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lunes, 24 de julio de 2017

‘Cocreta’ no está en el ‘Diccionario’


'Cocreta' nunca se incluyó en el Diccionario. Aunque podía haber ocurrido. En esa forma popular y vulgar se aplica el mismo tipo de metátesis (o transposición de una letra) que ya se produjo en cocodrilo (etimológicamente crocodilo). Y eso se parece a lo que sucedió con murciélago (etimológicamente, 'murciégalo': ratón ciego; del latín mus, muris, ratón, y caecŭlus,ciego).

Pero lo de 'cocreta' da mucho juego. Un eminente académico suele pedir 'cocretas' en los restaurantes por pura broma, ante el desconcierto general.

Ahora bien, tanto 'murciégalo' como 'almóndiga' aparecen en el léxico de la Academia con sendas marcas que desaconsejan esos vocablos; se califican ambos términos como “en desuso” y se les añade la tacha de vulgaridad.

Y ahí está la clave del actual criterio académico. Una abogada puede espetarle a su hermano “no tienes ni puta idea de derecho fiscal”, pero en una vista oral preferirá decir al ministerio público: “Creo que la fiscalía no ha considerado en su exposición la última reforma aprobada sobre el IVA”. Las dos frases son lingüística y gramaticalmente correctas, sin embargo “ni puta idea” no se considera elegante. Igual que 'almóndigas'.

El problema de fondo, coinciden algunos lingüistas, se da cuando un hablante sólo puede usar el registro vulgar porque no ha recibido la formación necesaria para expresarse con un español más culto. El artículo completo de Álex Grijelmo en El País

miércoles, 19 de julio de 2017

“Iros” será correcto, pero con matices

  • La decisión de la Academia no ha cumplido aún el trámite de América, y además se prefiere "idos"


Ilustración de Eva Vázquez
El País, 22 de julio de 2017
La Real Academia ha aceptado como bueno el imperativo “iros” (si bien no se ha completado aún el proceso en las Academias de América). Hasta ahora se consideraba correcta solamente la formación creada con el imperativo del verbo ir y el enclítico os: “idos”.

La Real Academia Española suele dar por válido lo que los hablantes expresan con insistencia; y el Diccionario ha dejado de ejercer aquella función normativa que aún se le otorga por el recuerdo de los viejos tiempos. Antes de incorporar una palabra (o una alteración gramatical como sucede en este caso), los académicos examinan sus bancos de datos (compuestos por más de 400 de millones de registros) y deciden si ha adquirido un uso general. Por tanto, todo vale si la gente lo decide con su práctica cotidiana. Y de ahí salen los todovalistas. Pero no todo lo que vale se sitúa en el lado de la tradición, la belleza, el ritmo, la gracia y el donaire. Y desde esos púlpitos hablan los puristas.

Una cosa es que un término sea correcto, y otra que uno elija usarlo. Por ejemplo, un todovalista admitirá como buena la palabra "mierda", por supuesto, pero eso no significa que la vaya a pronunciar en un ambiente de cortesía y cierta formalidad. Y un purista preferiría rechazar la opción "iros", pero será consciente de que el lenguaje coloquial toma a veces decisiones que contradicen la norma culta y la etimología.

La propia Academia difundió un comunicado, en el que viene a situarse precisamente en ese terreno compartible: la norma culta, aclara, sigue prefiriendo "idos", pero puede darse como válida la opción "iros", "extendida incluso entre hablantes cultos".

Y atención: no hay que confundir el imperativo "iros" con el infinitivo "iros" que siempre ha sido correcto y no se puede sustituir por "idos". Por ejemplo en "podéis iros todos a la porra", pongamos por caso.

Ahora bien, el imperativo "iros" funcionaría como excepción, dice el comunicado de la RAE, puesto que "no se debe extender esa fórmula a otros verbos". Por tanto, lo aceptable sigue siendo "marchaos", "callaos", "sentaos"…

Así que no se podrá censurar ni corregir el uso de "iros". Pero siguen teniendo motivos para su purismo quienes crean que "idos" es más elegante. El texto completo de Álex Grijelmo en El País

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lunes, 27 de marzo de 2017

33 palabras en español complicadas de pronunciar incluso para los españoles

La jerga médica y científica está llena de términos casi imposibles de pronunciar: electroencefalografista, desoxirribonucleico o dimetilnitrosamina, por citar solo tres. Pero es que, sin irnos a los tecnicismos, el español, este idioma rico, bello y tan inspirador, presenta decenas de palabras de uso habitual que incluso a nosotros, los propios hispanohablantes, nos resultan tremendamente complicadas de vocalizar con soltura.

