miércoles, 18 de mayo de 2016

15 fantásticas y fabulosas palabras con la F

Ilustración: Luis Demano
La letra F viene de la fenicia waw, que se pronunciaba como la w. De ahí pasó a la digamma griega, que desapareció, y al etrusco, donde adoptó el valor fonético que tiene actualmente y con la que pasó al alfabeto latino. En la notación anglosajona es la nota fa. No es de las letras más frecuentes: en cualquier texto en español tendrá una frecuencia media de un 0,69%, siendo la vigésima letra más usada.

Si todo fuera por eso, le tendríamos que poner una F, que es la nota más baja en los colegios anglosajones. 

Facundo. Fácil y desenvuelto en el hablar.

Falocracia. Predominio del hombre sobre la mujer en la vida social. Y falócrata, el partidario de la falocracia.
“Nuestra generación falocrática ha sufrido demasiadas oscilaciones en su falocracia a lo largo del siglo. Estamos a punto de gatillazo”, escribía Francisco Umbral en EL PAÍS en 1979.

Faramalla. Charla artificiosa encaminada a engañar. Farfolla (cosa de mucha apariencia y poca entidad). Persona faramallera.

Farfantón. Hombre hablador, jactancioso, que se alaba de pendencias y valentías.

Fierabrás. Persona grande y fuerte, especialmente la fanfarrona y jactanciosa. Procede de Fierabrás, un sarraceno de los cantares de gesta de gran fuerza y estatura. Y de ahí el bálsamo de fierabrás, que curaba todas las heridas y aparece en el Quijote.

Filautero, ra. Egoísta

Fililí. Tela muy ligera de lana y seda que se solía traer de Berbería. En uso coloquial, también es delicadeza, sutileza, primor de alguna cosa. También se usa para hablar de una persona débil, flaca.

Flébil. Adjetivo poético, que significa digno de ser llorado. Lamentable, triste, lacrimoso.

Formidoloso, sa. Que tiene mucho miedo. Espantoso, horrible y que da miedo.

Francachela. Reunión de varias personas para regalarse y divertirse comiendo y bebiendo, en general sin tasa y descomedidamente.

Fruir. Gozar.


Fuguillas. Persona de genio vivo, rápido en obras e impaciente en el obrar de los demás.

lunes, 16 de mayo de 2016

Josefina Manresa, la pasión de Miguel Hernández

  • La viuda del poeta de Orihuela dedicó toda su vida a cuidar el legado de su marido. Se reeditan ahora sus memorias, donde ofrece un retrato íntimo de su vida en común
  • Apenas convivieron unas semanas, pero el tiempo que pasaron juntos fue suficiente para que algunos aspectos de la vida del poeta sólo los pudiera conocer Josefina
Saila Marcos
“Mi querida nena”, “mi querida esposa, “mi querida Josefinilla”. Así encabezaba Miguel Hernández las decenas de cartas que le escribió a su mujer. Fueron muchas, tantas que su relación se podría considerar básicamente epistolar, ya que apenas convivieron unas semanas después del matrimonio y algunos días de permiso que el poeta tuvo durante la guerra. Se conocieron en 1933, formalizaron el noviazgo en 1934 y se casaron en 1937, pero Miguel pasó la mayor parte del tiempo lejos de casa: de viaje (Madrid, París, Suecia, Rusia…), en el frente y, finalmente, en la cárcel. Sin embargo, él le escribió prácticamente todos los días. Aquella mujer casta y sencilla, como los versos que le dedicó el poeta, fue su musa y su gran amor.

Este año se cumple un siglo del nacimiento de Josefina Manresa en Quesada, Jaén, y por ello Ediciones de la Torre acaba de reeditar sus memorias, Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández, publicadas por primera vez en mayo de 1980.

El valor del relato de Josefina, que en un principio puede resultar incluso ingenuo, reside en los pequeños detalles: la vida cotidiana, los olores, lo que le gustaba comer a Miguel, el apuro que le daba a Josefina no saber cocinar.

