sábado, 13 de abril de 2019

Guiri: origen y significados


  • ¿Origen turco o vasco? Liberal, guardia civil, turista... Todos los significados que ha tenido la palabra guiri


La palabra se empezó a usar en el siglo XIX en el contexto de las guerras carlistas. Los carlistas vascos llamaban a sus adversarios, los liberales, guiris. Por eso, aunque hay quien ha relacionado la voz con el turco gaurí (infiel, extranjero), es común derivarla de una abreviación del vasco giristino que sería una derivación a su vez de la palabra cristino, o sea, partidario del bando de la reina María Cristina. Los guiris eran los soldados del frente contrario, y así aparecen en la literatura de fines del XIX.

Es Emilia Pardo Bazán una de las primeras en documentar la palabra en la literatura. Su relato Un viaje de novios (1881) pone esta frase en boca de un vasco, siempre como forma despectiva de llamar a los del bando liberal: “A mí me daba, vamos, tanta tristeza de ver corretear las columnas guiris por aquellos picachos adonde solo subíamos, con la ayuda de Dios, los mozos del país y las fieras de los montes...”. Benito Pérez Galdós, por su parte, también la emplea en Zumalacárregui (1898).

Este ambiente de uso, en que guiri tiene un indudable significado político, da lugar a que la palabra entre en el diccionario de la Real Academia Española en 1925 justamente con esa definición: “Nombre con que, durante las guerras civiles del siglo XIX, designaban los carlistas a los partidarios de la reina Cristina, y después a todos los liberales, y en especial a los soldados del gobierno”.

Pasadas las guerras carlistas, guiri va a ser ya en el siglo XX la voz de jerga para denominar al guardia civil. La transición hacia el significado de “turista extranjero” que le damos hoy es, pues, de la segunda mitad del siglo XX y de hecho se refleja en los diccionarios españoles muy al final del siglo pasado.

Hay otro significado de la palabra guiri; la voz da nombre en la zona almeriense a un tipo de arbusto llamado en otros ámbitos hispánicos retamo o espinillo. Más



domingo, 31 de marzo de 2019

El vídeo de Marcos Mundstock que ha divertido en el Congreso del Español


Marcos Mundstock (Les Luthiers) no estuvo pero asombró. Disculpó su ausencia debido a un problema de salud, pero envió un vídeo desternillante al Congreso Internacional de la Lengua Española que se celebra en Córdoba (Argentina).






miércoles, 27 de marzo de 2019

Los ojos de África (2)


  • Alaa al Aswany utiliza dos edificios de El Cairo para contarnos la vida de dos grupos de personajes. Uno vive en el edificio Yacobián y el otro trabaja en el Automóvil Club de Egipto. La literatura nos permite mirar Egipto con los ojos de un egipcio



Juan Jorganes Díez
Los edificios y los personajes relacionados con ellos nos trasladan la sociedad cairota del siglo XX. El autor maneja con grandísima habilidad lo individual y lo grupal. Con un personaje colectivo se corre el riesgo de que las acciones individuales se diluyan y se pierdan y de que las colectivas se simplifiquen o resulten lineales; sin embargo, con Al Aswany habremos pasado las páginas con la misma expectación por los acontecimientos relacionados con tal o cual personaje que por lo que concierne al grupo o a la comunidad de la que forman parte. Siempre estarán presentes los lugares que les vinculan, con toda la fuerza simbólica que justifica que den título a las dos novelas.

Al Aswany usa recursos del folletín: acciones y peripecias abundantes, sucesos insólitos, melodrama, algún personaje malísimo que concentra todos los vicios del poder despótico y algún personaje buenísimo que padecerá injusticias o desgracias. Los personajes trasladan el conflicto social. No se resuelve, pero quedan a la vista los elementos que lo componen.

El personaje colectivo de ambas novelas es El Cairo, la sociedad cairota. Los personajes se cruzan en lugares que representan el poder y la estratificación social (el Automóvil Club de Egipto) o coinciden en un edificio que representa su patria, injusta, también estratificada, vetusta (el edificio Yacobián). Desde las páginas de una novela y otra vemos la sociedad cairota, sus conflictos superficiales y los más profundos. Conoceremos, así, la historia reciente de Egipto y comprenderemos los sucesos de los últimos años, que llamaron la atención del mundo.

