Aviso: esto no es una crítica cinematográfica. No se analizan ni las interpretaciones, ni la puesta en escena, ni el montaje, ni la dirección... Se comenta el contenido (el mensaje, que se decía antiguamente) a través de lo que se nos dice desde los dos lugares en los que se desarrolla la trama de la película, de los sucesos que ocurren en ellos y que componen la narración, y de los personajes que los habitan.
a) La muerte. Empecemos por lo más doloroso.
Aunque la madre de Ainara, la adolescente que desea ser monja, ha muerto en un
tiempo anterior al de la narración, sigue presente. Se la menciona y se opone
al personaje de la novia del padre, Iñaki, su viudo, de la que se nos deja
claro que es una advenediza, con lo que la madre muerta aparece siempre con
ella. La abuela de Ainara muere durante la narración.
b) Hipocresía. Las alabanzas a la madre
fallecida son fingidas. La suegra (Lila) y la nuera (Maite) despotrican de ella
en la escena inmediata.
c) Traición y mentira. Maite
traiciona a su sobrina, Ainara. Cuenta a sor Isabel, la madre superiora del
convento en el que quiere entrar, unas relaciones sexuales de su sobrina que no
han ocurrido. Traiciona a su pareja (Pablo), pues no respeta el deseo de él de
mantener en secreto ante el resto de la familia que prepara unas oposiciones.
Lo vuelve a traicionar cuando, según ella misma le confiesa, se ha besado con
otro hombre.
c) Conflictos de pareja y
desafecto. Entre Maite y Pablo no hay gestos ni palabras de cariño. Son
frecuentes los reproches. Riñen. Ella le dice que se quiere separar. Según
Pablo, no es la primera vez que le amenaza con ello. Tampoco Maite muestra
afecto por su hijo, lo cual contrasta mucho con las muestras de cariño a su
sobrina Ainara.
b) Conflictos entre hermanos. Iñaki y Maite
discuten siempre. No están de acuerdo en nada. Si ante Ainara, él se nos
muestra como el padre severo, ella jugará el papel de la tía guay. Donde
culmina la disputa entre los hermanos es en la herencia, un clásico.
Pero el conflicto entre los
hermanos que articula toda la narración, el eje de la misma y origen de la
película, según ha manifestado su directora y guionista Alauda Ruiz de Azúa, lo
plantea Ainara: quiere ser monja. Según la directora, la película surge para
dar respuesta a la pregunta de qué harías tú si tu hija adolescente te dijera eso,
que quiere ser monja. Así que merece la pena fijarnos en cómo abordan semejante
cuestión el padre y la tía.
Vistos los antecedentes,
anticipamos que cada cual actuará en oposición al otro. No nos equivocaremos. Él,
la tolerancia, la comprensión, la transigencia. Ella, la intolerancia, la
incomprensión, la intransigencia. No hay cambios, no hay intercambios, no hay,
por supuesto, síntesis. Es decir, los dos personajes que encarnan las
respuestas al conflicto fundamental de la película resultan previsibles, monolíticos,
planos.
El lugar monacal.
De donde transcurre la vida eclesiástica,
religiosa y divina llegarán siempre mensajes positivos. Tiene tres extensiones,
el colegio religioso y el conservatorio (espacio que no se distingue del
primero), por un lado, y, por otro, la iglesia donde se celebra la ceremonia de
la primera comunión y donde la candidata a monja recibe la ansiada llamada de
dios en un trance verbalizado, que oirán, con la acústica solemne del lugar, su
tía y su padre.
En el monasterio cantan las
monjas, en el conservatorio canta el coro. En el monasterio, silencio y cantos.
Y cantos. Y silencio. Y unos dulces muy ricos que elaboran las monjas. No hay
conflictos en el colegio, no hay conflictos en el convento. Todos los
personajes de este ámbito lucen una sonrisa beatífica. Las dudas que les traen
los personajes del otro lugar, el padre y la tía, se resuelven mediante la fe y
la creencia en dios. Tengo fe y creo en dios, no les saques de ahí. Si no crees
en dios y no tienes fe, pues…, pues eso. Pero rezaremos por ti.
¿Manipulación y
adoctrinamiento? Estas cuestiones solo las plantea Maite, el único personaje
que se declara no creyente. Y así se quedan, no se profundiza la más mínimo en
ello. No olvidemos que Ainara es una menor de edad. El colegio religioso
propaga sus ideales por definición y, en concreto, en la
convivencia-excursión-ejercicios espirituales y a través del director
espiritual, un cura majísimo, faltaría más. La madre superiora hace lo propio
en su terreno y deja claro que espiritualidades hay muchas, pero solo hay un
dios verdadero, el suyo, claro.
Seremos los espectadores (algunos)
quienes nos llevaremos este asunto en la cabeza, porque en la narración solo
queda esbozado y, sobre todo, tapado por la apabullante beatífica bondad que
emanan estos lugares divinos y los personajes que los pueblan. En el
monasterio, sublimación de unos y otros, dejamos a Ainara.
Mientras, Maite volverá,
suponemos, a discutir con Pablo, a amenazarle una vez más con la separación y,
a lo mejor, abraza a su hijo un día de estos; Iñaki atenderá el restaurante,
quizá de nuevo agobiado por las deudas; no sabremos si su novia se liberará del
fantasma de una muerta; tarde o temprano alguien morirá…
Oye, qué chunga la vida
terrenal. Un sindiós, vamos.