Las razones son variadas. Por un lado, como apunta Carmen Pérez Araujo, logopeda del centro ISEP Clínic Madrid, si no hay un problema físico y sabemos pronunciar todos los sonidos, “la complicación reside en las combinaciones que se producen, porque cuantas más consonantes seguidas, más difícil nos resultará la palabra. Como transgresor, Israel o monstruo”. Por otro lado, a la hora de vocalizar con destreza, la dificultad de la palabra puede presentarse por el hecho de usarse con muy poca frecuencia. “La palabra transportista tiene dificultad porque algunas de sus sílabas están formadas por muchas consonantes; mientras que caleidoscopio presenta más complicación por su escaso uso que por los fonemas o sonidos que contiene”, especifica la propia Pérez Araujo.

Rebuscando entre esas voces que suponen un auténtico martirio, incluso para el más refinado castellano, hemos querido saber por qué palabras más o menos sencillas acaban siendo alteradas y mal dichas; por qué metacrilato puede ser una bomba de relojería en un discurso; esparadrapo, el desencadenante de nuestra mala imagen como oradores, y pasteurizado, en caso de que no prestemos atención a la articulación, acabe con nuestra paciencia y la de nuestro oyente.

Las trampas de la mente
Debemos tener presente los mecanismos, a veces tramposos, del cerebro. Falsas identificaciones de una palabra con otra, por ejemplo, pueden empujarnos a cometer torpezas incluso en términos muy sencillos. De muestra, el misterioso caso de viniste. ¿Por qué decimos mal algo aparentemente tan fácil? “Es un problema de analogía morfológica con la segunda persona vienes y que entra dentro de la estimación social de la forma vinistes a la que la norma actual considera vulgar y que considera que no debe utilizarse”, explica el académico Blecua. Que quede claro: la segunda persona del singular del pretérito perfecto simple del verbo venir no es vinistes ni veniste, sino viniste.

La lista de palabras mal dichas y aquellas que se convierten en puro trabalenguas es larga: ventrílocuo, idiosincrasia, institucionalización, cronómetro, antihistamínico…

El nivel cultural
Bien por un escaso nivel intelectual del hablante o por el entorno en el que nos hallamos, también se puede meter la pata, y hasta el fondo. Por ejemplo, se puede llegar a decir esparatrapo en vez de esparadrapo solo porque las últimas sílabas de la primera versión suenan a algo familiar; y, quizás, haya a quien el término correcto le resulte totalmente desconocido.

Por otra parte, habría que contar con los malos hábitos que hemos ido adquiriendo y que nunca hemos corregido. “Puede ocurrir que la primera vez que se escuchó una palabra se hizo lo que llamamos una discriminación auditiva, es decir, no procesamos la palabra exacta como era, sino que se hizo una aproximación a cómo se dice porque los fonemas a nivel auditivo son muy similares, se sustituye uno por otro y se acaba interiorizando como si la palabra estuviera bien dicha. Suelen ser fallos que se extienden no solo al individuo, sino a su entorno. Por ejemplo: palacana en vez de palangana; furboneta en vez de furgoneta; cocreta en vez de croqueta; y abuja en vez de aguja. "Esto nos puede ocurrir al escuchar una palabra por primera vez, tanto cuando somos niños como, incluso, ya de adultos”, advierte la experta logopeda.

Hay abundantes ejemplos de estos errores: idiosincracia en lugar de idiosincrasia, midicina por medicina; acituna por aceituna; pediórico por periódico; o tortículis en lugar de tortícolis. Más en El País


domingo, 30 de octubre de 2016

Al loro, que esto mola


  • Retrato de cómo hemos cambiado a través de cuatro decenios de lenguaje coloquial en España
Álex Grijelmo


Casi nadie dice ya “¡ábate ése!” ni “¡chipén!”, expresiones conocidas en la España de principios del siglo XX. El lugar de la primera (formada con el imperativo del verbo “abarse”) ha sido ocupado por “¡ojo con ese!“, “¡cuidado con aquel!”; y el espacio de la segunda acoge hoy a “guay” (a veces del Paraguay). Del mismo modo, el “haiga” de otro tiempo se convirtió en un “buga”; y la “gachí” de antaño es hoy un “pibón”. Ahora los tacos se oyen incluso en los medios informativos, y no son reserva expresiva de los varones, pero antes cualquier sorpresa animaba a exclamar “cáspita”, “córcholis” o “caramba” para no decir “carajo” (término considerado entonces malsonante, más que ahora).