La plaza Tharir concentró en 2011 toda la ira acumulada del pueblo y el deseo imperioso de cambiar el estado de las cosas. Egipto protagonizaba otro episodio de lo que se ha llamado primavera árabe, un movimiento revolucionario iniciado en Túnez y que tuvo en Egipto su gran momento por la importancia del país y porque supuso la caída del presidente Mubarak, en el poder desde 1981. Al Aswany se involucró en esta revuelta, desde la calle y desde las tribunas periodísticas.

Se opuso al Gobierno de los Hermanos Musulmanes, salido de las urnas tras el derrocamiento de Mubarak. Lo explicó en su artículo Egipto ante el fascismo [1]. Concluye así: “Los nobles principios islámicos solo pueden aplicarse mediante un auténtico Estado laico y abierto a todos los ciudadanos, cualquiera que sea su ideología o su religión. La democracia es la solución”. La democracia es la solución, sí, pero Egipto vivía la paradoja de inaugurar la democracia con la victoria de un grupo religioso (Hermanos Musulmanes) que la utilizaba para imponer sus creencias. Los egipcios habían cambiado a un tirano por otro, pensó Al Aswany, así que defendió el golpe militar que derribó el Gobierno de los Hermanos Musulmanes. Y se implantó la tiranía militar y a ella se opuso. Defensor de la revolución, del cambio integral del sistema, sus esperanzas de que se conseguiría a través de las urnas, primero, y, después, de que los militares rectificarían los desmanes religiosos de los Hermanos Musulmanes han acabado en una frustración tras de otra; las mismas frustraciones, quizá, que las de quienes se echaron a la plaza Tahrir un 25 de enero de 2011, declarado Día de la Rabia por la oposición, y consiguieron echar a Mubarak  tres semanas después.

Exiliado en EE UU, un tribunal militar egipcio ha procesado a Al Aswany por “insultar al jefe del Estado e incitar al odio contra el régimen” [2].

Nada relacionado con los sucesos de la plaza Tahrir, la caída de Mubarak, y lo ocurrido después aparece en las páginas de estos libros que comentamos (su próxima novela se ambienta en esos días). Aunque no son novelas de tesis, ni contienen moraleja, en una y otra encontraremos casi todo lo que necesitamos saber para comprender el estallido de Tharir. La literatura nos permite mirar Egipto con los ojos de un egipcio y de nuevo, gozosamente, a los ojos de África.

Una esperanza oculta

Cuesta abandonar la lectura de El Automóvil Club de Egipto (Penguin Random House, 2015). El autor mete a sus personajes en una trama y subtramas en las que no falta ninguno de esos ingredientes que abren el apetito lector. La supervivencia diaria de los pobres, las injusticias sociales padecidas por personajes queridos, el honor perdido de una familia pobre y honrada, el asesinato de su patriarca, la humillación, la prostitución masculina, la trastienda de un local elitista, el machismo, una malcasada que se rebela, un rebelde bueno, una rebelión con la incertidumbre del éxito o del fracaso, conspiraciones, venganzas… Ayuda el lenguaje sencillo, eficaz para presentar la realidad más escabrosa, elegante en sus alusiones y elusiones, efectivo en las acciones y en la presentación de los numerosos personajes.  

Al Aswany mantiene el pulso narrativo para que sigamos sin dificultad el desarrollo fragmentado de la novela. Nunca nos perderemos en el entramado de personajes y acciones. Retomamos con avidez la historia de tal personaje interrumpida capítulos atrás y, al mismo tiempo, deseamos continuar con la que ahora se detiene. Todos los personajes están relacionados. Como en la vida real, los hechos u omisiones personales generan reacciones en círculos concéntricos o en espirales, o trazan una curva elíptica que se estrella en la nuca del punto de partida.

