miércoles, 13 de mayo de 2015

¿Qué hay en una cabeza que no lee?

< Hace años que me intriga saber qué hay exactamente en la cabeza de una persona que no lee. ¿En qué se apoya un cerebro así para perdurar en el tiempo y sobrellevar las 24 horas del día, durante una existencia entera? ¿De qué están hechos sus muros? ¿Cómo se alimenta? Una vez le escuché decir a Fernando Savater que la cabeza de alguien que no lee, o que apenas lee, debe ser algo muy parecido a «un desván vacío», en el que en silencio y lentamente se deposita un polvo espeso y anochecido. Tal vez >
El texto completo en ctxt.es



Juan Tallón (Ourense, 1975) es periodista y escritor. En la actualidad colabora en El País, El Progreso, la Cadena Ser, Ctxt y Jot Down. Licenciado en filosofía por la Universidad de Santigo, es autor de las novela 'El váter de Onetti' (2013) y 'La pregunta perfecta' (2011). En el ámbito del ensayo, ha publicado 'Libros peligrosos' (2014) y 'Manual de fútbol' (2014)​.

jueves, 23 de abril de 2015

Las raíces reales y literarias de Macondo

Gabriel García Márquez creó su lugar mítico mucho antes de 'Cien años de soledad'. La Feria del Libro de Bogotá le dedica su edición


Un día, el niño Gabriel García Márquez (1927-2014) iba asomado a la ventana en un tren amarillo, que no paraba de soltar serpientes de humo con cada pitido, y leyó en la entrada de una finca un letrero metálico azul que en letras blancas decía: Macondo. Y la palabra voló a esconderse en algún refugio de su memoria.
Macondo no nació el día que todos creen. Macondo tiene siete actas de fundación: tres tienen que ver con la aparición de este territorio de ficción en sendos libros; dos son citadas por primera vez por el autor sin que sus libros hayan sido publicados, y las otras dos provienen de sus vivencias que darán origen a ese pueblo mítico. Para dar con sus raíces hay que desandar la ruta de la imaginación de la gente a lo real.
En el imaginario universal ese territorio nace en el arranque de Cien años de soledad (1967). 
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La versión franquista del asesinato de Federico García Lorca

Fragmento del informe policial
El poeta Federico García Lorca fue asesinado junto a otra persona, tras confesar. Es la versión que recoge un informe redactado en 1965 por la Jefatura Superior de Policía de Granada. El documento define a Lorca como “socialista” y “masón”, y le tilda de “prácticas de homosexualismo”.

Son dos folios. Son nueve párrafos. Mecanografiados a un espacio. Es una nota informativa. En su asunto se lee: “Antecedentes del poeta Federico García Lorca”. Lo redacta personal de la 3ª brigada regional de investigación social de la jefatura superior de policía de Granada y se dirige al gobernador civil de esa provincia. El documento no tiene rúbrica. Se fecha en Granada, el 9 de julio de 1965, justo cuando se iban a cumplir 29 años de la muerte del poeta. Faltaban escasos 41 días para ello.

En el documento de 1965 aparecen varias ideas que no necesariamente son verdades históricas, pero que aportan una versión diferente a las hasta ahora consideradas como las más válidas.

Por un lado, la nota asegura que Lorca “fue pasado por las armas” junto a una sola persona de cuya filiación no se informa. Las versiones más aceptadas afirman que fueron dos banderilleros y un maestro los que murieron con él.

La policía en este informe asegura que el poeta confesó antes de ser asesinado. Eso sí, no especifica cuál fue el contenido de esa confesión.


El lugar de enterramiento también difiere de algunas localizaciones señaladas hasta ahora y en las que, a pesar de las prospecciones realizadas, no han aparecido restos que pudieran ser vinculados a Lorca. 



lunes, 13 de abril de 2015

Las frases de Eduardo Galeano

Literatura y periodismo

"De Juan Rulfo aprendí que se escribe por la otra punta del lápiz, la que tiene la goma de borrar" (leer más...)
“Cortázar siguió creciendo hasta la muerte: manos, pies… Él, que no quería notoriedad y la naturaleza le hacía crecer y crecer sin cesar” (leer más...)

