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jueves, 6 de julio de 2017

El agua, el águila: la y el ante nombres femeninos

Ante las dudas que surgen a menudo en el uso de artículos y adjetivos con los sustantivos femeninos que empiezan por a tónica, se ofrecen a continuación una serie de claves.

Imagen de Nick Veasey
1. Cuando el artículo determinado va inmediatamente antepuesto a un nombre común, este adopta casi siempre la forma el en lugar de la: el águila, el hacha. Esa regla no se aplica si se intercala otro elemento entre el artículo y el nombre, por lo que es la atroz hambre y no el atroz hambre, la misma arma y no el mismo arma…

2. La hache muda, como se comprueba en los ejemplos anteriores, no impide que se adopte la forma el.

3. Eso no convierte la palabra en masculina, por lo que los adjetivos y otros elementos siguen concordando en femenino: el aula magna, el arma blanca, con toda el alma, el agua de la que depende el pueblo está contaminada.

4. Los plurales conservan la forma las: las águilas, las hachas, las anclas, las armas, las aulas.

5. Mantienen el artículo la los nombres de letras (la hache), los de persona (la Ana de la que hablé) y cierto número de voces de reciente incorporación que se refieren a personas (la árbitra, la árabe).

6. En los diminutivos de estas voces la a inicial no es tónica, por lo que van precedidas de la (la agüita, la hachita), al igual que en composiciones como la aguanieve.

Imagen de Nick Veasey
7. Con un, algún y ningún se admiten ambas posibilidades: un acta o una acta, algún acta o alguna acta, ningún hambre o ninguna hambre.

8. No alternan en cambio otro, todo, mucho, poco, demasiado…, ni los demostrativos, por lo que lo adecuado es esta ave, toda área, poca agua, otra habla.

9. En las siglas, es preferible emplear el artículo que corresponde al desarrollo: la APA, pues es la asociación de padres de alumnos, pero el ALCA, ya que es el Área de Libre Comercio de las Américas.

10. Esta regla solo se aplica al artículo que va ante sustantivos, no ante adjetivos, adverbios ni preposiciones: la árida llanura, la agria polémica, la antes ama de casa, la hasta ayer diputada, la misma arma, el alma mater.


11. Si la a inicial no es tónica, se siguen las normas generales: aceite es una voz masculina y será el aceite y los aceites, mientras que harina es una voz femenina y será la harina y las harinas. Las palabras azúcar y arte son casos excepcionales de concordancia que presentan diversas peculiaridades.

Más en Fundéu (Fundación del Español Urgente)

domingo, 4 de agosto de 2013

El agua, la árbitra


Emplear “este agua” en vez de “esta agua”: se trata de un error extendido en España y muy raro en América este de alterar el género del adjetivo determinativo cuando le sucede un sustantivo femenino que comienza por a tónica.
La doctrina académica es tan clara como el agua (o como esta agua): ante tal palabra y otras similares, estos determinativos deben ir en forma femenina (Diccionario panhispánico de dudas, en la entrada ‘agua’).
Las palabras que empiezan por a tónica (es decir, la que recibe el acento prosódico o acento de voz) van precedidas de artículo masculino o adjetivo determinativo femenino. Pero de repente llegan las excepciones. ¿Qué hacemos con los artículos y los adjetivos que precedan a la palabra árbitra, ahora que algunas han ascendido de jueces de línea (o juezas, si se prefiere así) a colegiadas? Con arreglo a la norma, deberíamos decir “el árbitra”. ¿O preferimos “la árbitra”? ¿O “la árbitro”? ¿Y “este árbitra”?
Bibiana Steinhaus, primera mujer que dirige un partido
en la máxima categoría del fútbol alemán

La Nueva gramática (página 1.089) indica que “árbitra” cumple las condiciones fonéticas que desencadenan la aparición de la variante apocopada (normas que darían “el árbitra”), pero recomienda caminar por otros derroteros, porque árbitra “se usa con el artículo una, opción que se recomienda”. Y el Diccionario panhispánico precisa: “Con los sustantivos referidos a seres sexuados que han comenzado a usarse en femenino en los últimos años, no funciona ya, de manera espontánea, la norma que tradicionalmente asigna a los sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica la forma el del artículo. Así, la mayoría de los hablantes dicen ‘la árbitra’, marcando el género de forma regular en el artículo, a la vez que queda explícito este en la terminación femenina del sustantivo”.

Pero podemos ir algo más allá, porque nos hallamos una vez más ante las diferencias entre género y sexo (tan difuminadas hoy en el léxico político y periodístico): esa distancia entre la gramática y la biología. Con la gramática en la mano, no distinguimos entre el águila y el águilo, ni entre el hacha y el hacho, ni entre el agua y el aguo. Pero sí entre el árbitra y el árbitro, ya que ambos tienen diferenciados tanto el sexo como el género, frente a lo que ocurre en los otros casos. Así que en esta oportunidad puede desdoblarse el artículo: la árbitra y el árbitro; y “este árbitro”, “esta árbitra”.

Por tanto, debemos decir, si queremos expresarnos conforme a la norma culta del idioma, “el agua” y “la árbitra”, “esta agua” y “esta árbitra”. Las reglas admiten sus excepciones, pero casi siempre las excepciones tienen a su vez una norma, o su explicación, su origen. Y cualquiera puede equivocarse, por supuesto. Incluso en el lugar menos adecuado. Uf

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