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martes, 9 de febrero de 2016

El misterio de los anónimos

Cuadro de Magritte
La llegada a las librerías de La pasión de Mademoiselle S. (Ed. Seix Barral) pone nuevamente de relieve el misterio de los escritores anónimos. En un mundo dominado por el ego y el personalismo absolutos, ¿qué razones encuentran algunos autores para disfrazar e incluso ocultar su identidad? ¿Aporta interés especial a un libro no dilucidar el género, procedencia y época de su autor? Posiblemente así sea. Sin embargo, permanecer anónimo también promueve la reflexión por el contenido sin tener en cuenta el contexto en el que fue escrito.
Magritte
En muchas ocasiones, esconder el nombre del escritor sirve precisamente para poner el foco sobre él. Así pues, ¿qué razones hay para que una obra quede anónima o seudónima? “Las razones por las que un autor prefiere permanecer en el anonimato no difieren de las que esgrime para optar por un pseudónimo, sobre todo en la exposición de ideas que pueden acarrearle persecución política o personal por los asuntos y personas mencionados en la obra”, afirma Jorge Seca, traductor, entre otras, de la célebre obra anónima Una mujer en Berlín, publicada por primera vez en 1954.
Existen otros motivos que, aunque menos graves, son frecuentes: “Está también la inseguridad del autor ante su propio trabajo o el puro juego de inventar autores en la metaliteratura”, dice Seca. Una mujer en Berlín relata los hechos de los últimos días del nacionalsocialismo en Berlín. Unos sucesos sobrecogedores que incluían la violación sistemática de mujeres alemanas por parte de los soldados soviéticos. En este sentido, la decisión de permanecer en el anonimato convierte a este diario de Anónima en una obra reivindicativa y eficaz: “Si Anónima hubiera optado por poner su nombre o un pseudónimo a su diario, el efecto de su obra habría quedado reducido al estrecho ámbito de esa persona. Así, Anónima son todas la mujeres víctimas”, relata el traductor.
Si la traducción se nutre también del entorno en el que autor se inserta, ¿qué sucede con el autor anónimo? “Me basta con escuchar la voz del narrador y las voces de sus personajes para intentar trasladar esa obra al español, si bien admito que si se conoce al autor por otras obras, resulta más familiar la elección del vocabulario y esto facilita la tarea de la traducción”, concluye Seca.
Si la ocultación —voluntaria o forzosa— del autor se asocia con el anonimato, el disfraz de la identidad sería más propio del seudónimo. Marie-Henry Beyle empleó varios nombres para firmar sus libros. De todos ellos, el único que trascendió fue el de Stendhal. Samuel Langhorne Clemens escribió en 1865 un relato titulado La famosa rana saltarina de Calaveras como Mark Twain. A partir de ese momento sería recordado siempre por ese nombre. También conviene tener en cuenta razones más asociadas a la literatura de tradición oral e incluso como herramienta de intriga promocional. “Creo que el caso del seudónimo es algo diferente, y diferente es el resultado si el autor utiliza el seudónimo para abrir una nueva línea en su obra, como John Banville con Benjamin Black o si el nombre real nunca es revelado, como en el caso de Elena Ferrante, que despierta la curiosidad de medios y lectores”, afirma Elena Ramírez, directora editorial de Seix Barral.

El texto completo en El País

domingo, 8 de junio de 2014

El escritor irlandés John Banville, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014

El escritor irlandés John Banville, ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014, es conocido por su producción en el género de la novela negra.
Escritor de larga trayectoria, en 2006 vio la luz su alter ego Benjamin Black, seudónimo con el que Banville firma una serie de thrillers protagonizados por el patólogo forense Quirke. La primera entrega fue Christine Falls (2006), a la que siguieron The Silver Swan (El otro nombre de Laura) en 2007, The Lemur (2008), Elegy for April (En busca de April, 2011), Muerte en verano (2012), Venganza (2013) y Holy Orders (2013).
Nacido en 1945 en la localidad de Wexford, Irlanda, el autor estudió en las Escuelas de los Hermanos Cristianos y en el St. Peter's College de su ciudad natal. Entre 1968 y 1969 vivió en los Estados Unidos y a su regreso a Irlanda trabajó en el diario Irish Press, hasta su desaparición en 1995. Luego fue nombrado subdirector del Irish Times, donde desempeñó también el cargo de editor literario hasta 1999. Desde 1990 colabora asiduamente con The New York Times Review of Books.
Banville publicó su primer libro en 1970 con el título de Long Lankin, una colección de relatos cortos. Su primera novela, Nightspawn vio la luz en 1971. A esta siguió Birchwood (1974).
Considerado por algunos críticos como el heredero natural de Nabokov, su estilo es reconocido por su prosa precisa y el uso del humor negro en boca de la persona del narrador.

El novelista y su otro yo

El peculiar equipo que Banville forma consigo mismo tras el nombre de Benjamin Black, no solo disfruta del reconocimiento de los lectores. El Jurado del Príncipe de Asturias otorga el premio sin olvidar a ninguno de los dos en el acta oficial: "al novelista irlandés John Banville por su inteligente, honda y original creación novelesca, y a su otro yo, Benjamin Black, autor de turbadoras y críticas novelas policiacas".
Como Benjamin Black ha publicado también La rubia de ojos negros (2014), en la que resucita al detective Philip Marlowe de Raymond Chandler. Asumilir el lugar de Chandler para traer a la vida este personaje legendario "ha sido una gran aventura" reconoce el autor en declaraciones a TVE. Esta obra, junto con Antigua Luz (2012), firmada con su nombre real, son sus últimos títulos. Más información y vídeos en RTVE