A veces un neologismo sirve para que los integrantes de un grupo se reconozcan entre sí, de tal modo que nadie puede pertenecer a determinada tribu si no usa el lenguaje que en ella se ha establecido tácitamente. Después, el término resultará gracioso o adecuado en otras colectividades, que lo adoptan como signo de modernidad.

Los años setenta y ochenta alumbraron una eclosión de vocablos, a menudo salidos del hampa, que dieron por vez primera el salto al lenguaje general y a los medios de comunicación, antes muy mojigatos.

Uno de los términos que más triunfaron llegó al lenguaje general desde el cheli (“jerga con elementos castizos, marginales y contraculturales”), y tiene valor de aviso: “¡Al loro!”. En otras épocas la prevención consistía en estar “al arma” (se supone que de ahí viene el término que une las dos palabras), pero con “al loro” se trataba de aguzar los sentidos y no la munición. Según Mariano Hormigos (Frases, timos y decires, Ediciones La Librería), en cheli se llamaba “loro” a la radio; y “estar al loro” significa en un principio hallarse informado, atento a las noticias; de lo cual se derivará el nuevo sentido figurado de permanecer en alerta para avisar a los demás si se atisbase un peligro.

La lengua y las jergas de los gitanos han aportado muchos de esos modismos, alentados por su prestigio como términos que denotaban una pertenencia alternativa. Del caló procedía, por ejemplo, “fetén” (1984: “auténtico”, “verdadero”); o “chungo” (1992: “feo”); y también es un gitanismo “pinrel” (pie) , incorporado por la Academia en 1936 y que se extendió mucho más en la segunda mitad del siglo XX gracias a la ayuda inestimable del humorista Forges; por ejemplo, en la expresión “le cantan los pinreles” (hermana de “le cantan los alerones”, en este caso para nombrar los sobacos).

El “chipén” originario también procedía del caló; y significaba “así es” o “en verdad”, pero luego tomó el camino de lo ponderativo para expresar un elogio: “extraordinario”, “fuera de lo común”. Pero como tantos otros términos de gran éxito en el lenguaje coloquial, su uso se fue diluyendo. En su lugar surgieron “chachi” y el ya mencionado “guay”: “Esta cerveza está chachi”, “qué fiesta tan guay”. Y como signo de aprobación se recuperó el viejo “dabuten” (antiguamente “de buten”). Sin olvidar el nuevo valor adverbial de “teta” en esa misma familia elogiosa: “Lo pasamos teta”. Seguir leyendo en El País



lunes, 8 de octubre de 2012

Cuatro textos narrativos coloquiales


1.-

Portada del libro
Me jode ir al Kronen los sábados por la tarde porque está siempre hasta el culo de gente. No hay ni una puta mesa libre y hace un calor insoportable. Manolo, que está currando en la barra, suda como un cerdo. Tiene las pupilas dilatadas y nos da la mano, al vernos
-¿Qué pasa, chavales? ¿Habéis visto el partido, troncos? -pregunta.
-Una puta mierda de equipo. Del uno al once, son todos una mierda -dice Roberto.
-Me han jodido el baño en Cibeles, tronco. Si esto sigue así, acabaré haciéndome del Atleti. A ver, ¿qué queréis?
Pillamos una mini y unas bravas.
Roberto echa una ojeada a nuestro alrededor para ver sí Pedro ha llegado. Luego mira su reloj y dice: joder con el Pedro, desde que tiene novia pasa de todo el mundo.
-¿Hemos quedado con alguien más? -pregunto.
-Sí. Con Fierro, Raúl y con Yoni.
-¿Quién es Yoni?
-Un amigo de Raúl. Un tío guay, nada que ver con el pesado de Raúl. Allí, en Marbella, en Semana Santa, nos lo pasamos de puta madre con él.
Hay una mesa que se ha quedado libre y le digo a Roberto que la pille, rápido, antes de que nos la quiten.
-Joder, ten cuidado, que casi me tiras el litro.