El club es una representación del país. El rey, dueño y señor, solo se preocupa de sus placeres terrenales y de mantener sus privilegios (retrato del rey Faruk, aunque nunca aparece su nombre, derrocado en 1952 por un golpe militar con el que Nasser alcanzaría el poder). Delega en un chambelán despótico y cruel (Kuu) el gobierno de los trabajadores del club (el pueblo), que les sirven a él y a la élite cairota sometidos por las leyes de la servidumbre. El director británico del club (James Wright) nos recuerda la presencia colonial, entendida como “una obligación” de “Gran Bretaña, o cualquier país europeo civilizado,” para “extender la civilización entre los pueblos salvajes”.

Al-Aswany intercala un narrador en tercera persona con la primera persona de dos personajes, los hermanos  Saliha y Kamel Abdelaziz Hamam. El objetivo amplio del narrador en tercera persona se cierra en esos dos personajes y algún motivo tendrá el autor para ello. ¿Por qué el autor quiere que conozcamos los sentimientos e ideas de esos personajes expresados por ellos mismos?

Lo único que le sobra a la novela es la metaficción inicial. Aunque nos da una pista de la importancia de estos dos personajes en una novela de la que hemos escrito que tiene un personaje colectivo, resulta prescindible el subrayado de las primeras páginas (en literatura con el subrayado se menosprecia al lector). Dos personajes se presentan en la casa a la que se ha retirado el autor para concluir la novela. Le reclaman expresarse ellos directamente. Un juego narrativo que nos recuerda, claro, a Pirandello y a Unamuno [3]. Conseguirán, así, tener una voz propia en la narración dos personajes jóvenes que se enfrentan al statu quo: Saliha y Kamel.

Saliha ejemplifica el sometimiento de la mujer egipcia. En sus dudas ante el matrimonio que le proponen su padre y su madre porque conviene a la familia y en la rebelión contra el maltrato de su marido, con todas las consecuencias personales, familiares y sociales que le trae abandonarlo, viven el silencio de las mujeres que sufren y callan y el grito de las insumisas. Su hermano Kamel toma conciencia de la situación política de su país al entrar en la universidad y decide implicarse. “Quiero hacer algo por Egipto”, será su respuesta a la pregunta de por qué se une a la oposición política al régimen. Pero lo general se refuerza con lo particular: su hermana maltratada y su padre humillado y asesinado impunemente. Además entrará a trabajar en el Automóvil Club y será testigo de las serviles relaciones laborales y de los conflictos entre los mismos trabajadores provocados por la represión cruel y el miedo a la rebelión. Saliha y Kamel se nos presentan como la esperanza oculta para cambiar el estado de las cosas.

La azotea o por qué odiamos Egipto

Publicada con grandísimo éxito años antes, El edificio Yacobián (Maeva, 2007) transcurre tiempo después de El Automóvil Club de Egipto. No hay otro vínculo entre los dos libros que El Cairo, incluido su club automovilístico. No hay personajes comunes ni tramas cuyos orígenes se expliquen en la siguiente novela. Se pueden leer, por lo tanto, independientemente, aunque, leída una, será difícil no caer en la tentación de leer enseguida la otra.

Además del personaje colectivo, las dos novelas comparten la estructura narrativa fragmentada. El edificio Yacobián se divide en dos partes. Cada una se compone de tramos más o menos breves que el autor entrega al lector con habilidad para mantener la avidez lectora y para que componga, fragmento a fragmento, la pieza mayor completa.

En las primeras páginas leemos la historia del edificio Yacobián. Apenas tres páginas contienen la información necesaria para saber qué ha ocurrido en el país desde que en 1934 un millonario armenio, que dio nombre al edificio, tuvo la idea de construirlo hasta el presente de la novela (la guerra del Golfo  tras la invasión de Kuwait por Irak en agosto de 1990 y la intervención de una coalición internacional al mando de EE UU en enero de 1991). En el edificio Yacobián vivió “la flor y nata de la sociedad de aquellos días”, ministros, aristócratas, industriales, millonarios… En la “inmensa azotea” se construyeron dos habitaciones para los porteros y sus familias y tantos trasteros como pisos. “Pero el año 1952 la Revolución lo cambió todo”. Se fueron los judíos y los extranjeros. Los oficiales del Ejército “se apropiaron de los pisos vacíos”. En la azotea se establece una comunidad que no tiene que ver con el resto del edificio. Una comunidad que “no tardó en parecerse a cualquier otra comunidad popular egipcia”.