“El tiempo que pasaron juntos fue suficiente para que ciertos aspectos de la vida de Miguel sólo los pudiera conocer ella”, explica De la Torre, “no hay que olvidar que las biografías de Miguel Hernández han sido siempre escritas por intelectuales y, sobre todo, son muy hagiográficas.  Josefina cuenta detalles muy entrañables, domésticos… Ese tipo de cosas no aparecen más que ahí”. Ese tiempo de convivencia también fue suficiente para engendrar dos hijos: Manuel Ramón (que falleció a los 10 meses, en 1938); y Manuel Miguel, a quien dedicó las famosas 'Nanas de la cebolla'.

Preservar el legado del poeta
Puede que por la aparente sencillez de lo que cuenta, Josefina advierta en el prefacio: “Haber escrito esto, para mí que no soy de la familia de las letras, ha sido un gran trabajo”. Fue una labor de algo más de dos meses, según recuerda su nuera Lucía Izquierdo, en la que echaron una mano su hermano Manolo y su hijo Manuel Miguel. “Era muy reservada con su vida íntima”, añade, "pero poseía una memoria prodigiosa", por lo que sus amigos no dejaron nunca de pedirle que se animara a contar su vida. Le ayudó también la necesidad de enmendar muchos de los errores que fue encontrando en publicaciones y biografías del poeta. Josefina no escatima correcciones (y reproches) a quienes han publicado datos falsos o textos sin su autorización. Las críticas son duras y abundantes. En ese prurito por preservar la obra y la memoria del poeta, Josefina subraya que su intención era la publicar lo más selecto de la producción de Miguel —lo que más le satisfacía—, pero que la “gente, sacando de un sitio y de otro, sin ninguna autorización, me quitó el derecho de hacerlo yo cuando fuera conveniente”.

Una mujer tradicional
Sencilla, tradicional, católica y recatada, hasta los 15 años no tuvo “amigas de salir de paseo”. Algunas de los pensamientos de Josefina cuando era una joven costurera reflejan el clima de recato y beatería de la región: le avergonzaba que Miguel vistiera espardeñas con orgullo; y en un momento de la narración añade: “Era costumbre guardar lo mejor para el marido y a Miguel no le parecía nada bien eso”. Sin embargo, el punto de encuentro entre ella y el poeta fue su vitalidad. “La forma de ser de Josefina encandiló a Miguel. Ella era muy simpática, graciosa y alegre”, recuerda Izquierdo. Con el tiempo, Josefina se hizo más taciturna y reservada. Su vida no fue fácil y se le fueron acumulando motivos para el duelo: su padre, guardia civil, fue asesinado al principio de la guerra; su madre, fallecía días después de su boda con Miguel; y en 1938, moría su primer hijo.
Josefina Manresa sentada en un árbol, en agosto de 1936.  FAMILIA DE MIGUEL HERNÁNDEZ
Josefina Manresa en 1936 (Familia de Miguel Hernández)
Después vino el encarcelamiento y la agonía del poeta. Como se habían casado por lo civil, tuvieron que repetir la boda por el rito católico, pocos días antes del fallecimiento del poeta, el 28 de marzo de 1942. La escena que describe Josefina de aquel segundo matrimonio es especialmente dura: Miguel no se podía mover de la cama y la boda se celebró con él tirado en un jergón. “Y así se fue Miguel al otro mundo: con todas sus ilusiones, con todos sus deseos, con toda su honradez y con toda su tristeza que solamente sé yo”, escribe al final de sus memorias. A ella, que falleció en 1987, Miguelillo -como le apodaba cariñosamente Vicente Aleixandre- le dejaba escrito versos llenos de emoción:

“No tienes más quehacer que ser hermosa,
ni tengo más festejo que mirarte,
alrededor girando de tu esfera.”

Extracto del artículo de Saila Marcos. El texto completo en InfoLibre


domingo, 15 de mayo de 2016

No sé qué comprarme

  • Un frigorífico con multi air flow y compresor inverter, un televisor con peak illuminator pro, una lavadora eco bubble...
Álex Grijelmo
Cae en mis manos el folleto de electrodomésticos Selección top 21 Primavera, de la cadena Tien 21, presente en varias provincias; y al desplegarlo considero que ha llegado la hora de cambiar la lavadora, que acaba de perder la función del centrifugado. O quizás el televisor, que de fino producto de última generación ha pasado a desempeñar el papel de un armatoste. O la nevera, que de vez en cuando hace saltar los plomos.