Cartel de la película

José Ángel Mañas


2.-


Doña Antonia.- Allí hay unos pisos estupendos, en Villaverde. Pero mejor en Móstoles. Eso ha dicho mi marido. Y a acabar la carrera, que sin una carrera hoy no se va a ningún sitio. Ya ves mi marido, con cincuenta años y todo el día estudiando. Llega a casa y se pone con los libros. Quién le ha visto y quién le ve. Cómo cambia todo en España, hija. Antes es que si le ves no le conoces. Pero de eso es mejor no hablar. (...) ¡Ay, Señor, Señor! ¡Qué hombres! ¡Que todo en la vida tenga que ser siempre sufrir! Y que las cosas son como son, y que no les des más vueltas. En las reuniones nuestras neocatecumenales, que lo contamos todo, se escuchan casos que te ponen los pelos de punta. Allí desde luego lo hablamos todo, hija. Todos somos pecadores, y las cosas a la luz, que la mierda, con perdón, si no corre atasca el water. Las cosas claras, y el chocolate, espeso. El que bebe, va allí, y lo cuenta. Y el que le pega una paliza a su mujer, lo cuenta también, y se arrepiente, y se da cuenta de que es un pecador, que eso es lo importante. A veces acabamos todos llorando. Y luego las separaciones, con todo el sufrimiento de los hijos, que se los reparten como si fuesen monedas de a duro: éste para ti, éste para mí; éste me toca los sábados y los domingos, y quince días de agosto. ¡Ay Dios mío, qué mundo este! Yo es que enchufo la televisión y me da algo: muertos tirados por todas partes, que siempre te los sacan a lahora de comer para mas inri. Una vez fue uno allí a confesarse, ya sabes que allí nos confesamos en voz alta como te digo, delante de todos. Bueno, pues fue allí, nosotros no lo conocíamos de nada, pero va tanta gente que vete tú a saber. Pues llegó allí, y empezó a decir guarrerías que había hecho con otro tío. ¡Qué vergüenza! A mí esas cosas me dan mucho asco, qué quieres que te diga. Hay cosas que no se deberían confesar, o no dar tantos detalles, por lo menos. No eran artistas, ni nada. Era un albañil en paro y un mecánico de un taller de motos.


Protagonistas de la película basada en la obra de teatro
de Alonso de Santos
José Luis Alonso de Santos



3.-

Portada del libro
-Era castaña, coño, y no me interrumpas que pierdo el hilo... Sería más bien Argentina, bueno, no me acuerdo, lo mismo da, era a tomar por culo de aquí, eso seguro, y a ella le pareció bien, que era un arreglo bueno para todos, y entonces apareció Pedro hecho una furia, el mismísismo demonio parecía, me acuerdo como si ayer mismo le hubiera tenido delante porque me pilló en el pueblo haciendo la compra, aquí no le esperábamos, nadie nos avisó de que fuera a venir, era un martes, la una de la tarde, en primavera, mayo seguramente, hacía muy buen día, si hasta de eso me acuerdo... Todavía lo estoy oyendo chillar, lo mismo que chilla un cerdo a medio degollar, con una voz que no le salía de la garganta, te lo juro, Paulina, que le nacía del puro centro de las tripas, y con las tripas llama a Teófila a grito pelado, desde la plaza, y sólo de oírle se me pusieron los pelos de punta, porque nunca le había visto tan desesperado, ni el día que murió su padre, ni el día que enterró a su madre, nunca, y nunca he vuelto a verle así, ni cuando nació Pacita, que parecía un toro moribundo, con ese velo que se les pone en los ojos cuando están ya cuajados de banderillas y con la espada en la cruz, así estaba, las cejas le echaban chispas y el cuerpo entero le temblaba como si tuviera fiebres, del empacho de rabia que llevaba dentro.

Almudena Grandes

4.-

Cartel de la película
-¡La lianta lo será tú, Paulina! Y te advierto que me tienes hasta las narices ya, con tanto llevarme la contraria, que tú en invierno estabas en Madrid, y en verano pegada todo el día a las faldas de la señora, así que ni la veías, y Teófila era igual que Lala, ¿me oyes?, igualita... Más baja, eso sí, y menos fina, sin los potingues que la otra se pringa en la cara, ni esa ropa indecente que lleváis todas ahora, o sea, una chica de pueblo, con una bata de flores y las manos rojas de tanto fregar con agua fría, en eso como todas, pero por lo demás, clavada, pero es que clavada a su hija, si me acordaré yo... Mujer, sin ese par de tetas que tiene Lala ahora, eso sí, que el año pasado casi le arreo una bofetada, de lo nerviosa que me llegó a poner, venga a repetirme que ella siempre había tenido mucho pecho, como si yo no me acordara, la muy sinvergüenza... ¡Quita de ahí!, la dije al final, ¡y déjame en paz de mentiras ya, que estaré vieja, coño, pero nunca he sido tonta!