En la azotea malviven los personajes que protagonizan la novela. Para sobrevivir han de renunciar a sus principios morales o religiosos y han de convivir con la frustración de los sueños perdidos. Ceder, por ejemplo, al acoso sexual de sus jefes a cambio de trabajo y de un mísero dinero extra, en el caso de las mujeres, o casarse con un hombre al que no aman, incluso que no conocen, y mucho mayor que ellas. O, al ser pobre o el hijo de un portero, toparse con el muro de la corrupción y del clasismo si se pretende progresar en los estudios y después acceder a un puesto de trabajo.

Queda claro cuál es el papel de las mujeres en la sociedad egipcia, antes y después de la Revolución: sometida siempre al varón. En los dos libros encontraremos personajes femeninos que se rebelan contra el machismo imperante. Lo pagan con el repudio familiar y social. Pocas reciben una recompensa por su rebeldía.

Bausayna le explica “con amargura” a quien será su esposo -querido-, un hombre mayor y rico, “por qué odiamos Egipto”. El resumen de sus argumentos lo encontramos en las palabras de un periodista homosexual (otro personaje rebelde): “por la corrupción, la dictadura y la injusticia social”.

            El hedonismo se muestra como una rebelión contra las normas establecidas, sean religiosas o impuestas por la tradición, o sean una mezcla. Pero el machismo, la injusticia y la desigualdad social se manifiestan también en las relaciones sexuales compradas o forzadas (el jefe con una trabajadora, el marido con su esposa), o disimuladas (las homosexuales). La libertad individual y la libertad colectiva van unidas. Los personajes que las separan ejemplifican la hipocresía o el abuso de poder o el machismo, o las tres cosas a la vez.

            En El edificio Yacobián la oposición política al régimen se encauza a través de los grupos religiosos extremistas. Leeremos los discursos de los jefes religiosos musulmanes, la captación de adeptos, la propaganda de la guerra santa (yihab). Si los Hermanos Musulmanes triunfasen, ya sabemos que una tiranía religiosa sustituiría a otra tiranía. La novela se publicó en árabe en 2002. Quedaba lejos aún 2011 con las manifestaciones de la plaza Tharir, el derrocamiento de Mubarak y la convocatoria de las primeras elecciones libres. Las ganaron los Hermanos Musulmanes [4].




[3] En una entrevista con Alfonso Armada (Abc, 5-10-15), Al Aswany reconoce la referencia de Pirandello, pero afirma que desconoce Niebla, y se interesa por esta obra de Unamuno. Estudió dos años en el Centro Cultural Español de El Cairo y vivió en España entre 1990 y 1992.

lunes, 25 de marzo de 2019

El español se la juega en Internet


  • El español, el tercer idioma en la Red en número de usuarios, necesita crecer más allá del ámbito de los hablantes nativos y ofrecer contenidos digitales atractivos.




La historia del español en Internet tiene sus hitos y sus tropiezos. Casi 30 años después de su desarrollo, conviene analizarlos. La Red es un tótem que en tres décadas ha vivido intensamente. Tanto como para ya haber perdido la pureza, pervertido sus mejores intenciones y aglutinar al tiempo efectos con poder para mejorar el mundo. Los primeros cinco años de la década de los noventa sirvieron para que fuese naciendo e implantándose en todo el territorio hispano. América Latina tomó conciencia global del fenómeno en paralelo a España y fomentó entonces con rapidez sus redes continentales. Si bien las primeras inversiones las fueron haciendo las empresas —como en Argentina ocurrió con las cervezas Quilmes—, los ámbitos de la creación, la cultura y la comunicación comenzaron a expandir su influencia por el nuevo medio, con un impacto imposible de calibrar.

