Mostrando entradas con la etiqueta textos coloquiales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta textos coloquiales. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de julio de 2017

“Iros” será correcto, pero con matices

  • La decisión de la Academia no ha cumplido aún el trámite de América, y además se prefiere "idos"


Ilustración de Eva Vázquez
El País, 22 de julio de 2017
La Real Academia ha aceptado como bueno el imperativo “iros” (si bien no se ha completado aún el proceso en las Academias de América). Hasta ahora se consideraba correcta solamente la formación creada con el imperativo del verbo ir y el enclítico os: “idos”.

La Real Academia Española suele dar por válido lo que los hablantes expresan con insistencia; y el Diccionario ha dejado de ejercer aquella función normativa que aún se le otorga por el recuerdo de los viejos tiempos. Antes de incorporar una palabra (o una alteración gramatical como sucede en este caso), los académicos examinan sus bancos de datos (compuestos por más de 400 de millones de registros) y deciden si ha adquirido un uso general. Por tanto, todo vale si la gente lo decide con su práctica cotidiana. Y de ahí salen los todovalistas. Pero no todo lo que vale se sitúa en el lado de la tradición, la belleza, el ritmo, la gracia y el donaire. Y desde esos púlpitos hablan los puristas.

Una cosa es que un término sea correcto, y otra que uno elija usarlo. Por ejemplo, un todovalista admitirá como buena la palabra "mierda", por supuesto, pero eso no significa que la vaya a pronunciar en un ambiente de cortesía y cierta formalidad. Y un purista preferiría rechazar la opción "iros", pero será consciente de que el lenguaje coloquial toma a veces decisiones que contradicen la norma culta y la etimología.

La propia Academia difundió un comunicado, en el que viene a situarse precisamente en ese terreno compartible: la norma culta, aclara, sigue prefiriendo "idos", pero puede darse como válida la opción "iros", "extendida incluso entre hablantes cultos".

Y atención: no hay que confundir el imperativo "iros" con el infinitivo "iros" que siempre ha sido correcto y no se puede sustituir por "idos". Por ejemplo en "podéis iros todos a la porra", pongamos por caso.

Ahora bien, el imperativo "iros" funcionaría como excepción, dice el comunicado de la RAE, puesto que "no se debe extender esa fórmula a otros verbos". Por tanto, lo aceptable sigue siendo "marchaos", "callaos", "sentaos"…

Así que no se podrá censurar ni corregir el uso de "iros". Pero siguen teniendo motivos para su purismo quienes crean que "idos" es más elegante. El texto completo de Álex Grijelmo en El País

También te pueden interesar:

lunes, 8 de octubre de 2012

Cuatro textos narrativos coloquiales


1.-

Portada del libro
Me jode ir al Kronen los sábados por la tarde porque está siempre hasta el culo de gente. No hay ni una puta mesa libre y hace un calor insoportable. Manolo, que está currando en la barra, suda como un cerdo. Tiene las pupilas dilatadas y nos da la mano, al vernos
-¿Qué pasa, chavales? ¿Habéis visto el partido, troncos? -pregunta.
-Una puta mierda de equipo. Del uno al once, son todos una mierda -dice Roberto.
-Me han jodido el baño en Cibeles, tronco. Si esto sigue así, acabaré haciéndome del Atleti. A ver, ¿qué queréis?
Pillamos una mini y unas bravas.
Roberto echa una ojeada a nuestro alrededor para ver sí Pedro ha llegado. Luego mira su reloj y dice: joder con el Pedro, desde que tiene novia pasa de todo el mundo.
-¿Hemos quedado con alguien más? -pregunto.
-Sí. Con Fierro, Raúl y con Yoni.
-¿Quién es Yoni?
-Un amigo de Raúl. Un tío guay, nada que ver con el pesado de Raúl. Allí, en Marbella, en Semana Santa, nos lo pasamos de puta madre con él.
Hay una mesa que se ha quedado libre y le digo a Roberto que la pille, rápido, antes de que nos la quiten.
-Joder, ten cuidado, que casi me tiras el litro.

