Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Hernández. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Hernández. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de marzo de 2017

Cantando a Miguel Hernández, de Camarón a Nach

  • En el 75 aniversario de su muerte recordamos voces del flamenco, la canción de autor, el rock y el rap que han reivindicado los versos del poeta
Retrato realizado por Antonio Buero Vallejo.
La dedicatoria dice: Para Miguel Hernández, en
recuerdo de nuestra amistad de la cárcel (25-I-XL)

Decía Pablo Neruda que recordar a Miguel Hernández, desaparecido en la oscuridad, era un deber de amor. El poeta de Orihuela falleció con 31 años de tuberculosis en la enfermería de la prisión de Alicante, condenado por el franquismo. Desde entonces y hasta este martes 27 de marzo, que se cumple el 75º aniversario de la fecha de su muerte, son muchos los cantantes que han prestado voz a poemas de Hernández.

lunes, 16 de mayo de 2016

Josefina Manresa, la pasión de Miguel Hernández

  • La viuda del poeta de Orihuela dedicó toda su vida a cuidar el legado de su marido. Se reeditan ahora sus memorias, donde ofrece un retrato íntimo de su vida en común
  • Apenas convivieron unas semanas, pero el tiempo que pasaron juntos fue suficiente para que algunos aspectos de la vida del poeta sólo los pudiera conocer Josefina
Saila Marcos
“Mi querida nena”, “mi querida esposa, “mi querida Josefinilla”. Así encabezaba Miguel Hernández las decenas de cartas que le escribió a su mujer. Fueron muchas, tantas que su relación se podría considerar básicamente epistolar, ya que apenas convivieron unas semanas después del matrimonio y algunos días de permiso que el poeta tuvo durante la guerra. Se conocieron en 1933, formalizaron el noviazgo en 1934 y se casaron en 1937, pero Miguel pasó la mayor parte del tiempo lejos de casa: de viaje (Madrid, París, Suecia, Rusia…), en el frente y, finalmente, en la cárcel. Sin embargo, él le escribió prácticamente todos los días. Aquella mujer casta y sencilla, como los versos que le dedicó el poeta, fue su musa y su gran amor.

Este año se cumple un siglo del nacimiento de Josefina Manresa en Quesada, Jaén, y por ello Ediciones de la Torre acaba de reeditar sus memorias, Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández, publicadas por primera vez en mayo de 1980.

El valor del relato de Josefina, que en un principio puede resultar incluso ingenuo, reside en los pequeños detalles: la vida cotidiana, los olores, lo que le gustaba comer a Miguel, el apuro que le daba a Josefina no saber cocinar.

“El tiempo que pasaron juntos fue suficiente para que ciertos aspectos de la vida de Miguel sólo los pudiera conocer ella”, explica De la Torre, “no hay que olvidar que las biografías de Miguel Hernández han sido siempre escritas por intelectuales y, sobre todo, son muy hagiográficas.  Josefina cuenta detalles muy entrañables, domésticos… Ese tipo de cosas no aparecen más que ahí”. Ese tiempo de convivencia también fue suficiente para engendrar dos hijos: Manuel Ramón (que falleció a los 10 meses, en 1938); y Manuel Miguel, a quien dedicó las famosas 'Nanas de la cebolla'.

Preservar el legado del poeta
Puede que por la aparente sencillez de lo que cuenta, Josefina advierta en el prefacio: “Haber escrito esto, para mí que no soy de la familia de las letras, ha sido un gran trabajo”. Fue una labor de algo más de dos meses, según recuerda su nuera Lucía Izquierdo, en la que echaron una mano su hermano Manolo y su hijo Manuel Miguel. “Era muy reservada con su vida íntima”, añade, "pero poseía una memoria prodigiosa", por lo que sus amigos no dejaron nunca de pedirle que se animara a contar su vida. Le ayudó también la necesidad de enmendar muchos de los errores que fue encontrando en publicaciones y biografías del poeta. Josefina no escatima correcciones (y reproches) a quienes han publicado datos falsos o textos sin su autorización. Las críticas son duras y abundantes. En ese prurito por preservar la obra y la memoria del poeta, Josefina subraya que su intención era la publicar lo más selecto de la producción de Miguel —lo que más le satisfacía—, pero que la “gente, sacando de un sitio y de otro, sin ninguna autorización, me quitó el derecho de hacerlo yo cuando fuera conveniente”.