Ilustración de Ana Cuna
Un impacto que nos lleva al presente con una posición de dominio en cifras. El español es hoy el tercer idioma de la Red, junto al inglés y al chino. Pero ¿quedan los números a la altura de su influencia en calidad? Conozcamos antes los datos de someterlos a análisis: de los casi 4.000 millones de usuarios de Internet que existen en el mundo, un 8,1% se maneja principalmente en español. En términos de crecimiento, ha experimentado un 1.696% en 17 años —desde 2000 a 2017—; aunque sólo un país de habla hispana, México, se encuentra entre los 10 con mayor número de usuarios.

El español es la segunda lengua más utilizada en redes sociales como Facebook o Twitter, a gran distancia del francés o el portugués. Sin embargo, para las entradas en Wikipedia, aunque mantiene la segunda posición en consultas, ocupa el noveno lugar, por debajo del inglés, el alemán, el francés, el italiano, el ruso y, lo que es más sorprendente: el sueco, el neerlandés y ¡el cebuano!

Son datos de El español, una lengua viva, estudio realizado por Daniel Fernández Vítores, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares, en 2018 para el Instituto Cervantes. “El potencial de crecimiento del uso del español en Internet sigue siendo muy superior al del inglés, que comienza a mostrar síntomas de saturación, al menos como lengua nativa”, afirma Fernández Vítores. Lo comenta sobre la base de otro dato de su informe: el inglés ha crecido un 632% frente al 1.696% del castellano. Este despegue se debe, sobre todo, a la incorporación a la Red de usuarios hispano­americanos. Solo en Iberoamérica y el Caribe el incremento de internautas fue del 2.035% entre 2000 y 2017.

¿Y sobre el chino, la otra lengua en la cúspide de usuarios? ¿Cuál es la situación? Del 8,1% del español al 19% que ocupan los usuarios del chino existe distancia. Incluso sin que ­Google sea accesible desde el país más poblado por restricciones políticas. “Esta censura dificulta su expansión, pero debemos ser prudentes. Digamos que no se puede empezar la casa por el tejado: para que el español resulte atractivo a los hablantes de otras lenguas primero hay que generar contenidos originales en español que sean capaces de despertar el interés de esos hablantes potenciales de español como lengua extranjera”, aconseja Fernández Vítores.

Pero en cuanto a difusión científica, el español renquea. “La mayoría de las revistas científicas de prestigio se publican directamente en Internet y algunas ya hace tiempo que abandonaron el papel. Aunque los últimos años la ciencia en español ha logrado superar algunos de los más desfavorables indicadores de desarrollo, todavía se encuentra muy lejos respecto a la redactada en inglés, lengua franca por excelencia para la comunicación de los resultados científicos en la Red”.

Lo mismo ocurre con la presencia e impulso de industrias creativas. Javier Celaya, editor de Dosdoce.com y responsable de Storytel para España e Iberoamérica, habla de las recomendaciones que se le han hecho al Gobierno español en este sentido desde las instituciones europeas: “Nuestro idioma solo podrá mantener su segundo puesto en el ranking de idiomas más utilizados en la Red si la oferta de contenidos digitales no para de crecer. El Informe sobre España 2019, publicado en marzo por la Comisión Europea, analiza en detalle los planes de reforma presupuestaria, macroeconómica y estructural para realizar recomendaciones específicas para el siguiente año. Reclama mayores inversiones, tanto públicas como privadas, en la digitalización y la eficiencia de los recursos para reforzar la competitividad y la capacidad de innovación de la economía”.

Toca espabilar. No dejar que dinámicas atascadas frenen los avances: “Muchos proyectos que han podido impulsar el español en la Red se quedan en ideas viejas para un mundo nuevo, o mueren en la orilla por no disponer de recursos suficientes”, asegura Mario Tascón, creador de Prodigioso Volcán, empresa que desarrolla estrategias digitales. Para este experto en varios campos de la Red y participante en el próximo Congreso de la Lengua en Argentina, la materia prima está siendo explotada por otros con más visión: “El famoso valor económico del español es una idea que aprovechan más las empresas lingüísticas en EE UU que las propias españolas, mexicanas o colombianas, con excepciones, claro. En mi opinión, lo más grave radica en la falta de visión sobre qué hay que hacer y cómo”. Más

jueves, 28 de febrero de 2019

Ida Vitale, premio Cervantes 2018


  • La poeta uruguaya, de 95 años, es la quinta mujer que recibe el premio



La poeta uruguaya Ida Vitale (Montevideo, 1923) ha sido galardonada con el Premio Cervantes 2018. El considerado como Nobel de literatura en castellano está dotado con 125.000 euros. Inscrita en la tradición de las vanguardias latinoamericanas, Vitale, cuya obra está caracterizada por poemas cortos, una búsqueda del sentido de las palabras y un carácter metaliterario, es representante de la poesía esencialista. El premio valora "su lenguaje, uno de los más reconocidos en español".