Variedades de la lengua


VARIEDADES DE LA LENGUA


1.- Niveles culto, medio y formal

  • Mantienen un discurso fluido y continuo.
  • Favorecen y aumentan las posibilidades comunicativas.
  • Estructuran adecuadamente la exposición de las ideas.
  • Disponen de amplios recursos léxicos.
  • Utilizan las palabras con precisión.
  • Su variedad morfosintáctica permite formular los mensajes de distintas maneras.
  • Utilizan correctamente numerosos nexos gramaticales.
  • Utilizan una gama variada de formas verbales.

2.- Nivel coloquial o familiar

  • Vacilaciones, falta de fluidez en la expresión: frases inacabadas, señaladas en los textos por lo puntos suspensivos, o concluidas con expresiones imprecisas o inespecificativas del tipo ...y tal, ...y no sé qué, ...y eso. La falta de fluidez se manifiesta también por la repetición de una idea o de una frase. Es muy frecuente que la repetición sea intencionada para insistir o resaltar o asegurar que el mensaje ha sido oído y comprendido. El contexto nos dirá si se trata de una repetición intencionada o provocada por la falta de vocabulario, por ejemplo.

  • Vocabulario limitado y con cierta imprecisión.
Se utilizan repetidamente verbos como hacer, haber y tener con múltiples significados y en lugar de otros más precisos (hacer una casa por construir una casa; tener una gran actividad por desarrollar una gran actividad; hay una fiesta por se celebra una fiesta).
El verbo pegar también puede usarse con múltiples significados: pegar una bofetada, pegarse un tortazo con el coche, pegar un cartel en la pared, pegar la paliza, pegársela a alguien...
Se emplean comodines (cosa y bicho, por ejemplo, cuando la primera designa cualquier objeto y la segunda cualquier animal o ser vivo), muletillas (palabras o expresiones que se repiten inconscientemente como un tic verbal (o sea, bueno, por consiguiente) y frases hechas (son uña y carne, la carne de burro no se transparenta, el tiempo es oro, la pelota sigue en el tejado, lo llevas claro, no le ha faltado el canto de un duro, estoy hasta el gorro).

  • Tendencia a la sencillez en la ordenación sintáctica de los mensajes. Abundan las oraciones cortas y se dice en primer lugar lo que más interesa (zumos ¿tiene?). La presencia constante del yo hablante se manifiesta, obviamente, por el uso de la primera persona en los verbos, pronombres y determinantes, y también porque se coloca el yo al iniciar el discurso o una oración, incluso cometiendo incorrecciones sintácticas (yo, por ejemplo, en vacaciones me gusta comer; yo eso no me gusta; yo a mí me parece...).

  • Restricción en el uso de formas y modos verbales (se suele excluir el subjuntivo).

  • Fuerte dependencia del contexto y del paralenguaje (gestos de manos y ojos). Por eso, se omiten palabras (elipsis), que se suplen por sobreentendidos, por deixis o por la entonación.

  • Apelación constante al receptor mediante el uso de vocativos, imperativos... (escúchame, Pepe).

  • Aparecen expresiones afectivas como diminutivos (es feíllo) o aumentativos (¡que cabezota!), apelativos cariñosos (ven aquí, cuchufleta), interjecciones (propias como ¡ay! o impropias, es decir, sustantivos, verbos o frases con valor emocional y no semántico: ¡dios!, ¡la virgen!, ¡será posible!, ¡mierda!, ¡coño!, ¡joder!, ¡y una leche!, ¡ahí va! -léase como se pronuncia, ahivá), exclamaciones (¡vaya tela!), exclamaciones interrogativas (pero ¿¡que me dices!?).
La expresividad y la afectividad son la esencia del leguaje coloquial.

  • Uso frecuente de recursos retóricos para aumentar la expresividad: comparaciones (me puso la cabeza como un bombo), metáforas (se quedó de piedra, eres un cielo, eres un burro), repeticiones (es un trabajo duro, duro), hipérboles (casi todas las comparaciones del leguaje coloquial son hiperbólicas, me puso la cabeza como un bombo, va como una moto), ironía (bonita manera de hacer las cosas…).