Una mujer tradicional
Sencilla, tradicional, católica y recatada, hasta los 15 años no tuvo “amigas de salir de paseo”. Algunas de los pensamientos de Josefina cuando era una joven costurera reflejan el clima de recato y beatería de la región: le avergonzaba que Miguel vistiera espardeñas con orgullo; y en un momento de la narración añade: “Era costumbre guardar lo mejor para el marido y a Miguel no le parecía nada bien eso”. Sin embargo, el punto de encuentro entre ella y el poeta fue su vitalidad. “La forma de ser de Josefina encandiló a Miguel. Ella era muy simpática, graciosa y alegre”, recuerda Izquierdo. Con el tiempo, Josefina se hizo más taciturna y reservada. Su vida no fue fácil y se le fueron acumulando motivos para el duelo: su padre, guardia civil, fue asesinado al principio de la guerra; su madre, fallecía días después de su boda con Miguel; y en 1938, moría su primer hijo.
Josefina Manresa sentada en un árbol, en agosto de 1936.  FAMILIA DE MIGUEL HERNÁNDEZ
Josefina Manresa en 1936 (Familia de Miguel Hernández)
Después vino el encarcelamiento y la agonía del poeta. Como se habían casado por lo civil, tuvieron que repetir la boda por el rito católico, pocos días antes del fallecimiento del poeta, el 28 de marzo de 1942. La escena que describe Josefina de aquel segundo matrimonio es especialmente dura: Miguel no se podía mover de la cama y la boda se celebró con él tirado en un jergón. “Y así se fue Miguel al otro mundo: con todas sus ilusiones, con todos sus deseos, con toda su honradez y con toda su tristeza que solamente sé yo”, escribe al final de sus memorias. A ella, que falleció en 1987, Miguelillo -como le apodaba cariñosamente Vicente Aleixandre- le dejaba escrito versos llenos de emoción:

“No tienes más quehacer que ser hermosa,
ni tengo más festejo que mirarte,
alrededor girando de tu esfera.”

Extracto del artículo de Saila Marcos. El texto completo en InfoLibre


sábado, 27 de junio de 2015

Sus cartas iluminan la vida de la Generación del 27

arcos 27 JUN 2015 

Aleixandre y Hernández vistos por Sciammarella
La reciente publicación de las cartas de Vicente Aleixandre a Miguel Hernández demuestra a las claras el “amor especial” del futuro premio Nobel hacia el poeta-pastor de Orihuela, pero también contribuye a completar el retrato de una generación, la del 27, que llegó a los libros de texto rota por la Guerra Civil y envuelta en una aureola de perfección estética y ética.

Es precisamente ese fulgor el que se ha ido matizando con la publicación de sus epistolarios. Así, la aparición en 2002 de las cartas de Pedro Salinas a Katherine Whitmore certificó que la verdadera destinataria de los versos de La voz a ti debida y Razón de amor, dos de los grandes poemarios amorosos de las letras hispánicas, no era la señora Salinas sino una profesora estadounidense a la que el escritor había conocido en el verano de 1932.

 “Crear con los hilos de esta correspondencia un mundo netamente diferenciado del otro. El otro es alrededores”, le escribe el poeta a su amada. Ni que decir tiene que el retrato oficial se hizo durante décadas con los alrededores vitales de este escritor que ya diez años antes de que se publicaran esas cartas había protagonizado otra revelación epistolar. Las puyas de Luis Cernuda hacia el propio Salinas, del que había sido alumno en Sevilla, se consideraron fruto de la susceptibilidad del autor de La realidad y el deseo hasta que la aparición en 1992 del epistolario entre el maestro y su amigo Jorge Guillén demostró que no todo eran manías de hiperestésico. En su correspondencia, los senior del 27 se refieren al joven como “el Cernudo” al tiempo que lamentan no haber podido “evitar” la salida de su primer libro.

Las fotografías de grupo y la mitología letraherida hicieron de los llamados poetas de la República la generación de la amistad. Sus cartas, sin embargo, no paran de iluminar ángulos diferentes.

domingo, 31 de mayo de 2015

El amor sin límites de Vicente Aleixandre por Miguel Hernández

La edición de cartas inéditas del Nobel español obliga a mirar su obra poética con otra luz

 Madrid 31 MAY 2015 | El PAÍS

Más de medio siglo estuvo oculto en la oscuridad de un baúl de haya el amor especial de Vicente Aleixandre por Miguel Hernández.
Todo empezó con una carta en una primavera como esta, hace ya 80 años. La amistad de dos de los grandes poetas españoles del siglo XX que parecen eternizados en esquinas opuestas de la vida, la literatura y en el imaginario de la gente, pero que proceden del mismo punto al estar interesados en los secretos del amor y la muerte y reconocer que “son dos caras de la misma moneda”. Estaban, están, unidos por la belleza de descubrir en su vida y poesía lo que une al amor y la muerte.
De eso están hechos, y eso son, Aleixandre (1898-1984) y Hernández (1910-1942). Un Vicente Aleixandre generoso que sintió un amor embelesado y sin límites por el poeta de Orihuela que no se conocía hasta hoy, y al que llamaba “Miguelillo de mi corazón”,
Esa bella y secreta oscuridad es iluminada en un legado único: De Nobel a novel. Epistolario inédito de Vicente Aleixandre a Miguel Hernández y Josefina Manresa (Espasa), en edición de Jesucristo Riquelme. Hace año y medio se dio noticia de esta correspondencia al ser adquirida por la diputación de Jaén. Son 309 cartas escritas del puño y letra de Aleixandre, 26 de las cuales son a Hernández, entre 1935 y 1938, y el resto a su esposa Josefina Manresa, hasta el año de su muerte en 1984.