Política
“Le agradezco al periodismo que me haya sacado de la contemplación de los laberintos de mi propio ombligo” (leer más...)
"En el siglo XX la mitad del mundo sacrificó la justicia en nombre de la libertad y la otra sacrificó la libertad en nombre de la justicia y en el siglo XXI sacrificamos las dos en nombre de la Globalización" (leer más...)
"El miedo nos gobierna. Esa es una de las herramientas de las que se valen los poderosos, la otra es la ignorancia" (leer más)

Eduardo Galeano y el fútbol






"Todos los uruguayos nacemos gritando gol y por eso hay tanto ruido en las maternidades, hay un estrépito tremendo. Yo quise ser jugador de fútbol como todos los niños uruguayos. Jugaba de ocho y me fue muy mal porque siempre fui un pata dura terrible. La pelota y yo nunca pudimos entendernos, fue un caso de amor no correspondido. También era un desastre en otro sentido: cuando los rivales hacían una linda jugada yo iba y los felicitaba, lo cual es un pecado imperdonable para las reglas del fútbol moderno."

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lunes, 9 de febrero de 2015

El triunfo de backstage

Álex Grijelmo
El teatro se inventó hace miles de años, y nos ha legado palabras muy antiguas. Y casi de repente, ha aparecido en ese léxico preciso, hermoso, antiguo, una voz tan ajena a su tradición como backstage. Quizá por dos razones: por el desconocimiento de términos equivalentes en español o por el gusto de pronunciar un vocablo en inglés, algo tenido por prestigioso.

Backstage (formada sobre stage y back, “escenario” y “detrás”) ha entrado en la última edición del Diccionario, con esta definición: “Espacio situado detrás de un escenario o de una pasarela donde se preparan quienes intervienen en un espectáculo o un desfile de moda”. Este anglicismo, como ocurre tantas veces, ocupa una casilla de donde desplaza a otras palabras posibles en español, incluidos los sentidos figurados: “chácena”, “trascenio”, “entre bambalinas”, “entre bastidores” o “entre cajas”.

Las explicamos:

Chácena. Usada por regidores y tramoyistas. Definida así en el Diccionario: “En algunos teatros, amplio espacio rectangular, en el centro del muro del fondo del escenario bajo la jácena que lo sostiene, usado como acceso posterior al escenario, como depósito de bultos o como prolongación de la escena”. Procede del catalán jàssena (jácena o viga maestra), idioma que la tomó a su vez del árabe (gásr, viga).

Trascenio. Es curioso que se use backstage para designar la parte trasera del escenario y que no se emplee un anglicismo deducible (front-stage) para la parte delantera. En este segundo caso, los periodistas sí conocen una palabra en español: proscenio. Y si se llama “proscenio” a la parte delantera, ¿cómo podríamos nombrar a la de atrás si no quisiéramos emplear un anglicismo? En efecto: “trascenio”; creación que tomaría los propios cromosomas de nuestra lengua para formar un término reconocible de inmediato, precisamente por lo deducible de sus piezas.

Entre bambalinas. Esta locución tuvo en el Diccionario anterior una definición que criticó la gente del teatro: “Detrás del escenario durante la representación de un espectáculo, de manera que no se pueda ser visto por el público”. La edición 23ª acierta ya al reseñar la palabra: “Cada una de las tiras colgadas del telar a lo ancho del escenario, que ocultan la parte superior de este y establecen la altura de la escena”. Se trata entonces de las tiras de lienzo que tapan los focos y otros artilugios colocados arriba. No es fácil situarse por allí. Así que frente a la locución “entre bambalinas” (llamadas de tal modo porque se bambalean) la Academia recomienda acertadamente otra expresión mejor: “Entre bastidores”.

Entre bastidores. Los “bastidores” son “la organización interior de las representaciones teatrales”. Y la locución “entre bastidores” significa “fuera de la representación que el público ve en el teatro”.

Entre cajas. No recoge el Diccionario esta locución ni en el sustantivo “cajas” ni en la preposición “entre”. Sin embargo, se usa desde hace decenios entre la gente de la escena para referirse… al backstage.