  • Uso de adjetivos y de adverbios con significado muy expresivo y que se subraya además con la entonación: horroroso, fatal, espantoso, maravilloso, impresionante, horrosamente, faltamente...

  • Puede aparecer algún vulgarismo y palabras del argot juvenil o del argot delictivo.

  • Vocabulario coloquial. En el DRAE aparecen como lenguaje coloquial: bailongo y bailonga (persona a la que le gusta bailar), basca (pandilla, grupo de amigos o de personas afines), borde (esquinado, impertinente, antipático), caballo (heroína, droga adictiva obtenida de la morfina), cantidad (como adv., mucho), canuto (porro, cigarrillo de hachís o marihuana), chocolate (hachís), chollo (ganga, cosa apreciable que se adquiere a poca costa o con poco trabajo), chorrada  (necedad, tontería), chulada (cosa chula, linda), colega (amigo, compañero), currar (trabajar), curro (trabajo), palo (daño o perjuicio, también robo o atraco; se usa con los verbos dar, llevar o recibir), pirado (persona alocada), plasta (persona excesivamente pesada), pringado (persona que se deja engañar fácilmente), polvo (coito, se usa más en la expresión echar un polvo; se considera también vulgarismo), tío (persona de quien se pondera algo bueno o malo: aquel tío ganó una millonada,  Juan es un tío saltando, ¡qué tío!; o persona cuyo nombre y condición se ignoran o no se quieren decir: nos recibió un tío con poca amabilidad; o como apelativo para designar a un amigo o compañero, con este uso también lo considera un vulgarismo), trepar (elevarse en la escala social ambiciosamente y sin escrúpulos), untar (corromper o sobornar a alguien con dones o dinero), vaina (persona poco seria e irresponsable), vela (mocos que cuelgan de la nariz, especialmente tratándose de los niños), vidorra (vida regalada), zanganear (andar vagando de una parte a otra sin trabajar), zángano (hombre holgazán que se sustenta de lo ajeno), zurrar (castigar a uno, especialmente con azotes o golpes).



3.- Nivel vulgar

  • Emisión discontinua, alterada y dispersa del discurso.
  • Desorden en la exposición de las ideas.
  • Pobreza de recursos léxicos; sobre todo, para establecer matices diferenciadores.
  • Imprecisión en la ordenación de los elementos sintácticos; es decir, al ordenar las palabras en la frase, en el discurso.
  • Vacilación en la formulación del mensaje, por lo que se recurre repetidamente a fórmulas explicativas (o sea, es decir, mejor dicho...).
  • Abundantes recursos de apelación: preguntas directas, mandatos...
  • Usos limitados de formas verbales, predomina el presente de indicativo.
  • Uso de vulgarismos:
Fonéticos:        -Cambio de posición de las consonantes (cocreta por croqueta, Grabiel por Gabriel...).
-Vacilación en la pronunciación de las vocales átonas (tiniente por teniente, medecina por medicina...).
-Reducción de diptongos (concencia por conciencia, pacencia por paciencia, po por pues...).
-Adición de vocales a comienzo de palabra (amoto, arradio, arrascar...).
-Adición o supresión de consonantes (políngano por polígono, asín por así, cociente por consciente, pograma por programa...).
-Pérdida de consonantes intervocálicas (quies por quieres, comía por comida...).
Morfosintácticos: -Cambio de la estructura de la palabra (indición por inyección).
-Empleo incorrecto del género (el afoto, las alfileres, el radio...).
-Distorsiones de los tiempos verbales (tuvistes por tuviste, callarse por callad, andé por anduve...).
-Concordancias erróneas con formas impersonales de haber (hubieron muchas ocasiones de gol, y confusión con el verbo ser (habíamos cuatro gatos en la mani...).
-Falta de corcondancia en el uso de los pronombres personales (yo a mí me parece...)
-Anteposición del pronombre personal de primera persona (yo y estos hemos estao toda la noche...).
-Cambio de orden de los pronombres (me se olvidó por se me olvidó)
-Utilización del laísmo, del loísmo o del leísmo (la traje sus cosas por le traje sus cosas, lo escribió muchas cartas por le escribió muchas cartas, te le trajo enseguida por te lo trajo enseguida...)
-Uso del dequeismo (pienso de que por pienso que, resulta de que por resulta que...)
-Uso del artículo con los nombres propios (la Juani, el Lolo...)
Léxicos:           -Empleo de palabras con uso impropio (los libros no me cogen en la mochila por no me caben en la mochila...)
-Confusión en el significado de las palabras (destornillarse por desternillarse, dolores asiáticos por dolores ciáticos, infestado por infectado, eminente por inminente...)
-Vocabulario considerado vulgar. El DRAE señala como vulgarismos, entre otras, las siguientes palabras: acojonar (acobardar), cachondeo (acción y efecto de cachondearse, de burlarse, guasearse; por extensión, desbarajuste, desorden, guirigay), cepillar  (como pronominal, tener trato sexual con alguien), chorizar (robar), gilipollas (tonto, lelo), hostia (bofetada, tortazo; ¡hostia!, interj. vulgar de sorpresa, asombro, admiración, etc.), magrear (sobar, manosear lascivamente a alguien), panoli (persona simple y sin voluntad), mangar (hurtar, robar), pijada  (cosa insignificante, también dicho o hecho inoportuno, impertinente o molesto), putear (fastidiar, perjudicar a alguien), salido (dicho de una persona o de un animal macho: que experimenta con urgencia el apetito sexual).