Cartel de la película

José Ángel Mañas


2.-


Doña Antonia.- Allí hay unos pisos estupendos, en Villaverde. Pero mejor en Móstoles. Eso ha dicho mi marido. Y a acabar la carrera, que sin una carrera hoy no se va a ningún sitio. Ya ves mi marido, con cincuenta años y todo el día estudiando. Llega a casa y se pone con los libros. Quién le ha visto y quién le ve. Cómo cambia todo en España, hija. Antes es que si le ves no le conoces. Pero de eso es mejor no hablar. (...) ¡Ay, Señor, Señor! ¡Qué hombres! ¡Que todo en la vida tenga que ser siempre sufrir! Y que las cosas son como son, y que no les des más vueltas. En las reuniones nuestras neocatecumenales, que lo contamos todo, se escuchan casos que te ponen los pelos de punta. Allí desde luego lo hablamos todo, hija. Todos somos pecadores, y las cosas a la luz, que la mierda, con perdón, si no corre atasca el water. Las cosas claras, y el chocolate, espeso. El que bebe, va allí, y lo cuenta. Y el que le pega una paliza a su mujer, lo cuenta también, y se arrepiente, y se da cuenta de que es un pecador, que eso es lo importante. A veces acabamos todos llorando. Y luego las separaciones, con todo el sufrimiento de los hijos, que se los reparten como si fuesen monedas de a duro: éste para ti, éste para mí; éste me toca los sábados y los domingos, y quince días de agosto. ¡Ay Dios mío, qué mundo este! Yo es que enchufo la televisión y me da algo: muertos tirados por todas partes, que siempre te los sacan a lahora de comer para mas inri. Una vez fue uno allí a confesarse, ya sabes que allí nos confesamos en voz alta como te digo, delante de todos. Bueno, pues fue allí, nosotros no lo conocíamos de nada, pero va tanta gente que vete tú a saber. Pues llegó allí, y empezó a decir guarrerías que había hecho con otro tío. ¡Qué vergüenza! A mí esas cosas me dan mucho asco, qué quieres que te diga. Hay cosas que no se deberían confesar, o no dar tantos detalles, por lo menos. No eran artistas, ni nada. Era un albañil en paro y un mecánico de un taller de motos.


Protagonistas de la película basada en la obra de teatro
de Alonso de Santos
José Luis Alonso de Santos



3.-

Portada del libro
-Era castaña, coño, y no me interrumpas que pierdo el hilo... Sería más bien Argentina, bueno, no me acuerdo, lo mismo da, era a tomar por culo de aquí, eso seguro, y a ella le pareció bien, que era un arreglo bueno para todos, y entonces apareció Pedro hecho una furia, el mismísismo demonio parecía, me acuerdo como si ayer mismo le hubiera tenido delante porque me pilló en el pueblo haciendo la compra, aquí no le esperábamos, nadie nos avisó de que fuera a venir, era un martes, la una de la tarde, en primavera, mayo seguramente, hacía muy buen día, si hasta de eso me acuerdo... Todavía lo estoy oyendo chillar, lo mismo que chilla un cerdo a medio degollar, con una voz que no le salía de la garganta, te lo juro, Paulina, que le nacía del puro centro de las tripas, y con las tripas llama a Teófila a grito pelado, desde la plaza, y sólo de oírle se me pusieron los pelos de punta, porque nunca le había visto tan desesperado, ni el día que murió su padre, ni el día que enterró a su madre, nunca, y nunca he vuelto a verle así, ni cuando nació Pacita, que parecía un toro moribundo, con ese velo que se les pone en los ojos cuando están ya cuajados de banderillas y con la espada en la cruz, así estaba, las cejas le echaban chispas y el cuerpo entero le temblaba como si tuviera fiebres, del empacho de rabia que llevaba dentro.

Almudena Grandes

4.-

Cartel de la película
-¡La lianta lo será tú, Paulina! Y te advierto que me tienes hasta las narices ya, con tanto llevarme la contraria, que tú en invierno estabas en Madrid, y en verano pegada todo el día a las faldas de la señora, así que ni la veías, y Teófila era igual que Lala, ¿me oyes?, igualita... Más baja, eso sí, y menos fina, sin los potingues que la otra se pringa en la cara, ni esa ropa indecente que lleváis todas ahora, o sea, una chica de pueblo, con una bata de flores y las manos rojas de tanto fregar con agua fría, en eso como todas, pero por lo demás, clavada, pero es que clavada a su hija, si me acordaré yo... Mujer, sin ese par de tetas que tiene Lala ahora, eso sí, que el año pasado casi le arreo una bofetada, de lo nerviosa que me llegó a poner, venga a repetirme que ella siempre había tenido mucho pecho, como si yo no me acordara, la muy sinvergüenza... ¡Quita de ahí!, la dije al final, ¡y déjame en paz de mentiras ya, que estaré vieja, coño, pero nunca he sido tonta!