Encuentro en primer lugar una lavadora con tecnología water perfect, función vario perfect y sepeed perfect, además de eco perfect. Pero no me decido, porque aparece otra que ofrece auto sense y fin diferido, que a lo mejor me interesa más. Claro que también veo un modelo que compite con ambas mediante pannel full touch y tecnología protex. Y tampoco tiene mala pinta la que ha sido fabricada con tecnología eco bubble. No sé, no sé.

Mientras me lo pienso, paso a los frigoríficos. Me tropiezo con uno muy interesante porque consta de multi air flow y compresor inverter, aunque carece de touch control digital en la puerta, cosa que sí ofrece otro. Ahora bien, no veo que ninguno de ellos disponga del cajón chiller box que se anuncia en el frigorífico contiguo. Qué lástima. Me asaltan grandes dudas, así que empiezo a repasar los televisores.

Me gusta mucho uno que cuenta con quantum dot display y peak illuminator pro, complementado con una barra de sonido con subwoofer inalámbrico y conexiones HDMI BT multiroom. No está mal todo eso, se trata sin duda de unas enormes ventajas técnicas, pero no parece mala oferta otra pantalla con auto depth enhancer que también tiene peak illuminator pro. Qué encrucijada tan tremenda. Por si fuera poco, aprecio mucho el aspecto de un televisor con micro dimming pro, que me atrae casi por igual. Pero, bien mirado, en este caso no figura que tenga pur color ni UHD dimming, ventajas que sí ofrece el que está en la siguiente página. Lo que comparten todos, y eso me da mucha alegría, es el kit de altavoces surround ready.

viernes, 13 de mayo de 2016

24 elegantes palabras con la E que enriquecerán tu estilo y tu elocuencia

Ilustración: Luis Demano
La letra E era la epsilon de los griegos y procedía de la hê de los alfabetos semíticos. En su origen, era una figura humana que festejaba. En español, la e era antiguamente la conjunción copulativa, procedente del latín et, aunque hoy en día usamos la y, salvo antes de i. Es el mi de la notación musical anglosajona y, en matemáticas, el número e es aproximadamente igual a 2,71828. La E es la letra más frecuente en cualquier texto en español: está en el 13,68% de las palabras. Pero se debe a la frecuencia de términos como “que”, “el”, “se”, “me”. En el diccionario, la más frecuente es la A.
Empicarse. Aficionarse demasiado.
Enálage. Empleo de una palabra en una función sintáctica que no le es propia, en un género gramatical que no es el suyo, o en un tiempo verbal por otro, como en soy un fue, y un será, y un es cansado. Este ejemplo que pone la RAE es un verso de un soneto de Quevedo.
Encalabrinar. Dicho especialmente de un olor o de un vapor: Causar turbación en una persona o en su cabeza. También, hacer concebir a alguien falsas esperanzas. Excitar, irritar. Como en “encalabrinar los nervios”. En uso coloquial: Enamorarse perdidamente u obstinarse, empeñarse en algo sin darse a razones.
Encastillado, da. Altivo y soberbio.
Encochado, da. Dicho de una persona: Que está o anda mucho en coche.
Encocorar. Fastidiar, molestar con exceso.
De muchas películas sobre cómicos me suele encocorar que todos están histéricos y la obra que representan es muy rara o muy tonta, y ‘Birdman’ no se libra plenamente de ambas lacras.
Creo en Birdman, de Marcos Ordoñez, artículo publicado en EL PAÍS el 12 de febrero de 2015.
Encorujarse. Encogerse, hacerse un ovillo.
Endécada. Período de once años.
Enfranque. Parte más estrecha de la suela del calzado, entre la planta y el tacón.
Getty Images / Modificada
Engurrio. Tristeza, melancolia.
Engusgarse. Arrecirse, aterirse de frío.
Engolosinar. Excitar el deseo de alguien con algún atractivo. Aficionarse, tomar gusto a algo.
Toñi Torres le "comenta que hay que engolosinar a AFV/Ciuca, pues todo el tema del suelo está controlado por Urbanismo, cuyo responsable político es Guillermo Reyes, circunstancia que le servía a Toñi para pedirle más dinero".
Mensaje citado en el artículo de EL PAÍS de 2007 sobre la trama de corrupción de los ayuntamientos canarios de Telde y Morgan.
Entigrecerse. Enojarse, irritarse, enfurecerse.