Así pues, un periodista que comente una ceremonia como los Goya y desee eludir backstage podrá decir “estamos en el trascenio”, “estamos junto a la chácena”, “entre bambalinas”, “entre bastidores” o “entre cajas”. Y con sentido metafórico, “en la cocina” o “en la trastienda”. Si elige el anglicismo, no hay problema. Pero no será por falta de alternativas. El texto completo en El País


domingo, 1 de febrero de 2015

Buscando a Cervantes

Miguel de Cervantes
¿Por qué nunca antes nadie había buscado al autor del segundo libro más leído de la historia? "No es que no se buscase, lo que pasa que antes era mediante documentación… La búsqueda con la metodología arqueológica y con un equipo multidisciplinar no se había hecho nunca. Podía haber ocurrido hace seis años o incluso hace 20, pero hace 80 años hubiese sido imposible". ¿Cuestión de medios? Sí, pero también de ciencia. "Ahora es posible plantearse un análisis con alguna posibilidad de éxito", señala Echevarría, experto forense. La labor se lleva a cabo en un espacio de 78 metros cuadrados a 5 metros bajo el suelo de la iglesia del convento de las Trinitarias en Madrid. En este espacio confían localizar los restos del conocido escritor. Cada hueso que encuentran lo analizan en un laboratorio provisional situado en la cripta. Esto no es una excavación al uso donde todos los huesos se analizan en otro lugar y son devueltos un año después. Echevarría y el resto del equipo tienen claro lo que buscan y lo que no se ajusta, no lo estudian. "Si encontramos un hueso que pertenece a una mujer o a un joven lo descartamos porque sabemos que ya no es Cervantes", añade. Los investigadores tratan de localizar "el cuerpo de un hombre de 70 años con el brazo izquierdo impedido, dos arcabuzazos en pecho y solo seis dientes. El cadáver tiene que estar en un ataúd, con el hábito franciscano y un crucifijo de madera", según explicó Fernando Prado en una entrevista concedida a El Mundo hace ahora un año. "No perdió la mano, pero la herida fue tan grave que le impidió su uso durante los siguientes 45 años”, apuntaba respecto a la célebre batalla de Lepanto en la que ganó su sobrenombre de El manco de Lepanto.
Convento de las Trinitarias (Madrid)
Volviendo a la investigación que se lleva a cabo hoy en la calle Lope de Vega, García-Rubio detalla los descubrimientos que han ido llevando a cabo: “La idea inicial era que había una pared con 36 nichos y cuando hicimos la tarea de limpieza —una semana antes de empezar con los análisis— vimos que en el suelo de la cripta había unas sepulturas… No sabíamos bien cuántas eran, aunque ahora ya sabemos que hay seis”. La arqueóloga describe con detalle el lugar del que han salido algunas imágenespero al que ya no pueden acceder los medios: "La pared de nichos está cubierta por una capa de yeso que se puso posteriormente y que ha desaparecido en alguna de las zonas y no queda más que el ladrillo que cubre el nicho. En otras está mejor conservadas y si rascas esa capa y retiras el yeso, sí se ve una inscripción funeraria", explica. "Por ahora sólo lo hemos hecho en un nicho y hemos visto con la cámara endoscópica que está enterrado un capellán, fallecido en 1746, cuyo féretro está perfectamente conservado"”.
En esta pared se encontró el pasado domingo 25 el ataúd con las iniciales M.C. marcadas con tachuelas y que obligó a los investigadores, cuya intención era esperar a tener un hallazgo sólido para hacer un comunicado oficial, a dar una rueda de prensa improvisada un día después. Por ahora no se puede asegurar que sean los restos de Miguel de Cervantes, pero tampoco se puede descartar. De hecho, en el féretro había restos de más de 10 personas y todos están analizándose. "Esas tachuelas no son una garantía de nada porque se han ido entremezclando los huesos. Veremos cómo acaban las cosas porque hay que inspeccionarlo todo", explica. El texto completo en Huffingtonpost.es