4.- Jerga y argot
El diccionario de la Real Academia de la Lengua considera estas dos palabras como sinónimas y las define de forma similar.
Jerga: Lenguaje especial y no formal que usan entre sí los individuos de ciertas profesiones y oficios, y también lenguaje especial utilizado originalmente con propósitos crípticos por determinados grupos, que a veces se extiende al uso general; p. ej., la jerga de los maleantes.
Argot: Jerga, jerigonza, y  lenguaje especial entre personas de un mismo oficio o actividad.

Nos referimos al lenguaje que sólo pueden entender las integrantes del grupo que lo emplea. Se caracteriza por tener un vocabulario especializado, con abundantes tecnicismos en el caso de las jergas profesionales (informática, medicina…), o por utilizar palabras o expresiones que diferencia al grupo que lo habla y que impide o dificulta que otros lo entiendan (el mundo de la delincuencia, de las cárceles o el relacionado con la droga). La jerga juvenil cambia con las generaciones y mezcla parte de las últimas
jergas mencionadas con las propias del mundo estudiantil. El lenguaje jergal puede ser asimilado parcialmente por todos los hablantes y señalarse como jergal en el diccionario. Chuleta está recogida en el DRAE y es definida así, como jerga estudiantil: Apunte con fórmulas u otras anotaciones que se lleva oculto para usarlo disimuladamente en los exámenes.

Algunas palabras y expresiones de argot tomadas de la obra de Alonso de Santos Bajarse al moro, de un diccionario de jerga juvenil publicado en El País Semanal en marzo de 1996 y del Diccionario de argot español, de Víctor León:

Acoqui: aquí.
Aligerar: irse, marcharse (también abrirse).
A tope: lo máximo posible.
Bareto: bar. Burra: moto.
Bajarse al moro: ir a Marruecos a comprar hachís.
Calcos: zapatos.
Cantar: confesar, delatar. Apestar, oler mal. Llamar la atención desentonando (Dar mucho el cante: llamar mucho la atención). Emitir música una máquina tragaperras al dar premio.
Ciego: colocón de porros o de alcohol (también globo). En el DRAE se recoge, como coloquial, la siguiente acepción: Atiborrado de comida, bebida o drogas.
Coscarse: enterarse.
Dar la brasa: aburrir, ser un plasta.
Descarao: con seguridad, indiscutiblemente.
Echándole morro: siendo atrevido, cínico.
Enrollarse bien: llevarse bien.
Fliparlo: sorprenderse, disfrutarlo.
Guapo: bueno.
Kelfo: casa (también kelo y kely).
Lata: coche.
Madero: policía.
Mazo: mucho. Mola mazo, gusta mucho.
Ponerse: drogarse.
Qué punto: qué bien.
Rollo: asunto.
Sobar: magrear. Dormir
Sobre: cama.
Teta: estupendo, magnífico, formidable.
Tranqui: tranquilo.
Trincar: detener, encarcelar.
Tu mach: demasiado, increíble, inaudito.
Venao y vená: chiflado, loco. Darle la vená: darle un pronto, tomar una decisión impremeditada y repentina.