vida terrenal. Un sindiós, vamos.

jueves, 12 de septiembre de 2024

La resolución

La resolución

(Juguete aproximadamente cómico)

 

NOTA: Basado en hechos reales, se transcriben los diálogos casi literalmente.

 

Intervienen por orden de aparición:

La Funcionaria.

El Hombre.

El Segurata.

La Mujer en Silla de Ruedas.

Interior de una oficina de Asuntos Sociales. A la izquierda del espectador, dos puertas. Una informa con un folio pegado con fixo de que es la entrada del personal. La otra, cubierta de folios también pegados con fixo, parece un tablón de anuncios: el horario de oficina, que solo se atenderá con cita previa, cómo conseguir la cita previa, los resúmenes de varios decretos, y se lee con dificultad “Visitas”. En el centro del escenario, dos mesas (número 1 y número 2), ambas con mamparas, plantas muy verdes y pantallas de ordenador. A la derecha se abre un espacio que se intuye muy amplio, pero que solo se ve parcialmente con dos o tres mesas vacías.

La Funcionaria (de pie tras su mesa se dirige al Segurata): Han ido a desayunar. Es que es su hora.

El Hombre: Buenos días…

El Segurata: ¿Tiene cita?

El Hombre: No, vengo a…

El Segurata: Pase a la segunda mesa.

El Hombre: Buenos días…

La Funcionaria: ¿Tiene cita?

El Hombre: No…

La Funcionaria: ¿Qué desea?

El Hombre: Vengo porque recibí un mensaje en el teléfono que me decía que me llegaría una carta y no me ha llegado… Hace ya quince días…

La Funcionaria: Ya le llegará… Correos no ha cubierto las sustituciones de las vacaciones de agosto y tardará entre un mes y dos…

El Hombre: ¿Dos meses? ¡Pero si vivo a dos kilómetros, menos, aquí al lado…!

La Funcionaria: Da igual. En Correos la gente se ha ido de vacaciones y no las han cubierto… Déme su DNI.

(La mampara y la falta de una silla obligan al Hombre a permanecer de pie. El Hombre saca la cartera)

La Funcionaria: ¿Es usted el destinatario de la carta?

El Hombre: No. Es…

La Funcionaria: Necesito el DNI de la persona destinataria de la carta.

El Hombre: Un momento… La he dejado fuera fumando…

(Sale y entra enseguida empujando una silla de ruedas. Sobre la silla de ruedas, una mujer con las dos piernas amputadas. A La Mujer en Silla de Ruedas, la mampara, los carteles pegados a la misma pidiendo silencio, una planta y la pantalla del ordenador le impiden ver a La Funcionaria, que tampoco puede verla a ella porque continuará sentada todo el tiempo. La Mujer en Silla de Ruedas saca una cartera de un bolso muy pequeño que lleva en bandolera y le da el DNI al Hombre. El Hombre se lo pasa a La Funcionaria. La Funcionaria lo recoge y teclea)

La Funcionaria: Es una resolución…

El Hombre: ¡La resolución…! ¡Por fin…!

La Funcionaria: Tiene que esperar a que le llegue la carta…

El Hombre: Pero…

La Funcionaria: La carta va certificada. Tiene que firmar…

La Mujer en Silla de Ruedas: ¡Pero si llaman y estoy sola, yo no puedo abrir…!

El Hombre: Pero… ¿La carta la han enviado ustedes? Es de Asuntos Sociales, ¿no?

La Funcionaria: La remite Asuntos Sociales, sí. Esperen a que les llegue la carta. Hasta finales de mes o comienzos del siguiente, por lo menos. Correos tiene mucho retraso, porque no han cubierto las vacaciones.

El Hombre: Correos no me interesa. Pero si ustedes han enviado la carta me podrán dar una copia…

La Funcionaria: No…

El Hombre: ¿Por qué no? No lo entiendo… Estamos aquí… Ustedes tendrán la resolución, ¿no? ¿Por qué no nos dan una copia? Nos dan una copia y ya está…

La Funcionaria: Nosotros no tenemos la culpa del retraso de Correos. Correos tiene un montón de cartas sin repartir. Por eso…

El Hombre: A ver… La resolución la han enviado ustedes, o sea, que la tienen ustedes, ¿¡por qué no me dan una copia!? Estamos aquí, y ya que estamos aquí nos la llevamos y ya está…

La Funcionaria: Nosotros hemos cumplido con el protocolo. Le hemos enviado a la solicitante la resolución por correo certificado y tiene que firmar.

El Hombre: Ya, sí, pero sigo sin entenderlo… Nos da una copia de la resolución, ella firma que la ha recogido y solucionado…

La Funcionaria: La resolución les llegará por correo certificado. Es el protocolo. Correos…

El Hombre: Y dale con Correos… ¿Usted no tiene la resolución ahí, en el ordenador? La imprime…

La Funcionaria: Yo no puedo hacer eso. Tenemos que seguir el protocolo, le hemos enviado la resolución por carta certificada que tiene que firmar…

El Hombre: Pero la resolución, dónde está… En Asuntos Sociales, ¿no? Si está aquí…, alguien la podrá imprimir, digo yo… Ella firma que la ha recogido y lo que haga falta…

La Funcionaria: Eso no puede ser. La resolución les llegará por carta… Correos…

El Hombre: ¡Vámonos pa Correos!

La Funcionaria: Esperen la carta…, un mes, dos… Allí no les van a solucionar nada.

El Hombre: ¿Solucionar nada? Pues como aquí… ¡Puta resolución!

(Empuja la silla hacia la salida)