domingo, 8 de mayo de 2016

Filipinas. Los últimos del español

  • La muerte de los últimos hispanohablantes nativos en Filipinas encuentra consuelo en el interés de los jóvenes: aprendiendo el idioma mejoran sus condiciones de trabajo


Calle dedicada a Don Quijote en el barrio manileño de Sampaloc.
Barrio de Sampaloc (Manilas)
Foto de Nacho Hernández
"El español nunca se habló del todo aquí, pero tampoco se perderá del todo nunca", redondea en una frase el historiador Carlos Madrid, director del Instituto Cervantes de Manila. Toma un café en el mismo hotel que acogió al poeta Jaime Gil de Biedma en su primera estancia en la ciudad, el Luneta. Por albergar la Cruz Roja, el edificio sobrevivió al asedio de japoneses y americanos durante la segunda guerra mundial. La Batalla de Manila se cobró 100.000 vidas y la belleza de la arquitectura colonial de una capital que, tras Varsovia, resultó la más dañada en el conflicto. Su corazón, Intramuros, quedó arrasado. Y ese era el barrio con más presencia española. Tras sus murallas, raro es que se mantengan en pie, el idioma se había atrincherado durante años contra los envites de los maestros enviados por Estados Unidos, los thomasites o tomasitos, que inculcaban en las escuelas la lengua inglesa.

La destrucción de Intramuros y la dispersión de sus antiguos habitantes propinaron un golpe mortal a un idioma que ya estaba extinguiéndose. Se perdieron sus vínculos vecinales, se disolvió la comunidad de unos hablantes forzados a adoptar el tagalo o el inglés para comunicarse con sus nuevos convecinos. Se calcula que en todo el país ya solo lo mantienen vivo unas 6.000 personas, la mitad españolas y la mitad filipinas, aunque otras cuentas mejoran las cifras. Al respecto, el filólogo filipinista Isaac Donoso advierte de que no hay datos estadísticos oficiales. La última valoración fiable data de 2008: dos millones de filipinos tenían alguna competencia en español como segunda o tercera lengua y 1.200.000 eran chabacanohablantes. "Se puede decir que ese tradicional censo se está incrementando notablemente, no tanto por los hablantes de primera lengua, sino por los filipinos que aprenden español para su uso profesional", abunda el experto.

Calles de Intramuros, barrio hispanohablante de Manila
Foto de Nacho Hernández
Cierto es que, aunque estuvo bajo dominio hispano durante tres siglos, el castellano nunca llegó a calar en Filipinas tanto como en los países hispanoamericanos. "El Estado español no tenía capacidad de enviar funcionarios a todas partes, pero quienes sí contaban con personas en cada pueblo eran las órdenes religiosas", explica Carlos Madrid. "Durante la colonia, hubo ocasiones en que España promovió aquí la enseñanza del idioma. Sin embargo, las órdenes la limitaban porque así se convertían en la bisagra entre el Estado y el pueblo. Hicieron una labor extraordinaria pero desde el púlpito y hablando las lenguas locales, podían darle la vuelta al país como quisieran".


El idioma permea el habla cotidiana: los nombres de los muebles y utensilios comunes, los días de la semana, en gran medida los números y casi siempre las horas siguen diciéndose en español. Kapre (de cafre; en varias lenguas de filipinas el sonido f no existe) es un diablillo que hace trastadas en las casas. Prestar atención es asikaso (de hacer caso) en tagalo y para preguntar "¿cómo está (usted)?" se dice kumustá? La toponimia y los apellidos están invadidos de español, a veces con desatino: Loco y Cagadas figuran entre ellos. Mecate, zacate, petate, palenque son, a la vez, mexicanismos y filipinismos. En Manila se oye aún anteojos para referirse a las gafas. En las provincias, sobrevive un término si cabe más arcaico: quevedos. Un tercio del vocabulario del tagalo se debe al español. 