Se rompe una regla no escrita. Desde 1996, el Premio Cervantes solía alternar un galardón español con uno latinoamericano. Pero si el año pasado lo recibió el nicaragüense Sergio Ramírez —que este año ha formado parte del jurado— esta edición ha sido para Vitale. Lo recogerá en abril en Alcalá de Henares (Madrid).

“Los españoles están igual de locos que en la época de la conquista”. Es lo que le dijo Vitale a José Guirao, ministro de Cultura, cuando le comunicó esta mañana el fallo. No hay duda de que lo recogerá, ha afirmado el ministro. “Es una mujer que responde como pocas a su apellido”. Fue la reacción de una autora verdaderamente abrumada por los premios que ha conseguido últimamente en España: aparte del Cervantes, en España ha recibido el García Lorca en 2015 y el Reina Sofía en 2016, dos reconocimientos prestigiosos para la literatura en español. Además, la semana que viene recogerá en Guadalajara (México) el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances.

Vitale es la quinta mujer reconocida por este premio que ha sido concedido a 40 hombres. Hasta ahora lo habían recibido las españolas María Zambrano (1988) y Ana María Matute (2010), la cubana Dulce María Loynaz (1992) y la mexicana Elena Poniatowska (2013). Además, teniendo en cuenta que este año no ha habido Premio Nobel de Literatura, el reconocimiento cobra especial relevancia para el mundo de las letras.

Considerada miembro de la llamada Generación del 45, junto con Mario Benedetti y Juan Carlos Onetti, estudió Humanidades y se dedicó a la enseñanza. Fue profesora de Literatura hasta 1973, cuando la dictadura la obligó a exiliarse en México durante una década (1974-1984).

En su larga carrera literaria ha escrito: La luz de esta memoria (1949), primer poemario al que le siguieron Palabra dada (1953), Cada uno en su noche (1960), Paso a paso (1963), Oidor andante (1972), Jardín de sílice (1980), la antología Fieles (1976-1982), Elegías en otoño (1982), Entresaca (1984), Parvo reino (1984), Sueños de la constancia (1988), Serie del sinsonte (1992), Procura de lo imposible (1998), Reducción del infinito (2002), Plantas y animales (2003), o El Abc de Byobu (2005).

En septiembre de 2010, publicó en España Mella y criba (poemario). Entre sus ensayos, destacan Arte simple (1937), El ejemplo de Antonio Machado (1940), Cervantes en nuestro tiempo (1947), La poesía de Basso Maglio (1959), M. Bandeira, C. Meirles y C. Drummond de Andrade: Tres edades en la poesía brasileña actual (1963), La poesía de Jorge de Lima (1963), La poesía de Cecilia Meireles (1965). Más


La palabra

Expectantes palabras,
fabulosas en sí
promesas de sentidos posibles,
airosas,
            aéreas,
                        airadas,
                                   ariadnas.

Un breve error
las vuelve ornamentales.
Su indescriptibles exactitud
nos borra.