Extracto del reportaje de José M. Abad Liñán. El texto completo en El País

El significado de "Europa"

El significado geográfico de la palabra “Europa” (donde España se integraba sin ninguna duda) fue dejando paso durante el franquismo a una connotación política que nos hizo imaginar un cuerpo fronterizo del que no formábamos parte. Y así continuó durante la Transición porque aspirábamos a “entrar en Europa”, y por tanto la seguíamos considerando externa.

Por fin conseguimos la incorporación, y sus fondos de cohesión ayudaron a nuestra prosperidad. Pero quizás el idilio no duró lo suficiente como para que arraigase una connotación nueva, y el lenguaje político de la España actual ha enlazado con la vieja idea subliminal de que Europa es la casa del vecino. Por eso oímos “Europa nos prohíbe”, “Europa nos impone”, “lo que nos dice Europa”…

Nos salimos mentalmente de Europa a cada rato, aunque españoles sean muchos eurofuncionarios, aunque participemos de los órganos políticos comunes, elijamos nuestra cuota de parlamentarios, reclamemos al Tribunal de Justicia, sigamos recibiendo fondos y el presidente español forme parte del Consejo Europeo.

Recuperar aquella connotación de Europa labrada en el franquismo le viene bien ahora al poder para presentarnos un falso enemigo exterior; y contribuye a que abdiquemos, sin darnos cuenta, de nuestra responsabilidad en la gobernanza común, a que presenciemos con desdén las elecciones europeas y a que apenas nos importe qué hacen nuestros representantes en Bruselas o Estrasburgo.


No sería lo mismo decir “Europa ha decidido” que “en Europa hemos decidido” o “en Europa hemos consentido”.

Extracto del artículo de Álex Grijelmo. El texto completo en El País

jueves, 5 de mayo de 2016

18 palabras dinámicas, dulces y alguna incluso desopilante, pero ninguna densa, con la D




La letra D procede del jeroglífico egipcio de la puerta. Para los fenicios fue la daleth y en griego, la delta. Es la nota re, además de la octava letra más frecuente en español: un 5,86% de las palabras de nuestro idioma contienen una D. Estas son algunas de las que más nos gustan.

Decumbente. Dicho de una persona: Que yace en la cama o la guarda por enfermedad.
Dejativo. Perezoso, flojo y desmayado.
Deletéreo. Mortífero, venenoso. Del griego deléter, destructor.
"Cada vez van a quedar menos personas irritadas contra este tiempo deletéreo. Aquejadas por los males reumáticos, acosadas por fríos y lluvias inoportunas, agotadas incluso de su propia ira, la población va reuniéndose en una doliente conformidad de maltratados". Vicente Verdú en El País sobre el verano de 1984 (se quejaba en junio, técnicamente ni siquiera era verano).
Demasiarse. Excederse, desmandarse.
Dementar. Hacer perder el juicio.
Derramaplaceres. Aguafiestas. En desuso, pero recuperable. Incluso merece una campaña en Change.org (si sirvieran para algo).
No soy derrama placeres,
perdonadme, que ya os dejo;
paréntesis fui lacayo,
ni añado, ni quito al texto.
Tirso de Molina en Celos con celos se curan.
Desentierramuertos. Persona que tiene el vicio de infamar la memoria de los muertos.
Desopilante. Festivo, divertido, que produce mucha risa.
Deturpar. Afear, manchar, estropear, deformar.
Deuteragonista. En las obras literarias o análogas, personaje que sigue en importancia al protagonista. Del griego deúteros 'segundo' y agōnistḗs 'agonista', (cada uno de los personajes que se enfrentan en la trama de un texto literario). Término formado a imitación de prōtagōnistḗs 'protagonista'.