Poema extraído de su libro Oidor andante (1972)

miércoles, 27 de febrero de 2019

"Escribes para no andar a gritos"


  • Francisca Aguirre, Premio Nacional de las Letras 2018
  • El jurado la ha elegido “por estar su poesía (la más machadiana de la generación del medio siglo) entre la desolación y la clarividencia, la lucidez y el dolor"


El jurado que le ha concedido el premio la describe como “la más machadiana de la generación de los años cincuenta” y a ella le parece, sencillamente, “bien”. Sobre todo lo de machadiana. Lo de las generaciones le da un poco igual: “Nunca quise formar parte de ningún club”. Tampoco, explica, siente que ahora se haga justicia con ella ni que el galardón la sitúe donde no quisieron situarla las antologías canónicas: “No me he sentido relegada”. A su lado, su hija, la también poeta Guadalupe Grande, le lleva la contraria. Un poco: “Este premio servirá para reivindicar la herencia de todas esas voces femeninas que fueron quedando de lado. A veces dos veces: por ser mujeres y por estar exiliadas”. “Eso sí”, concede Francisca Aguirre, que en 1939 cruzó la frontera francesa huyendo de las tropas franquistas. Todavía recuerda que su padre, policía republicano y pintor, le contó que a la vez cruzó Antonio Machado: “Luego leímos su poesía y nos quedamos chiflados”. Aguirre habla en plural señalando un retrato en la pared: es su marido, Félix Grande, que murió en 2014, una década después de recibir el mismo galardón que acaba de recibir su esposa. “Félix era un poeta magnífico. Él, Guadalupe y yo nos leíamos lo que íbamos escribiendo. Éramos implacables y amorosos”.

          “Escribo de lo que he vivido”, explica sin más. Autora de 11 libros de poemas que caben en un volumen de 600 páginas, Francisca Aguirre se estrenó tarde como poeta. Fue en 1971 con Ítaca. Y con 41 años. Ese arranque tardío, su talante discreto —“No soy vanidosa”— y el carácter autobiográfico de lo que escribe –“Hablo conmigo misma”-, la llevaron a seguir su marcha sin preocuparse de que el ambiente fuera, durante años, poco propicio a las mujeres y a la memoria histórica. Ella iba a lo suyo: “Escribes para no andar a gritos y para no volverte loca. La poesía tranquiliza. A mí me ayuda. El mundo es injusto pero el lenguaje es inocente. El poder de las mujeres es tener la oportunidad de decir que no. Por eso es tan importante la educación, la independencia. Queda mucho por hacer porque la desigualdad sigue siendo enorme: entre hombre y mujeres, entre ricos y pobres…”. En 2011, el Premio Nacional de Poesía concedido a Historia de una anatomía (Hiperión) puso el foco sobre una autora que respondió al anuncio de aquel premio preguntando al portavoz del jurado si no se habían equivocado de persona. El texto completo

'YA NADA PODRÉIS'

Ya nada podréis,
porque la fuerza no estaba en
vosotros, estaba en mi debilidad.
Nada conseguiréis
abandonándome, porque el vacío no era vuestra ausencia
sino mi necesidad de compañía.
Cuando llaméis
tendréis mi corazón a mano, como siempre
Ahora
el mundo se ha amueblado
con la delicadeza de lo mínimo
con la tierna disposición de lo posible.
Y todo es una patria extensa y manual,
un alfabeto misterioso
con el que estoy nombrando, recreando
reviviendo de nuevo el universo.

Poema del libro Los trescientos escalones (1976)



viernes, 1 de febrero de 2019

Un libro es un paisaje


  • El lector abandona su identidad para transformarse en uno de los personajes de la peripecia narrativa, a veces en el mismísimo protagonista.


Juan José Millás
Un libro es un paisaje: el que contemplas con asombro a izquierda y derecha mientras progresas por las oraciones gramaticales que lo componen como por una senda abierta en el bosque. El proceso por el que la materialidad de la letra impresa se convierte en una sustancia mental, capaz de transformarse a su vez en imágenes que lo mismo nos llevan a la intimidad de una alcoba que a la cubierta de un ballenero, es un enigma semejante al del misterio eucarístico, pues si en la misa, mediante las palabras pronunciadas por el cura, el pan y el vino se convierten en el cuerpo y en la sangre de Cristo, en la novela, gracias a un conjunto de sustantivos, adjetivos, etcétera, adecuadamente combinados, el lector abandona su identidad para transformarse en uno de los personajes de la peripecia narrativa, a veces en el mismísimo protagonista.

Lees, por ejemplo, esta frase: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”, y eres arrancado del sofá, o del asiento del autobús, o de la cama en la que te encuentras con Cien años de soledad entre las manos. Continúa